Albireo: La espada que trazó el firmamento

Capítulo 3: Aura Dracónica

Aiden se despertó antes de que saliera el sol, con el ronroneo de Nyx sobre el rostro. Ella estaba acostumbrada a dormirse sobre el pecho del joven, para luego acomodarse, en algún momento de la noche, justo sobre su cara. La espada permanecía envainada junto al borde de la cama, exactamente donde la había dejado antes de dormirse; sin embargo, la empuñadura se había deslizado bajo la almohada y le había grabado su contorno incómodo en una de las mejillas. La luz que se filtraba por la única rendija de la pequeña ventana era de un azul oscuro, marcando esa hora en que la noche comenzaba su retirada con una lentitud glacial.

Se quitó a la felina del rostro con extrema delicadeza y la dejó sobre las sábanas. Se deslizó fuera de la cama con movimientos tan silenciosos que ni siquiera Nyx se molestó en abrir los ojos; solo reacomodó su postura en el borde de la manta, manifestando su descontento con una perezosa, aunque inaudible, protesta en la mente de Aiden.

«¿Vas a irte así?», preguntó Nyx.

«¿Así como?»

«Sin darme de desayunar», respondió ella.

«En serio, desde que puedes hablar conmigo de esta forma, te has vuelto más demandante», pensó Aiden, jugando con las mejillas de su gata.

Tras darle de desayunar a Nyx, Aiden contempló la Eclipse Dracónico, aún apoyada junto a la cama. Sintió el impulso de llevársela, pero Tania le había advertido que aquel día no practicarían con armas, así que la dejó allí.

Salieron a paso firme. Tania avanzaba unos metros por delante, con su trenza blanca balanceándose a cada movimiento. A su lado, Nyx trotaba con la cola en alto como una bandera de curiosidad felina, deteniéndose de vez en cuando para olfatear una hoja caída o perseguir una mariposa errante.

Tania se detuvo en el centro del claro y se giró para enfrentarlo. Nyx se apostó a un lado, bajo la sombra de un roble, y los observó con una atención inusual, marcando un vaivén lento con la cola de un lado a otro.

—Antes de que puedas dar el primer paso, debes entender en lo que te estás metiendo —comenzó Tania, cruzando los brazos—. Todo lo que existe, Aiden, desde la brizna de hierba más pequeña hasta la estrella más lejana, está impregnado de una energía fundamental. Nosotros la llamamos magieter, aunque eso ya lo sabes.

Aiden asintió. Le gustaba cuando ella ordenaba las cosas así, como si apilara ladrillos.

—Sin embargo, debemos repasar para que entiendas lo que haremos. El magieter —continuó— es como el aire, como la luz en el agua. No lo ves, pero lo sientes si aprendes a escuchar. Es la materia prima de lo vivo, la partícula que, en conjunto, da forma al numen cuando se libera. El mundo lo respira, al igual que nosotros al aire. Sin magieter, la magia no puede manifestarse ni los sistemas reminee pueden recuperar el numen consumido. Y aunque no crea la vida en sí, este impregna la existencia de todo ser nacido en Aetheris.

—Entiendo —dijo Aiden, serio—. Medio difuso y ubicuo.

—En pocas palabra si, es como dices—Tania hizo un gesto con la mano, rozando el espacio, como si apartara cortinas invisibles—. En nosotros, ese magieter entra y sale por una red que no ves pero está ahí, atravesando el cuerpo entero: el sistema de reminee. Piensa en venas, pero de otra cosa. Canales que guían y regulan. Algunos nacen con esa red fina, otros con ella gruesa, y otros con nudos. Depende —se tocó el esternón—. Cuando la red hace su trabajo, el magieter del ambiente se vuelve numen dentro de ti, que es tu energía propia. El numen corre por el reminee.

Aiden ladeó la cabeza, sus ojos verdes le brillaban con el gusto de un rompecabezas que encajaba.

—Entonces: magieter afuera; reminee adentro; numen es el resultado circulando —enumeró él—. ¿Y la magia?

—Precisamente a eso iba —confirmó Tania—. El numen puede ser liberado de dos maneras. La primera es proyectándola hacia el exterior, el camino de los conjuradores, magos. Ellos aprenden a liberar su numen como una onda fuera de su cuerpo para influir sobre el magieter presente en el ambiente, en la tierra, en el aire o en el agua. Mediante hechizos que constan de ser palabras, gestos o runas, le dan forma a esa energía, creando efectos diversos: sanación, fuego, ilusiones…

—Manipulan la energía externa usando la suya como catalizador —murmuró fascinado—. Y el otro camino… es el físico —la emoción lo hacía anticiparse.

Tania sonrió levemente, como si estuviera midiendo cuánto revelar sin abrumarlo.

—Sí. La otra forma la emplean quienes conocemos como guerreros, los especialistas en el combate cuerpo a cuerpo. Ellos no buscan influir en el mundo exterior, sino perfeccionar el interior. En lugar de proyectar la energía hacia afuera, la hacen estallar dentro de los límites de su propio ser, haciendo que el numen circule por el cuerpo para reforzar músculos, huesos, sentidos y vitalidad.

»Es una manifestación pura de voluntad y fuerza vital: una armadura que al principio es invisible, apenas una ligera presión alrededor del cuerpo. Sin embargo, a medida que su densidad aumenta, adquiere color y se vuelve visible. En pocas palabras, es un potenciador que lleva nuestra fuerza, agilidad y resistencia a límites sobrehumanos. La mayoría se especializa en una de las dos vías, pero algunos aprenden a dominar ambas.

—¿Cómo se siente? —preguntó con curiosidad.

—Como… como si cada célula de tu cuerpo despertara de un sueño profundo. Como si un río de pura potencia empezara a fluir por tus venas donde antes solo había sangre. Es una sensación de totalidad, de poder… y de gran responsabilidad. Porque ese poder no es ilimitado, agotas tu numen, agotas tu aura. Y quedas vulnerable.

Aiden asintió, comprendiendo. Era un recurso, no un estado permanente. Su mente ya trazaba estrategias, calculando la gestión de ese poder en una pelea prolongada.

—Pero —Tania dio un paso adelante, su expresión se volvió aún más grave—, no todos los seres tienen el mismo tipo de aura. La estructura del sistema de reminee, la naturaleza misma del numen… varía. Hay personas especiales, linajes, criaturas o condiciones únicas, que hacen que su aura de combate se manifieste de formas distintas.




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