aid Majewski se había dirigido hasta el pasillo del sector donde se encontraba su hija. Allí, se encontró con su madre, Elwira Majewski quien se había enterado de lo sucedido, a través de su hijo Alexander.
— Hijo, viniste
— ¿Hermano, cómo estás?
— Estoy bien —contestó saludando a ambos— ¿Tienen alguna noticia de Gina?
— Solo sabemos que ella y el bebé están fuera de peligro. En cuanto Timo salga de la habitación, sabremos más.
— Si tu hijo socorrió a Gina y está cuidando de ella significa que mi hija está en buenas manos. Debes estar muy orgulloso, hermano.
— Lo estoy en verdad, y no tengas dudas de que Gina y tu próximo nieto están en muy buenas manos.
— También tu debes estar muy orgullosa, madre. Has sido bendecida con un hijo y un nieto que no salieron torcidos.
— ¿Vas a empezar? ¿Crees que es el momento, Said? Yo siempre estaré orgullosa de todos mis hijos y mis nietos.
Said Majewski sonrió como escasas veces lo hacía
— Tu amor de madre siempre te ha enceguecido demasiado —dijo besando su frente— Tu amor de madre y de abuela, porque esos otros dos nietos que tienes acabarán convirtiéndose en una especie de Gamsters modernos, ¿sabes?
— ¿Por qué te expresas de ese modo tan horrible?
— Me expreso con la verdad que no te gusta escuchar.
El doctor Timothy Haggard abandonó finalmente la habitación donde se encontraba Gina Alicia. Todos se pusieron de pie acercándose hasta él.
— Tío, que gusto verte.
— También me da gusto verte, Tim. Cuéntame cómo está mi hija.
— Ya no existe motivo alguno para preocuparse. Gina y el bebé están fuera de peligro. Michael se quedó adentro con ella acompañándola. Todo lo que necesitará de ahora en adelante es estar tranquila. Nada de aflicciones y situaciones que la estresen.
Asentando con la cabeza, el señor Majewski posó en el hombro de su sobrino su mano derecha.
— Ten por seguro que así será. De ahora en adelante yo me encargaré de liberar a mi hija de todas las cargas que un día puse en sus espaldas.
— Finalmente harás algo bueno, Yasâr Hasnan —irrumpió Akins acercándose en compañía de Aurorita, con Ihsân y Waldo unos pasos más atrás—
A la señora Elwira se le erizó la piel de tan solo oír aquel nombre que había luchado tanto por borrar de la vida de su hijo.
— Gina ya no tiene porque cargar con el peso de todas tus culpas.
— Veo que milagrosamente te has recuperado por completo. Hace unos minutos parecías a punto de desmayar entre los brazos de tu hermana.
— ¿Desmayar, por qué? —irrumpió la señora Elwira—
— ¿Timo, podemos Aurorita y yo pasar un momento a ver a Gina? Seremos breves porque ya tenemos que volver a Herdecke.
El doctor Haggard observó de reojos a los demás dando su autorización para que ingresaran a verla.
— Pueden pasar. Michael está adentro acompañándola.
Antes de que ambos ingresaran, Waldo le entregó un sobre a Akins.
— Hijo, cuéntame por qué dijiste eso. ¿Por qué mi nieto estuvo a punto de desmayarse?
— Ni te estreses, madre. Ese nieto que tienes es un embaucador. Y este otro sabe muy bien cómo tapar sus locuras —recalcó observando a Ihsân—
— ¿Oye tío, puedo saber de que me culpas? Mi primo Akins es dueño de sus propios actos
— Me cuentas que sucedió, cariño?
— Nada malo, abue. Tú no tienes por qué preocuparte. Akins y Aurora vinieron a ver a Gina. Es todo.
— ¿Tienes el descaro de mentirle a tu propia abuela?
— De ninguna manera. Estoy diciéndote que nada malo ha sucedido.
En la habitación, Gina Alicia quien ya había despertado vio ingresar a Aurorita, y detrás, a su hermano. La joven se acercó a la cama besando sus mejillas y abrazándola con fuerza.
— No puedo creer lo que veo
— Pues créelo, hermanita Gina Alicia. No íbamos a estar tranquilos hasta verte y saber que estuvieras bien. ¿Cierto Karîm?
