Alex Reidfield y el Camino de la Serpiente

1. RUIDOS EN LA MANSIÓN FELLON.

El frío era insoportable para algunos turistas que contemplaban con asombro la imponente mansión Fellon, una enorme morada negra en la cual nadie vivía desde hacía décadas. Justo en la cual el antiguo dueño había sido asesinado.

Aquella gigantesca casa propinaba un asqueroso olor a madera húmeda y la hierba alcanzaba ya el metro de altura. Poseía además ventanas rotas, pero lo más claro era que sobresalía un espeluznante brillo azul. Sin embargo, lo que más llamaba la atención de los turistas era la leyenda que aquella casa poseía. En ese momento llegaban varios grupos de turistas, asombrados por la altura y detalles de las casas de la época, las cuales parecían ya muy antiguas y un poco dañadas en cuestión de construcción.

―La leyenda cuenta ―decía un anciano guía de turistas–. Que la familia Fellon era muy respetada, nadie hablaba mal de ellos, pero cuando alguien lo hacía, bueno... Jamás se volvía a saber de ellos. Algunos dicen que el señor Fellon mandaba matar a aquellos que hablaran mal de él, otros dicen que solo los expulsaba del pueblo para no verlos más, ya que como les mencioné, él era el hombre más importante del pueblo de Lux Village ―mientras los visitantes tomaban cientos de fotografías de las horribles gárgolas con cara de murciélago y cuerpo de caballo con garras de águila.

―Disculpe señor ―dijo un hombre mayor, de nariz grande, con cabello rubio y anteojos redondos―. ¿Qué le ocurrió al señor Fellon?

El guardia bajó la cabeza en señal de respeto, aspiró hondo y dijo:

―Según las historias que se cuentan por aquí, entre residentes, el señor Fellon no pudo soportar la muerte de su hijo Jacovitch y se fue del pueblo para no volver jamás.

―Pero ¿qué fue lo que le ocurrió? ―volvió a preguntar el hombre.

―Algunos dicen que se suicidó por el dolor que la pérdida le causaba, otros dicen que murió a manos de un asaltante, de lo que se está seguro es que está muerto, ya que han pasado muchos años de aquel acontecimiento.

―Entonces, ¿ya nadie vive ahí? ―preguntó una señora regordeta, de baja estatura que portaba gafas rosadas, con un vestido amarillo y lunares color violeta.

―Eso es correcto, señora ―respondió cortésmente el guía.

―Entonces, ¿por qué hay una luz encendida? ―preguntó de nuevo la señora, con el rostro lleno de sorpresa señalando una ventana de la cual salía una tenue luz blanca.

Las personas comenzaron a mirar aquella ventana, atónitos, tanto turistas como residentes. Al presenciar esto, el guía avisó a los guardias encargados de resguardar la mansión para que traspasaran el perímetro de la propiedad. Los escoltas miraron la pequeña zona iluminada, decidieron que sería peligroso entrar por la puerta delantera así que no quisieron arriesgarse.

NO TRASPASAR

Decía el letrero en la entrada de la mansión, estaba enmohecido y la cadena que lo sujetaba estaba oxidada. Cualquiera creería que ese sería un muy mal lugar para reunirse ya que era una absoluta trampa de turistas.

Con mucho cuidado, los guardias pasaron el letrero y entraron por la puerta trasera de la mansión (la entrada de servicios), esta rechinó y crujió antes de abrirse por completo, caminaron por el oloroso piso de madera enmohecida, entraron a la sala de estar, estaba llena de tablas rotas, algunas quemadas por incendios pasados o comidas por termitas. Se dirigieron al comedor, estaba hecho de marfil, polvoso por el tiempo. Vieron entonces el lava vajillas, ubicado junto a la alacena de la cocina, algunos platos con comida totalmente echada a perder con unas cuantas moscas y cucarachas alrededor; oyeron un ruido proveniente de detrás de una puerta al final del corredor, cuando la abrieron notaron que era la habitación de huéspedes, había una cama llena de resortes saltones e insectos, al dase cuenta el ruido había desaparecido. Vieron una rata y salieron. Llegaron a la sala para bailes, (usada en fiestas) los mosaicos estaban rotos y las cortinas rasgadas. