Durante todo el trayecto rumbo a un lugar que desconocía, Said Majewski no emitió palabra alguna. Las emitidas por su hijo no solo golpearon sus pensamientos una y otra vez. Golpearon aquel corazón que le dolía, al igual que el alma, ese que creyó que su cuerpo ya no tenía. Said Majewski volvió a sentir miedo como tantas veces a pesar de que nunca nadie lo percibía.
Llamó a Khaleb contándole lo sucedido mientras llegaban hasta lo que parecía ser a simple vista una casa normal.
— Te enviaré la dirección ahora —le dijo colgando la llamada— ¿Qué lugar es este?
— Solo hemos recibido la orden de traerlo hasta aquí, señor.
Una vez ingresado el coche al predio del lugar, descendieron y uno de los guardias abrió la puerta de la casa, y a pesar de no saber lo que le esperaba allí adentro, Said Majewski ingresó mientras le enviaba la ubicación a Khaleb para pedirle que viniera lo más pronto posible.
Guardó su teléfono móvil, y de manera imperceptible para los guardias, el hombre sacó su arma.
— Señor, no es necesario que haga eso. Aquí nadie va a atacarlo. Puede estar tranquilo.
— En este mismo momento van a decirme a qué está jugando mi hijo —vociferó el hombre apuntando a todos los guardias que tenía a su alrededor—
— Le vuelvo a repetir que solo hemos recibido órdenes de traerlo hasta aquí
Said Majewski activó el martillo de su arma
— Nikolai Kozloi se encuentra en esa habitación —habló finalmente uno de los hombres que custodiaban el lugar—
— Llévenme hasta la habitación donde se encuentra esa mujer. Ahora…
Sin más que hacer, los guardias lo condujeron a otro pasillo. Uno de ellos adelantó sus pasos acercándose a la puerta de una apartada habitación.
La misma yacía abierta, y al verla, Said Majewski temió lo peor. El hombre atropellándolos con sus pasos, ingresó. La habitación estaba vacía. Julia Gartmann ya no se encontraba en el lugar.
Sin resignarse, el hombre la buscó en el baño, incluso debajo de la cama. Se dispuso a buscarla por cada rincón de aquella casa intentando no perder su última gota de esperanza, sin embargo la mujer no estaba.
— Mi hermano no pudo habérsela ha llevado. ¿Qué demonios se supone que harás, Najib?
Desesperado, Said Majewski se dirigió nuevamente a todos los guardias que allí se encontraban para exigirles información acerca del paradero de Julia Gartmann. Fue en vano. Ninguno pudo decirle nada.
— ¿Por qué nadie habla? Mi propio hijo me arrastró hasta aquí diciéndome qué encontraría a esa mujer. ¿Mi hermano Najib estuvo aquí antes que llegáramos? Contéstenme…
El fiel silencio de todos los guardias, para Said Majewski fue avasallador, no obstante desde el otro pasillo rompió dicho silencio una voz. Se trataba de Nikolai Kozloi quien tras oír los gritos abandonó su habitación.
— Efectivamente una persona estuvo aquí y se llevó a esa mujer.
Rendido y tirando su arma al piso, Said Majewski, sin que nadie lo esperara cayó casi desvanecido. Kozloi, con ayuda de algunos guardias lo metieron de inmediato al interior de la casa.
— Sería mejor llevarlo a un hospital —sugirió Kozloi, no obstante, Said Majewski se negó rotundamente—
— ¿Dónde pudo haberse llevado mi hermano a esa mujer? Ustedes deben saberlo.
— ¿Ese hombre era su hermano? Ayer, un poco antes del mediodía estuvo aquí. No dijo una sola palabra, simplemente procedió lo más rápido que pudo y se llevó a esa mujer
— ¿A dónde se la llevó? Es necesario que me lo digan
— No sabemos, señor. Todos los guardias que estámos aquí desde hace semanas solo hemos recibido la orden de dejar entrar a ese hombre.
