-Ayuda, ayuda- pedía a gritos suplicante una y otra vez, intentaba liberarme de las cuerdas que aprisionaban mis manos y mis tobillos ya mallugados y ensangrentados, pero de nada servía gritar, llorar o suplicar. Llevaba meses igual, no podía soportar del dolor el peso, sin embargo ahí estaba implorando por mi vida como ellos querían que hiciera.
-Vaya vaya, que tenemos aquí- dijo un hombre de aspecto tosco, corpulento, su barba me recordaba a los cuentos de fantasía, era tan larga que te podías perderte en ella olía a tabaco y a wiski y en su mano tenía un látigo con el que me atormentaban día y noche, dejaba mi piel sangrando, y mi corazon cada vez más mutilado.
-Mmm, creo que tenemos una pequeña asustadiza, una pequeña sumisa que ruega por su vida cuando no es más que un montón de huesos sin importancia- comento su compañero de aspecto parecido solo que este no tenía barba, apestaba a orines, siempre venían a torturarme, pero más que físicamente lo hacían mentalmente.
-Sabes Mark ya me canse de ella ¿qué haremos contigo?- me pregunto con una sonrisa burlona que reflejaba un placer oscuro y sádico, un placer no como cualquier otro sino uno más siniestro y escalofriante
-Por favor libérenme, déjenme libre, se los suplico- suplicaba una y otra vez y solo escuchaba sus risas sádicas, me tomaron por el cabello, el dolor era insoportable y me arrastraron una vez más a esa silla de metal incomoda de la que era presa de torturas infinitas
Pusieron en mi cabeza aquellos cables eran como manos que apretaban tan fuerte y como dolía, solo escuchaba el tic tac tic tac del reloj de aquella pared tan alta, sabía que se acercaba de nuevo la tortura
-Ya presiona el botón Bob no aguanto las ganas de escuchar como grita- un silencio se propició calando en mis huesos más que el frio de aquella habitación blanca o era gris? No lo sabía ya estaba tan sucia que no distinguía colores vibrantes solo aquel color rojo del botón causante de miles de torturas
-Está bien ya es hora de ver que tanto puedes aguantar esta vez, esperemos que ahora no te desmayes tan pronto- vi cómo se alejaban cada vez más lejos, ya solo podía ver siluetas luego sombras, sentí como mis nervios se tensaban ante aquel dolor inscribible, como me retorcía, de pronto como de costumbre entre a mis recuerdos, o los que supuestamente eran mis recuerdos
-Katy, donde estas tesoro- escuchaba la voz de un hombre a lo lejos, una voz que me traía calma, tranquilidad, siempre la escuchaba pero nunca sabia de donde provenía, cada vez se escuchaba más lejana y yo corría entre los arbustos y árboles para encontrarla desesperada, tropezaba una y otra vez, sentí miradas, escuche pasos acercándose, acorralándome.
-Tranquila aquí estoy pequeña- y aquella voz que parecía tan lejana me encontraba y me abrazaba- todo está bien ya no hay que temer- voltee hacia arriba y vi un rostro que nunca podría olvidar, era el rostro de un hombre que transmitía paz, luego se distorsionaba y era de psicópata, sus ojos como dos cuchillas atravesándome, no era más que un perpetuador de torturas psicologías, de daños emocionales y físicos, era alguien que provoco tal miedo en mí que lo único que pensé fue en huir, corría sin descansar, resbalaba, las ramas cortaban mi cara y las espinas desgarraba mi piel, caí en un pozo profundo que parecía no tener fin.
-Levántate, vas tarde a la escuela Isabel, el almuerzo está en la mesa, llegare tarde cariño, no me esperes despierta hoy trabajare doble turno para poder pagar las cuentas de este mes
-5 minutos más, está bien, está bien ya me levanto- sentí como me tiraba una almohada- mamá lleve mi solicitud de empleo a dos cafeterías y a 2 restaurantes hoy me marcaran para saber si soy apta o no- creo que hable entre dientes, tenía tanto sueño, no descanse pero para nada por ese sueño, se me venía una y otra vez a la cabeza, por más que lo pensara no encontraba respuesta, simplemente eran pesadillas constantes
-Te dije que no te preocuparas por eso, tienes 17 años y lo más importante es que te enfoques en la escuela, solo te falta medio semestre para terminarla y no quiero que por dificultades te vaya mal- se escuchó como un consejo pero lo sentí como regaño jaja.
-Mamá hasta ahorita mis calificaciones son las mejores de la institución de mi generación, creo que podrían en la ceremonia sacar el primer lugar o ya si de plano me fue muy mal el segundo- realmente no es por presumir pero tengo muy buenas notas
- Aun así cariño, las mamis estamos para proveer lo que les haga falta a los hijos así que trata de concentrarte en la escuela muchachita- siempre que decía esa palabra me agarraba de los cachetes y los estrujaba dejándome la piel roja, y se notaba más por lo blanquecina que era.
-Por ahora yo no quiero que recaigas, recuerda que el doctor dijo que no tenías que estresarte o preocuparte porque eso haría que tus discos dorsales se desacomodaran además que en unos cuantos meses tienen tu cirugía programada, así que si me disculpa me tengo que ir a cambiar porque se me hace tarde- le di un beso en la mejilla y me fui corriendo a alistarme
-Que haría sin ti mi tesoro, te amo, hasta luego- salió de la habitación y solo escuche la puerta principal cerrarse, por suerte tenemos coche, si papá no lo hubiera dejado sería un suplició todos los días para mi madre ir hasta el centro de la ciudad al hospital.
Mientras camino para la escuela note que alguien me sigue desde hace varias cuadras, por suerte mi papá me enseño defensa personal. Llegue a la escuela como de costumbre y no sentí más la presencia de aquel hombre.