Albireo: La espada que trazó el firmamento

Capítulo 8: Donde todo comenzó

El aire salado del océano y el balanceo del barco eran constantes. Llevaban cinco días en el mar. El oleaje golpeaba el casco con un ritmo insistente, semejante a un tambor, y en el horizonte una línea apenas visible separaba el azul del cielo del azul profundo del agua.

Durante el viaje, Tania había confirmado que Aiden ya no tenía ninguna costilla fracturada, sino contusiones severas y una posible fisura que ya había comenzado a cerrarse. Cinco días de reposo y la capacidad regenerativa de su cuerpo dracónido habían terminado de curarlo. Sus pulmones ya no ardían, podía respirar hondo sin dolor y sus canales reminee volvían a responder con normalidad. Aquella mañana, Tania le había retirado las últimas vendas después de obligarlo a estirarse, agacharse y llenar los pulmones varias veces bajo su mirada vigilante.

Al mediodía se encontraban en un rincón protegido de la cubierta, apartado de la borda y resguardado del rocío por un techo y varios paneles de cristal. Desde allí podían contemplar la inmensidad del océano. Tania observaba el mar con una serenidad limpia; su cabello plateado brillaba bajo el sol. Nyx, en cambio, no compartía aquella calma.

La cait sidhe, normalmente una criatura de elegancia y confianza supremas, se había convertido en una bola de pelo atigrado y nervios. Pasaba la mayor parte del día adherida al pecho o al hombro de Aiden, con las garras prendidas a la tela de su camisa para sobrevivir al balanceo. Sus orejas se movían con cada crujido del casco y sus ojos verdes, casi siempre cargados de una diversión perezosa, permanecían dilatados ante el infierno acuático que los rodeaba.

Aiden la había envuelto en una pequeña manta encerada que uno de los marineros les prestó. Nyx había protestado por la indignidad del atuendo durante diez minutos completos, pero desde entonces no había intentado quitársela.

Varias horas después, cuando el sol comenzó a descender y las nubes adquirieron tonos naranjas y violetas, Aiden seguía sentado con ella entre los brazos.

—Todo va a estar bien, pequeña —le susurró, acariciándole la cabeza—. No voy a dejar que te pase nada. Te lo prometo.

Nyx levantó el rostro y frotó la mejilla contra la de él. En la quietud de su mente, su voz resonó desprovista del sarcasmo habitual, teñida de una vulnerabilidad infantil que casi nunca se permitía mostrar.

«Gracias… papá».

Aiden se quedó inmóvil, era la primera vez que Nyx lo llamaba así con tanta claridad. Antes había percibido algo semejante en el vínculo: impulsos de afecto, una confianza absoluta y una necesidad de permanecer junto a él. Sin embargo, nunca aquella palabra, limpia e inequívoca.

Sintió que acababa de transformar algo entre ellos. Un calor abrumador se extendió por su pecho y le formó un nudo en la garganta, sus ojos se humedecieron y estrechó a Nyx con ternura, olvidando durante unos segundos el barco, el océano y la tierra que lo esperaba al otro lado.

Tania, sentada frente a ambos, observó cómo la expresión de Aiden se desarmaba y una sonrisa conmovida aparecía en sus labios mientras abrazaba a la gata.

—¿Puedo saber qué te pasa? —preguntó, arqueando una ceja—. Pareces a punto de llorar. ¿Es el mar? Espera… todavía no me acostumbro a que seas un jinete. ¿Acaba de hablarte?

Aiden alzó la mirada, un poco avergonzado.

—No. Es solo que… me dijo algo bonito.

—Entonces sí habló contigo —Tania se inclinó hacia delante, olvidándose del océano—. Cuéntame más. No hemos tenido tiempo de conversar con calma sobre esto. ¿Desde cuándo puedes comunicarte con ella?

—¿No es común que los jinetes hablen con sus vínculos?

—No de esa forma. Conocí a varios, pero ninguno podía hablar con su vínculo.

Aiden se encogió de hombros y rascó a Nyx detrás de las orejas. Un ronroneo satisfecho vibró a través de la manta.

—Nunca supe en qué momento me vinculé con ella —miró a la criatura arropada sobre su regazo—. Siempre sentí que podía entenderla, incluso antes de que pudiéramos hablar así. Era como respirar, no necesitaba pensar en ello, simplemente ocurría. Un día, el anillo apareció en mi dedo y la conexión se volvió más fuerte.

»Lo que de verdad me sorprendió, fue descubrir que no era una gata común. Nyx es una cait sidhe, solo había leído sobre ellos en libros, se suponía que eran una especie extinta.

La diversión abandonó el rostro de Tania.

—Una cait sidhe… —murmuró, estudiándola con nuevos ojos—. En más de quinientos años nunca vi una. Últimamente el mundo parece empeñado en recordarme todo lo que desconozco.

Nyx levantó el mentón, como si considerara aquello un reconocimiento apropiado.

—Ahora que lo pienso, su llegada fue extraña —continuó Tania—. Apareció frente a la cabaña el día antes de que Andreas te trajera. Era apenas una gatita, maullaba como si supiera que alguien debía abrirle y no aceptó alejarse de la puerta, quizá sabía que venías, quizá te estaba esperando.

Aiden contempló a Nyx. La ternura volvió a invadirlo y la abrazó con algo más de fuerza.

—Te amo, mi pequeña.

«Me estás apretando demasiado», se quejó ella, aunque el ronroneo no cesó.

La sirena del barco los arrancó de aquel momento. Una voz resonó por los altavoces y anunció que se aproximaban a la costa de Argentum, llegarían al puerto de la ciudad de Borealis, capital de la prefectura del mismo nombre, en menos de una hora.

Aiden se puso de pie y se acercó a uno de los ventanales que protegían la cubierta, a diferencia de las costas boscosas y poco urbanizadas de Aderix, una inmensa silueta de civilización se dibujaba contra el cielo. Rascacielos de cristal y acero se alzaban como agujas, reflejando la luz del sol poniente entre edificios de diseños audaces. Trenes elevados atravesaban la distancia como serpientes metálicas y varias aeronaves descendían hacia plataformas suspendidas sobre el puerto.

Su corazón comenzó a latir con fuerza, hacía diez años que no pisaba su tierra natal, la anticipación se mezcló con un nudo tan violento en el estómago que tuvo que apartarse del cristal.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.