Said se incorporó buscando con la mirada a los dos guardias que lo habían traído hasta esa casa. Ya no los veía por ninguna parte. Por más que se exprimiera el cerebro pensando, no lograba comprender las intenciones de su hijo.
— Si Akins tubo en sus manos a Julia Gartmann, por qué no la mandó al infierno de una maldita vez. ¿Tanto es el odio que me tiene que se desquitará conmigo hasta mi último suspiro? ¿Por qué tuvo que involucrar a mi hermano?
— ¿Señor, en verdad no desea que lo lleven a un hospital? No se ve nada bien —insistió Kozloi—
Said Majewski negó con la cabeza, y una vez sentado al borde de la cama prosiguió a acostarse cerrando los ojos.
— ‘No te rindas ahora, mi amor’
— Nuestro hijo me odia, Paula. Me odia mucho
— Eso no es verdad. Mi pequeño príncipe te ama mucho y no tardará en demostrártelo. Te lo prometo. Ahora descansa un poco que todo estará bien cuando despiertes
— Este pobre hombre está delirando de fiebre. Deberían llamar a un doctor
Uno de los guardias, entonces, se alejó unos pasos para marcar a Waldo al celular y comentarle lo sucedido.
— Jefe, uno de los guardias acaba de hablarme. Todo resultó como usted lo ha planeado, me comentó sin embargo que el señor Majewski no sé encuentra del todo bien por lo que me ha preguntado si puede llamar a un médico.
— Por supuesto, que lo haga y que el médico permanezca allí todo el tiempo que sea necesario.
El guardia principal asentó, y el joven Akins se dispuso a descansar al menos por un par de horas, pues otro largo día y un descolocado viaje a Viena lo aguardaba con Aurorita.
MANSIÓN DE HERDECKE (A LA MAÑANA SIGUIENTE)
Dando vueltas una y otra vez sobre la silla giratoria de su despacho, el joven Akins observaba la pantalla que tenía delante de él, mientras, de tanto en tanto, desviaba la mirada hacia el reloj de pared.
Said Majewski parecía despertar poco a poco de su profundo y reparador sueño. Finalmente abrió los ojos y apenas pudo percatarse de que todo el lugar le resultaba extraño. La habitación, la ropa que vestía e incluso la confortable cama sobre la cual yacía.
Por breves momentos creyó estar soñando, pues había recordado incluso la voz de su amada Paula intentando calmar todo su pesar. Se incorporó sin dejar de observar todo su alrededor, percatándose que tenía una pantalla encendida delante de él. En la misma se observaba una silla de espaldas que lentamente giraba.
— Hasta que por fin despiertas, Yasâr Hasnan. No tengo todo el día. ¿Sabes? Voy a Viena con Aurorita dentro de muy poco.
Con ojos entornados, Said Majewski a su hijo observaba a través de la pantalla.
— ¿Qué significa todo esto? ¿No te basta con lo que has hecho ya? ¿Qué demonios estás tramando?
— Ssshhh… Será mejor que no invoques a los demonios, que estoy intentando alejarme de todos ellos. Lo único que pretendo es que tengas una confortable atención en ese lugar.
— Pues no me interesa. Dime dónde se llevó mi hermano a esa mujer. Tú no tenías derecho a involucrarlo en nada de esto.
— ¿Oyes lo que dices? ¿Por una sola vez en tu vida puedes oírlo y comprender? Tú sabes mejor que nadie que por causa de tu hermano la familia atravesó por incontables desgracias, y que incluso mi madre pagó las consecuencias de sus actos que tú intentaste reparar.
— No tienes idea de lo que dices
— Sé muy bien lo que digo. Tu afán por proteger a tu hermano solo ha servido para arrastrar a todos al abismo —vociferó el joven golpeando el escritorio con ambas manos mientras se ponía abruptamente de pie— Escucha… No me quedaré aquí discutiendo contigo por más tiempo, por lo tanto iré directo al grano. Permanecerás allí dónde estás. Es una buena casa dónde tendrás todas las atenciones y comodidades que necesites. Y para que percibas mi bondad, permitiré que recibas visitas. Supervisadas, desde luego.
