SCHWECHAT – AEROPUERTO DE VIENA (BAJA AUSTRIA)
Como si estuviese a punto de expulsar todo el estómago por la boca, el joven Akins sufrió de horribles vómitos que lo estremecieron a punto de desmayar, mientras Aurorita, hundida en desesperación, con Copito de nieve entre sus brazos, no dejaba de llamar a la puerta.
Ante la falta de respuestas, no le quedó de otra que ingresar al sanitario de caballeros en su búsqueda. Repitiendo un par de veces su nombre, Akins finalmente salió de uno de los baños.
— ¡Karîm, cielo mío!
— ¿Qué haces aquí, Aurora? ¿Cómo ingresas al sanitario de hombres? —decía casi sin fuerzas acercándose hasta uno de los lavaderos de manos— ¿Tienes mi bolso contigo?
Aurora le pasó su bolso de inmediato, y Akins no solo se lavó las manos como si fuese a arrancarse toda la piel. Se lavó la cara, se mojó el pelo y tomó una toalla pequeña para cubrirse por completo la cabeza.
— ¿Karîm, ya te sientes mejor?
— No me siento mejor. Sabes que detesto volar. Casi pierdo todo el intestino.
— Pero si solo fue una hora y media de vuelo y en un avión privado que tú mismo has conseguido para que volaras más tranquilo. Ibas a tener un vuelo mucho más largo si me abandonabas para volver a Jeju-Do.
Akins se apartó la toalla de la cabeza.
— No estoy en condiciones de oír tus reproches.
Un par de hombres ingresó al sanitario. Akins tomó su bolso, cogió una mano de Aurora y la sacó de ese lugar de inmediato.
En el pasillo, un séquito de guardias aguardaba en compañía de la maestra Jennifer quien tenía cargada entre brazos a la pequeña Sophia.
— ¿Todo está bien? —preguntó la maestra—
Aurora negó con la cabeza
— Dice que casi pierde todo el intestino por la boca —comentó la joven—
— Si ya tienen todas las maletas en el coche, nos vamos
— Ya todo está en el coche, señor —le dijo uno de los guardias—
— Nos vamos entonces
Con presurosos pasos todos terminaron abandonando el interior del aeropuerto para abordar un furgón negro con el distintivo de Kara Kanatlar que ya se encontraba esperándoles.
— Aún te ves muy pálido —habló la maestra tomando algo de su bolso— Toma, cómete esta barrita de cereal. Te repondrá el azúcar de inmediato y te devolverá el color en las mejillas.
Akins no la rechazó. En varias ocasiones Aurorita le había convidado de las mismas, y le gustaban mucho en verdad.
El trayecto rumbo al hotel donde permanecerían por lo que quedaba de aquel día, fue breve para fortuna de Akins, pues el Maxi Viena Hotel quedaba cerca del aeropuerto.
El hospedaje ya se encontraba reservado para cada uno, por lo que el joven ordenó a un par de guardias asignados exclusivamente para la maestra Jennifer y la pequeña Sophia, que las acompañara hasta su habitación.
— Maestra Jenny, gracias por la barrita de cereal.
La maestra, sonriente asentó
— Nos veremos luego Miss. Que descansen.
— Descansen también
Enganchada de un brazo a Akins y sujetando a Copito con el otro, Aurorita se dirigió rumbo a la que sería su habitación, mientras los del servicio del hotel cargaban todos los equipajes.
— Te quedas en tu habitación. Yo iré a la mía a descansar —le dijo Akins—
— ¿Pediste habitaciones separadas?
— ¿Qué esperabas? Entra ahora. Tendrás dos guardias custodiando tu puerta. Tschüss!!!
Molesta, Aurorita apartó a Akins de su camino con un empujón
— Cuando quieras arrancarte toda la piel de la ansiedad no me vayas a buscar —dijo metiéndose a su habitación—
En esos momentos, Akins en verdad deseaba arrancarse toda la piel, pues una horrible comezón le corría por todo su cuerpo.
— Necesito con urgencia un baño. Lo necesito —se repetía dirigiéndose con prisa a su habitación—
Preparó la tina y despojándose de todo su atuendo se metió a la misma. Sintió que podía permanecer metido en el agua por horas hasta arrugársele la piel. ¿Que podía impedírselo? Nada, o al menos eso pensó, pues el teléfono móvil que había dejado sobre la cama comenzó a sonar con insistencia.
Enfurecido, no le quedó de otra que abandonar la tina. Se trataba de Waldo a quien le devolvió la llamada de inmediato.
— ¿Waldo, por qué tanta insistencia? ¿Qué sucede?
— Disculpe, señor, es que surgió algo que deseo contarle.
— ¿Qué es? ¿Algo malo?
— No exactamente. Esta tarde comenzó el velatorio de Tarantino, y el mismo se extenderá hasta mañana al mediodía. En horas de la tarde será el entierro. El caso es, señor, que su padre ha solicitado acompañar a la joven Isabella —explicaba el guardia principal mientras Akins ponía el móvil en altavoz para secarse la piel y poderse vestir—
La puerta se abrió de manera inesperada y a Akins apenas le dio tiempo de volverse a cubrir con la toalla. Era la joven Aurora quien estaba delante de él fingiendo cubrirse los ojos para no ver.
— Waldo, volveré a llamarte en unos minutos —dijo colgando abruptamente la llamada— ¿Por qué demonios entras de este modo a mi habitación?
— Solo he venido a corroborar que estuvieras vivo. Con eso de que te dan tus ataques suicidas cada vez que entras a la tina, consideré estar prevenida —
Cerrando los ojos, el joven Akins respiró profundo
— Aurora, te lo he repetido cientos de veces. Tú no puedes entrar de manera abrupta a la habitación de nadie. Ahora que ya ves que estoy vivo, te doy 3 segundos para que salgas de aquí. Uno… dos…
— Cuentas muy rápido
— Tres
— No tienes que correrme. Ya me voy —dijo abandonando la habitación con la mayor lentitud que le fue posible—
Luego de asegurar la puerta, Akins volvió a marcar de inmediato a Waldo
— Escúchame muy bien, Waldo. Escogerás a los mejores guardias para que lo custodien. No quiero que tenga el mínimo contacto con los hombres de Byfang, y mucho menos con gente de su entorno, como Bojdan y August Stenzel, por ejemplo. A August ya lo traerás ante mi en su momento, por ahora solo deseo que mantenga la distancia de Yasâr Hasnan.
— ¿Y con Khaleb Hafez, señor?
— A ese sujeto lo quiero a kilómetros de distancia de todo. No quiero que se inmiscuya en nada que tenga que ver conmigo y con mi familia.
— ¿Y si el señor exige la presencia de su amigo?
— Haz lo que te pido, Waldo. Confío en ti.
— Así será, jefe. Le pondré al tanto de lo que surja. Y en cuanto todo esté listo para que vayamos a Viena, le avisaré.
— Aguardaré noticias