— Cierto… Solo estoy aquí por ti, y Aurorita también.
Gina Alicia se aferró a su hermano con un fuerte abrazo mientras Aurora saludaba a Michael.
— ¿Estás bien?
— Yo te pregunto eso a ti.
Gina notó de repente que Akins le había esquivado uno de sus brazos.
— ¿Por qué te duele el brazo?
— ¿Qué dices? No me duele el brazo.
— Sí te duele —dijo observando a Aurora, mientras Michael respiraba profundo negando con la cabeza y preguntándose de qué manera iba a lograr mantener a su esposa alejada de las preocupaciones y de los problemas para proteger al bebé—
— Me lastimé un poco practicando. Es todo… Escúchame muy bien lo que voy a decirte, Gina, porque no me gusta repetir las cosas dos veces. Te mantendrás alejada de las preocupaciones y de todos los problemas que surjan de ahora en adelante —advirtió de manera vehemente poniéndose de pie para acercarse a Michael— Es más, tú no dejarás a su alcance su teléfono móvil. No dejarás que tenga acceso a ningún tipo de información que pudiera preocuparla.
— ¿Por qué no quieres que mire las noticias? ¿Hermanito, en qué lío te has metido esta vez—
— Guarda silencio
Akins le entregó a Michael el sobre que tenía en la mano.
— Sé que puedes pagar unas vacaciones para ti y para tu familia, pero quise hacerles este regalo. Merecen un descanso. Gina con más razón ahora lo necesita.
Observando a su hermano, Aurorita sonrió llena de dicha.
— Acepta el obsequio, papito Michael. En verdad merecen unas reparadoras vacaciones.
— Pasajes y hotel por tiempo indefinido. Todo está pagado
Michael tomó el sobre
— Yo no iré a ningún lado.
— Gina, es suficiente. Casi pierdes a nuestro hijo y yo ni siquiera sabía que estabas embarazada. No me atrevo a pensar siquiera en como hubiesen acabado las cosas si Timo no se encontraba ahí para socorrerte en esos momentos. Nos iremos, si. Nos mantendremos alejados de este lugar por un buen tiempo.
Michael volteó en dirección a Akins.
— Es un obsequio muy oportuno en verdad. Te lo agradezco. Ten por seguro que lo sabremos aprovechar.
Akins asentó observando a su hermana quien muy lejos de alegrarse, las lágrimas sus ojos empañaban.
— Oye, solo quiero que estés bien. Debes descansar con tu familia y proteger por sobre todas las cosas a ese bebé.
Gina lo observó a él y observó a su pequeña hermana mientras una angustia inexplicable su corazón estrujaba.
— Te prometo que nosotros estaremos bien. Aurorita y yo iremos a Viena
— Ah…ah… ¿Vendrás conmigo a Viena en verdad?
— Ja… Esta chica en verdad pensaba que iba a dejarla ir sola —pensó en voz elevada—
— ¡Nos vamos a Viena! ¡Nos vamos a Viena!
Aurora comenzó a dar giros de felicidad por toda la sala. Michael se acercó a ella.
— Había olvidado por completo ese viaje, mi reina. Ojalá pudiera estar ahí para tomarte cientos de fotos como lo he hecho siempre desde tus inicios sobre los escenarios, pero sé que esta vez no haré falta.
— No digas eso, papito. Tú siempre me harás falta.
Aurora besó la mejilla de Michael y volvió hasta Akins.
— Karîm, nuestro vuelo es mañana por la tarde y tú no estás listo
— No te preocupes que yo no necesito cinco maletas como tú.
— Hermanita, iré a Viena con Karîm
La felicidad de Aurora era tan contagiosa que por momentos a Gina aquella inexplicable angustia parecía habérsele extinguido.
— Sé que era lo que más deseabas, mi amor. Y sé también que brillarás en Viena como solo tú sabes hacerlo.
— Prométeme que disfrutarán de sus vacaciones y serán muy felices.
— Te lo prometo
Con un beso en la frente, Akins se despidió de su hermana mayor. Tomó una mano de Aurora y abandonaron la habitación.