— Dime de una vez que pretendes.
— Salvarte de ti mismo aunque aún sienta que no lo mereces. Espero que durante tu estadía en ese allí aprendas a recapacitar. Por alguna razón que no logró comprender Dios te ha dado otra oportunidad. Podrás integrarte nuevamente a toda tu familia y cuidar de ella de un modo diferente.
En incontables ocasiones las palabras de su hijo habían golpeado su corazón, pero aquella mañana su comportamiento era diferente. Incluso sus reproches le sabían diferentes.
— ¿Hijo, por qué no me dices lo que sucede? Lo que sea que tengas en mente podemos resolverlo juntos.
Gregg Akins lanzó su habitual y sarcástica sonrisa disponiéndose a abandonar el despacho.
— ¿Acaso pretendes mantenerme preso en este lugar?
— Deberías agradecerme por tenerte preso en ese lugar y no en una celda fría que es donde deberías estar. Ah, y una última cosa para que te convenzas de que en verdad deseo que estés tranquilo. Mi tío Najib no se llevó a Julia Gartmann. Es verdad que se me ha ocurrido un plan en el que pretendo involucrarlo un poco, pero no será nada que pudiera dañarlo. Ordené que trasladaran a esa mujer a otro sitio hasta que escoja para ella el final que se merece.
— ¿Estás diciéndome que todo fue un despiadado invento tuyo para tenderme esta trampa?
— Lo hice por tu bien
— ¿Por mi bien?
— Mmm… Quizás ahora no lo veas de ese modo, pero será cuestión de tiempo. Ahora sí debo irme. Entérate que todos los guardias estarán a tu disposición para lo que necesites. Aún así no te confundas, pues todos ellos reciben únicamente mis órdenes. Te dejaré en la grata compañía de Nikolai Kozloi hasta que el hombre vuelva a reunirse con los suyos.
— Akins, por favor no me tengas aquí encerrado. Hijo… Akins…
Las súplicas de Said Majewski fueron en vano. El joven Akins apagó el monitor y abandonó finalmente el despacho.
En Herdecke, para Akins la luz había retornado con la presencia de Aurorita y de Copito de nieve quienes estaban prestos para el tan ansiado viaje a Viena. Verla, oírla y sentirla por toda esa mansión le había devuelto nuevamente la motivación.
Luego de un par de días sin verse, Aurorita y su prima Amalie se reencontraron en la mansión, y eso para Akins era bueno, pues aparte de que tenía aun asuntos que resolver y necesitaba que Aurora estuviese entretenida hasta el último minuto del viaje, necesitaba hablar con su prima para comentarle que había decidido que viajaría a Austria con ellos.
— Señorita, la estaba buscando.
— ¿No me digas? ¿Puedo saber para qué? —preguntó Amalie quien iba rumbo a la habitación de su prima—
— El jefe desea comunicarle algo antes de que vuelva al chalet. Se encuentra en el despacho.
— ¿De qué asunto querría mi primito hablar conmigo? ¿Sabes de qué se trata?
— No tengo idea — contestó Waldo negando con la cabeza— Permiso, volveré a mis asuntos
Amalie lo sostuvo de una mano deteniendo sus pasos.
— ¿En qué momento has vuelto de nuevo a tus formalidades, Waldito? ¿Qué sucedió?
— ¿Qué podría suceder? Creí haber sido claro con usted en más de una ocasión. Mientras esté trabajando esta será siempre mi actitud. Ahora sí, me voy.
Presa de la ira que le generaba por dentro la actitud de aquel hombre, la joven volvió a detenerlo dándole una inesperada bofetada.
— Ahora puedes irte. Vete al infierno de ser posible
Amalie se alejó con presurosos pasos, pero el guardia principal la siguió y acabó deteniéndola.
En aquel pasillo aparentemente silencioso y vacío, la rodeó contra la pared y la besó.
— Estás viendo lo mismo que yo, Copito de nieve? Por esa razón Amalie se tardaba tanto. Mi primita siempre ha sido una chica descarada, pero ese guardia es un igualado. Ahora mismo lo pondremos en su sitio.
A punto de salirles al paso, Aurorita sintió un impulso que la jaló desde atrás y la alejó del lugar. Era Akins quien al percibir sus intenciones la condujo hasta la cocina.
— Karîm, ahora que has visto lo mismo que yo, supongo que sí despedirás a ese guardia.
— Supones muy mal, pequeña. ¿Dime por qué te molesta tanto? Yo sí estoy feliz por Waldo porque tiene la suerte que yo no tuve.
— No pierdes ocasión para herir mis sentimientos. ¿Cierto?
— Yo nunca herí tus sentimientos
— Lo hiciste y lo sigues haciendo.
— Está bien. Piensa lo que quieras, pero si aún crees que planeé entrar a tu vida y a la vida de toda la familia haciéndome pasar por un guardia más, tendrás que solucionarlo pronto, Aurorita.
— ¿Qué dices? Yo jamás pensé eso.
— Lo hiciste
Entre lágrimas y con Copito de nieve entre sus brazos, Aurorita negaba con la cabeza.
— Tuve la desgracia de enterarme un poco antes que tú, y lo único que deseaba era desaparecer de este mundo porque ni siquiera me sentía capaz de mirarte a la cara el día de aquel baile que te prometí.
Aurorita bajó a Copito de nieve al suelo y abrazó a Akins con todas sus fuerzas.
— Se supone que aquel debía ser el día más feliz de nuestras vidas, pero todo a nuestro alrededor se volvió una pesadilla.
A su hermano aferrada, Aurorita prefirió no emitir palabras. Recordó el único odio que albergó alguna vez en su corazón. Odio por aquel baile que nunca sucedió. Recordó también que para resistir la oscuridad de aquel abismo, creó en su mente muchos otros bailes con finales felices, y todas y cada una de ellas con su adorado príncipe.
— Karîm, nunca me dejes. Lo único que deseo es que estemos juntos por siempre y para siempre.
— Nada en esta tierra es por siempre y para siempre, Aurorita.
— Nuestro amor si lo es.
Akins respiró profundo ya sin intenciones de responder.
— Se que algo sucede porque estás comportándote muy diferente. Si tú mueres yo moriré contigo. De una vez entérate.
— No vuelvas a repetir una tontería como esa
— Ninguna tontería. Es la verdad
— Mejor volveré al Chalet ahora. Procura dejar en paz a tu prima —dijo cargando un archivo en la mano— Ni bien acabe con este pendiente que tengo, nos vamos. ¿De acuerdo?
— ¡Oh, Cielo mío! Deseo tanto ya que estemos en Viena. ¿Daremos un largo paseo por el Danubio?
— Mi luz, haremos todo lo que tú quieras.
El ex agente Steen había llegado a la mansión y se encontraba esperando a Akins, mientras que el joven Ihsân, a petición de su primo también se encontraba en el lugar.
— ¿Wieber, cómo estuvo todo? ¿Pudieron abordar sin inconvenientes? —preguntó Akins ingresando al chalet—
— Todo sin inconvenientes. Mi-suk y el maestro Chung prometieron comunicarse con nosotros ni bien lleguen a Jeju-Do.
— Aguardaremos entonces —prosiguió entregándole a su primo Ihsân el archivo que traía consigo—
— Necesito que hablemos sobre algo importante, Akins
— Solo si eso importante que dices será breve porque no tengo mucho tiempo
— Akins, tienes un citatorio de comparecencia ante el Fiscal General Federal. ¿Cómo demonios pretendes ir a Viena justo ahora?
— ¿Era eso lo importante que tenías para decirme?
— ¿Te parece poco? —dijo Steen observando de reojos a Ihsân y devolviendo prontamente la mirada en Akins— Yo ya me entrevisté con el Fiscal General Federal hace un par de días
— ¿Y?
— Y me hizo una propuesta
Tras oír aquellas palabras, Ihsân, quien se encontraba leyendo aquel archivo que le entregó su primo, lo cerró y lo puso sobre el sofá para enfocar su atención en las posteriores palabras del ex agente.
