Alex Red y el Séptimo Elemento. Parte 1: El mushky negro
Por Axel gernandez
Sección 1: El sótano de la casa
Habían transcurrido dos semanas desde que Alex se instaló en casa de Casimir.
Dos semanas. Y ya podía jurar que aquella casa era otra.
Al principio le había parecido enorme, antigua y algo extravagante. Ahora parecía una criatura viva que cambiaba de aspecto cada vez que él parpadeaba.
Una mañana salió de su habitación y se quedó mirando una de las paredes del pasillo.
—¿Ese cuadro estaba ahí ayer? —Nadie respondió.
—Excelente. La casa mueve sus muebles cuando uno duerme.
Su familia intentaba mantenerlo dentro de una burbuja. Una burbuja bastante grande, eso sí, porque en cada habitación había algo nuevo que descubrir.
Alex conocía parte de la verdad. Ya sabía que era un ángel, que Linda era un ogro, que Rosanna era una banshee y que Rod escondía mucho más de lo que aparentaba.
Lo que todavía no entendía era por qué todos actuaban como si él fuera una bomba que pudiera estallar en cualquier momento.
Bastaba con que expresara una molestia para que Linda frunciera el ceño.
—No puedes salir solo.
—Solo quiero caminar un rato.
—No.
—¿Al jardín?
—Tampoco.
—¿Al baño?
Linda lo miró. Era una prueba que no había funcionado.
Su madre estaba más malhumorada de lo habitual.
Alex la conocía de toda la vida. Incluso podía distinguir aquel silencio particular que significaba: «No preguntes porque no pienso responderte».
Sus extraños rituales de adoración a Lulu, una deidad del panteón aldobita, duraban hasta dos horas y dejaban un olor bastante poco agradable en la casa.
Rosanna tampoco ayudaba demasiado.
Pasaba buena parte del día recorriendo la casa con una de aquellas extrañas escobas de barrer en órbitas. Tenía la misma clase de mecanismo plegable que su espada.
—Son mucho más prácticas de lo que parecen —aseguraba ella. Esta elimina polvo hasta de dimensiones paralelas.
Alex se quedó mirándola.
—Eso no puede ser una característica real.
—No todo tiene que aparecer en Internet para ser real.
Rosanna continuó barriendo.
—Sabías que la expresión barrer en órbitas se refiere a movimientos planetarios.
Su tía no se desapegaba ni un segundo de su bolso. Metía la mano, sacaba una cosa, luego otra y después alguna tercera que Alex prefería no identificar.
—Tengo muchos objetos encogibles aquí. Este bolso como tu cuadro de Rod, tienen un compartimento mágico donde pueden almacenarse cosas.
Alex advertía que la casa había perdido su apariencia cuidadosamente organizada. Algunas cosas ya no estaban donde recordaba haberlas visto.
Otras aparecían de repente en sitios absurdos. Un reloj en la escalera. Una toalla en un rincón que juraba que estaba vacío.
Una vitrina que antes solo contenía libros ahora estaba llena de sahumerios.
Y luego estaba el viejo escaparate andante.
Una tarde Alex lo encontró cruzando el patio a toda velocidad.
—¿Qué haces, Lambi?
El mueble no respondió. Alex esperó unos segundos.
—Claro. Olvidé que no hablas.
El escaparate se inclinó ligeramente hacia un lado.
—No sé por qué estoy hablando contigo. —Alex entrecerró los ojos.
Desde entonces, Alex empezó a saludarlo. No porque esperara una respuesta.
Pero había algo raro en la casa que le inquietaba más que las cosas que aparecían o desaparecían.
Empezó a notar que todos estaban enfermando.
Rosanna se quejaba del cuello.
Casimir desaparecía durante horas. A veces regresaba pálido, con una mano sobre el pecho.
Alis apenas se dejaba ver. Cuando aparecía, gemía de una forma tan desgarradora que Alex llegó a levantarse de la cama una noche pensando que alguien estaba muriendo.
Rod, por su parte, amanecía con un dolor de espalda cada vez más extraño. Incluso Linda parecía dormir peor, y eso ya era decir mucho, porque Alex la conocía por dormir como un tronco.
No era casualidad. Alex lo sentía. La casa estaba reteniendo algo. O, más bien, ellos estaban reteniendo algo dentro de la casa.
Y cada día resultaba más difícil.
Alex lo comprobó en carne propia durante una tarde, al pasar cerca de la puerta principal.
El dolor apareció de golpe.
—Ah...
Una punzada le atravesó el abdomen.
Luego vino un calambre. Tuvo que apoyarse contra la pared hasta que el dolor desapareció.
Editado: 28.09.2026