En el pasillo, la señora Elwira aguardaba para ingresar a ver a su nieta. Un poco más alejados, Said Majewski, Alexander Haggard y su hijo parecían tener una improvisada reunión secreta. Akins observó en dirección a ellos y posteriormente hizo señas a Waldo y a Ihsân anunciándoles que ya iban a marcharse.
— Abue, me despido de ti porque Karîm y yo nos vamos a Viena mañana.
— Cariño, es verdad. Con todo lo que ha sucedido creo que se nos pasó a todos tu viaje a Viena. Te irá muy bien, mi reina, porque tú no necesitas el mínimo esfuerzo para brillar
Elwira abrazó con fuerza a su nieta. Por último y antes de pasar a la habitación, acarició la mejilla de su nieto y también lo abrazó.
— Sé que cuidarás bien de ella, mi amor, y Aurorita cuidará bien de ti. Les deseo un muy buen viaje a los dos.
Sin decir palabras demás, Akins asentó
— Gracias
— Gracias abue
Segundos más tarde, el doctor Alexander Haggard y su hijo se acercaron, y Akins ordenó a Waldo que acompañara a Aurora hasta el coche.
Aurorita se despidió de ambos agitando una mano, y sonriendo observó a su padre lanzándole besos por los aires.
— Te amo, mi ángel
— ¿Sucedió algo? —irrumpió Akins—
— Sucedió —contestó Timothy Haggard— Un poco antes de que ustedes llegaran, Isabella recibió una llamada, por lo que tuvo que marcharse. Ni Mara ni yo pudimos ya acompañarla, pero Philip está con ella ahora
— Encontraron el resto que faltaba de su esposo y tuvo que ir de nuevo hasta la morgue. Mi hermano y yo intentamos comunicarnos con ella ahora para ir a acompañarla.
— Nosotros ya estuvimos en la morgue está mañana, antes de ir a Byfang. El cuerpo no podía serle entregado para ser sepultado hasta que dieran por culminada la búsqueda.
— Espero que finalmente acabe esta pesadilla para Isabella y sepulte a su esposo para que pueda descansar.
— Mmm… Les recomiendo que vigilen de cerca a esa chica —sugirió Akins— Procuren no dejarla sola.
— Es verdad. Lo importante ahora es hacerla sentir que no estás sola. Iré a ver cómo sigue Gina y los acompañaré —le dijo Timothy Haggard a su padre—
Akins se acercó a Said Majewski quien sorprendido quedó por pedirle unos minutos. Ambos se alejaron hasta otro pasillo.
— Te escucho, si es que aún te quedó algo de reproche
— No derrocharé más energías contigo, Yasâr Hasnan. He tenido suficiente por esta noche —se limitó a decir colocando ante él unas llaves—
— ¿Qué llaves son esas?
— Querías a Kozloi, cierto? Desconozco con que fin, pero espero que nada tenga que ver conmigo porque las cosas que yo haga de ahora en adelante serán porque yo así las deseo. No intentes salvarme. No intentes protegerme. ¿Entiendes? Te sugiero que tomes estas llaves y que acompañes a mis guardias que guiarán tu camino. Al llegar hasta ese lugar no solo encontrarás a Kozloi. Te llevarás una inesperada sorpresa adicional de mi parte.
— ¿A qué te refieres?
— Al tío Najib le carcomió siempre la conciencia el hecho de que te hayas convertido en un asesino por su culpa. Para retribuirte de algún modo hacía cosas por ti que al final nunca valorabas. Todo lo que él hacía te parecía malo y acababa quedando ante ti como un cobarde.
— Mejor ve al grano de una vez. ¿A qué viene todo esto?
— Decidí ayudarlo un poco. Mi tío Najib esta vez hará algo extraordinario por ti —prosiguió esbozando una retorcida sonrisa, observando su reloj— En estos momentos ya tuvo que haber hecho lo que tú no hiciste para vengar la muerte de mi madre.
El joven dio media vuelta, alejándose a largos pasos, dando señal de orden a dos de sus guardias para que acompañaran a su padre hasta el lugar en cuestión.