— Oigan los dos. Solo les pido que me dejen terminar todo lo que tengo para contarles. ¿De acuerdo? Luego podrán sacar sus propias conclusiones.
— ¿Por qué presiento que no se trata de nada bueno? —irrumpió Ihsân—
— Habla, Wieber. ¿De qué se trata?
— Cuando fui a cumplir con el citatorio judicial que me impusieron, hablé con el propio Fiscal General Federal quien propuso devolverme la posición que perdí dentro de las filas de la justicia para dar continuidad al operativo anulado por órdenes del jefe superior del SIID.
Akins permaneció en silencio. Muy contrariamente a su primo Ihsân quien poniéndose abruptamente de pie intentó abalanzarse contra el ex agente.
Waldo, quien acababa de hacer presencia en el chalet, junto con un par de guardias detuvieron al chico intentando vanamente apaciguarlo.
— Este traidor nos entregará a todos y acabará con Kara Kanatlar a cambio de recuperar lo único que siempre le ha importado. Maldita sea, Akins. Es imposible que nunca te hayas dado cuenta. Yo te lo advertí.
— Eso no es así. Mejor cierra la boca si todo lo que saldrá de ti son estupideces. Si algo aprendí a las malas en esta vida fue a no convertirme en un asqueroso traidor como lo fue tu abuelo.
Aún más enfurecido tras aquellas palabras, Ihsân, con gran fuerza logró zafar de los guardias y desenfundó su arma.
— Atrévete a decir una sola palabra más en contra de mi abuelo y te volaré el cráneo a pedazos
— Vladimir Abdeyenko y su decena de nombres falsos como agente encubierto, fue incluso capaz de sacrificar a su propia familia a cambio de poder y estatus dentro de las filas de la justicia.
Sin más palabras, Ihsân activó el martillo de su arma. Akins se puso de pie.
— Baja el arma, Ihsân
— Dime qué es lo que te molesta. Conoces esa verdad desde hace tiempo. ¿No fuiste acaso a Bielorrusia en busca de información sobre la muerte de la familia de tu madre?
Con una imperceptible velocidad, Akins sujetó el brazo de Ihsân en el preciso instante de ejecutarse un disparo que fue a dar contra la pared, a un centímetro del ex agente.
— Por el bien de todos será mejor que te calmes, porque si empezaremos a discutir por causa de tu abuelo tendrás que dispararme también a mí. Sabes muy bien que Vladimir Abdeyenko fue el responsable de la muerte de mi madre por dejarla en manos de Julia Gartmann. Tan poco aprecio sentía por su familia que utilizó incluso a su propia hija, a tu madre, para lograr ese cometido. Aunque te perturbe admitirlo, Ihsân, fue tu propio abuelo quien arrastró a toda tu familia la muerte. Si no deseas cometer esos mismos errores, es una buena oportunidad para que tú sí protejas a la tuya como corresponde, sin que nadie salga lastimado jamás.
Tras aquellas palabras, Akins le arrebató finalmente su arma volteando en dirección al ex agente.
— Wieber, en verdad no tengo mucho tiempo. En breve viajo a Viena con Aurorita, y para serte sincero no me importa si el Fiscal General Federal envía a un ejército detrás de mí por no comparecer ante ella. Tienes 10 minutos para explicarme lo que harás. No podría acusarte de traidor por el simple hecho de querer recuperar todo lo que alguna vez has perdido por mi culpa. Si vas a entregarme a la justicia, hazlo. Acaba con Kara Kanatlar y destruye todas las vías marítimas clandestinas que aún operan a través de las navieras. Solo te pido que mantengas a mi familia alejada de todo eso. Hazlo pensando en Paulita quien a final de cuentas es una Majewski.
— ¿Oyes lo que dices, Akins? Qué demonios está sucediendo contigo. —vociferó su primo Ihsân—
— ¿Es posible que hablemos a solas? —le pidió el ex agente a Akins—
El joven asentó y haciendo señas pidió a todos que salieran del chalet.