— ¿Entonces todo era verdad? Esa maldita desgraciada está viva. ¿Cómo pude fallar de ese modo? ¿Cómo pude? ¿Cómo? —se reprochaba una y otra vez con profundo odio hacia sí mismo, dándose golpes en la cabeza— ¿Cómo pude fallarte, Paula? ¿Cómo pude fallar a toda mi familia?
Al ver que Akins abandonaba el hospital, el doctor Alexander Haggard buscó a su hermano.
— Said, hermano, qué tienes?
— Debo irme
— Oye, que dices? No puedes irte en ese estado. Mira como te encuentras. ¿A caso peleaste con tu hijo? ¿Qué fue lo que sucedió?
Said Majewski negó con la cabeza
— Estoy bien, Alex. Si nuestra madre pregunta por mí solo dile que tuve que irme
Acompañado por los guardias de su hijo, el hombre abandonó el hospital rumbo a aquel lugar que solo ellos conocían.
En su trayecto de regreso a Herdecke, Aurorita a Akins se aferraba, mientras que el mismo, satisfecho por dentro se regocijaba, pues las cosas le habían salido mucho mejor de las que se imaginaba.
— Ah…ah… Karîm, Copito de nieve se quedó en Byfang.
— Waldo, envía a uno de los guardias por Copito de nieve
El guardia principal quien se encontraba de copiloto, asentó. El teléfono de Akins que se había quedado en el asiento del coche comenzó a sonar. Lo tomó percatándose de que tenía como media docena de llamadas perdidas del ex agente Steen.
— ¿Puedo saber por qué tanta insistencia?
— El maestro Chung vuelve a Jeju-Do esta madrugada, y Mi-suk decidió volver con él
— ¿De dónde sacaste eso? El maestro Chung no se iría sin avisarnos.
— Mi-suk me dejó una carta en la casa. Voy al Element ahora. Quizás aún pueda encontrarlos.
El ex agente colgó la llamada. Akins ordenó de inmediato al chofer que pegara la vuelta rumbo al Element Yoga, y le dijo a Waldo que se asegurara que Ihsân fuera directo a Herdecke, más a ningún otro lado.
— ¿Karîm, sucede algo malo?
— Nada malo, mi ángel. Nada malo —repitió rodeándola entre sus brazos—
El ex agente Steen, había sido el primero en llegar al Element Yoga. A simple vista todo parecía oscuro, sin embargo al ingresar al pasillo que daba al gimnasio, una luz de esperanza yacía encendida en la sala.
El hombre repetidas veces y de manera incesante llamó a la puerta siendo el propio maestro Chung quien la abriera.
— ¿Qué manera de golpear son esas, muchacho? ¿Quieres ponerme en aprietos con los vecinos?
— ¿Y a caso eso le importa ya, maestro? Volverá a Jeju-Do. ¿Dónde está Mi-suk?
— Descansando. Le pedí que lo hiciera porque nos espera un largo viaje.
Negando con la cabeza, el ex agente fue a buscar a la joven. Tras despertar por los ruidos, Mi-suk yacía incorporada sobre su cama.
— ¿Mi-suk, dime qué pretendías?
— Pretendía no. Volveré a Jeju-Do.
— ¿Comprendes lo que estás diciendo?
— Extraño mi tierra, y también a mi hermano Jihu.
Steen respiró profundo intentando no perder la cabeza.
— Mi-suk, casi pierdo a mi hija. Su madre estuvo a punto de apartarla de mí para siempre. Lo sabes. Ahora tú pretendes hacer lo mismo con el nuestro. ¿En verdad piensas que lo voy a permitir?
La joven se puso de pie aferrándose a él con un abrazo.
— Yo jamás te abandonaré ni te apartaré de nuestro hijo. Sabes dónde estaremos esperándote, siempre. Sé que irás por nosotros cuando todo haya pasado.
— No puedes hacerme esto
— Déjame volver a Jeju-Do. Me siento muy sola aquí. Tú tienes mucho que hacer y casi nunca puedo verte. Allá estaré con mi hermano y te esperaré el tiempo que sea necesario.
Steen sabía que en otras circunstancias, simplemente perdería la cabeza por completo, pero aquel era el momento perfecto para intentar mantener la calma. Él temía volver a cometer los mismos errores de su pasado. Por causa de su egoísmo, temía repetir la historia de su vida.
Por sus errores y malas decisiones no pudo estar cerca de su padre antes de morir. Por considerar que un maldito operativo estaba por encima de sus seres queridos, había quedado solo y completamente vacío. Perdió a Isabella para siempre y ni siquiera estuvo cerca para ver nacer a su hija. ¿Qué debía hacer entonces con respecto a Mi-suk y su hijo? ¿Acaso iba a perderlos también?
Steen observó al maestro parado en la puerta. Aquel monje que le había enseñado a curar fragmentos podridos de su alma, quizás tenía las respuestas.
— Sabes que hacer para considerarte un hombre completo. Liberarte de tus ataduras y disfrutar plenamente de la hermosa familia que te espera.
Por breves instantes, Mi-suk volteó en dirección al maestro y sonrió.
— Nuestro bebé y yo esperaremos por ti. Sé que llegarás a tiempo.
Tal vez no pudiera lograrlo. Steen acababa de cometer un acto terrible y se sentía condenado.
— ¿De qué modo podría merecer una hermosa familia? —se dijo a sí mismo—
Pero de algo estaba seguro en esos momentos. No podía amarrar a Mi-suk a ese infierno. Ella no lo merecía.
— Estaré allí. Te prometo que estaré allí antes de que nazca nuestro hijo. No me lo perdería por nada del mundo. Esta vez no —dijo besando sus labios— ¿Sabes que no te abandonaré, cierto? ¿Lo sabes?
— Lo sé
— Espérame un momento.
El ex agente hurgó en el bolso que siempre llevaba consigo y tomó del mismo una caja diminuta.
— ¿Es lo que creo?
— ¿Y puedo saber que crees que es?
— ¿Un anillo de compromiso?
Steen extrajo de la pequeña caja exactamente lo que era. Un anillo de compromiso.
— Pensé tanto antes de dártelo, Mi-suk. No por dudar del amor que siento por ti, sino por el temor de no darte toda la felicidad que mereces. Mi vida ha sido siempre un caos, mi cabeza y este infierno que me rodea. No podía arrastrarte a todo eso, pero ahora las cosas serán diferentes. Lo arreglaré todo. Pondré las cosas en orden, y te prometo que te haré la persona más feliz de este mundo.
El ex agente puso el anillo en su dedo finalmente. Volvió a besarla y abrazarla fuerte.
— Nos vamos a casar. ¿Será en Jeju-Do?
— Será donde tú quieras. Incluso en la cima del Sanbanggulsa si así lo deseas.
La joven sonrió llena de dicha
— En breve debemos partir al aeropuerto.
— Voy a acompañarlos. Tuve que contárselo a Akins. Imagino que ha de estar en camino ahora
— Akins deseaba volver a Jeju-Do con el maestro Chung
— Lo sé… Él mismo me lo dijo, pero dudo que lo haga, Mi-suk, al menos no por ahora. Además el no dejaría a su ángel por nada en este mundo. Y agrégale a todo eso que se encuentra en una peor posición que yo.
— ¿Están metidos en problemas muy graves?
— Nada que no vayamos a resolver. No quiero que te preocupes. Todo estará bien
Akins, en compañía de Aurorita había llegado finalmente al Element Yoga, y el maestro Chung al verlos juntos comprendió que las palabras del joven quedarían sobrando. Había tomado una decisión, y era la decisión correcta.
— ¿Maestro Chung, en verdad iba a irse sin despedirse?
— ¿Y acaso tu y yo necesitamos de despedidas? Sabes que siempre serás bienvenido en Jeju-Do. Podrás visitarnos cuando quieras. Tú y tu hermoso ángel.
— Maestro Chung, yo sí quisiera conocer esa isla que Karîm siempre ha mencionado —irrumpió la joven—
— Estoy seguro que en algún momento la conocerás
— ¿Sabe? He leído todo el libro que me ha obsequiado.
— ¿Y las has puesto en práctica?
— No ha puesto en práctica nada. No ha hecho otra cosa que sacarme de quicio.
— Mientes… Algunas las he puesto en práctica, pero otras me han resultado imposibles por tu culpa.
— ¿Por mi culpa?
— Maestro Chung, sé que Karîm iba a volver a Jeju-Do con usted. Él iba a abandonarme.
— Eso no es verdad.
— Lo es. Yo misma te oí
— No hace falta pelear por cosas que no sucederán. Y óiganme muy bien los dos. Nadie puede huir de su destino así se esconda en la cima de la montaña más alta de este mundo.
— ¿Lo oyes? Tú no puedes huir de mi.
— Yo no iba a huir de ti. Tú tienes una muy mala costumbre de oír detrás de las puertas e imaginar cosas que no son. Maestro Chung, sabe que quizás ya no nos volveremos a ver, cierto?
— ¿Qué dices? Por supuesto que nos volveremos a ver, muchacho. Ustedes dos encárguense de continuar el camino que aún les queda por recorrer en esta vida recordando al menos un poco mis enseñanzas.
— Oiga… ¿Qué sucederá con el gimnasio?
— Ya me encargué de eso. Uno de mis mejores pupilos de Jeju-Do llegará en un par de días y se hará cargo del gimnasio para seguir impartiendo clases de taekwondo, incluso durante este verano.
— Mmm… Eso es bueno. Podemos llevarlo hasta el aeropuerto.
— No será necesario. Yo los acompañaré hasta el aeropuerto —habló el ex agente apareciendo en compañía de Mi-suk—
— Mi-suk, en verdad vuelves a Jeju-Do?
La joven asentó
— Haces bien. Permanecer e compañía de esa bestia no sería una buena elección.
La joven está vez con la cabeza negó
— Jamás lo dejaría. Nuestro bebé y yo lo esperaremos en Jeju-Do.
— Ya la oíste. Tú no te metas en nuestras vidas.
Mi-suk, al ver a Aurorita, dio unos pasos frente a ella.
— ¿Tú eres la chica del libro?
Aurora no supo que contestar al instante.
— Ah…ah… ¿Se refiere a mi libro? —se preguntó a sí misma mientras Mi-suk tomaba de su bolso ‘Las Promesas Que Te Hice’
— Akins, lo dejaste con tu bolso la última vez que estuviste aquí, y lo tomé prestado. ¿Puedo devolvértelo en cuanto lo acabe de leer? —le dijo al joven—
Aurorita sonrió. Efectivamente se trataba de su libro.
— Es tuyo, Mi-suk. Te lo regalo. Yo me sé de memoria esa historia, y tengo a la autora pegada a mí como cadillo.
Dichosa por el obsequio, Mi-suk, volvió a sonreír posando de nuevo la mirada en Aurorita y entregándole una fotografía que había encontrado dentro del libro. Aquella fotografía de Akins junto con su madre, su padre y su pequeño ángel cuando estaban pequeños. Probablemente la única que existía de los cuatro juntos.
— Son ustedes dos. Lo dice allí atrás.
— Así es
Aurorita le devolvió la fotografía a Akins y se despidió de Mi-suk con un inesperado abrazo.
— Cuida mucho a ese bebé, Mi-suk.
— Lo haré, por supuesto
— ¿Nos vamos entonces? —habló el ex agente tomando la maleta y el bolso de Mi-suk—
El maestro Chung tomó su equipaje y abandonaron todos el gimnasio. La despedida había sucumbido en una esperada solemnidad, pues Akins no era bueno con las palabras y el maestro Soo Chung Hee era un hombre acostumbrado a transmitir con el silencio.
— ¿Usted lo sabe, cierto, maestro Chung? Sabe que mi final está cerca. Yo lo sé. Puedo sentirlo. Es inexplicable, pero lo siento aquí en el pecho.
— Muchacho, lo que en realidad sabes y te lo dice el corazón es que el final no existe. Tu alma solo está preparándose para un nuevo comienzo. Tu alma y la de tu pequeño ángel.
El joven frunció el seño volteando por unos segundos en dirección Aurorita quien ya se encontraba dentro del coche.
— ¿Qué intenta decirme con eso?
— No hagas a un lado tus prácticas de taekwondo y no abandones el hábito de la meditación. Has aprendido a escuchar a tu corazón, por lo tanto hallarás allí todas las respuestas que necesites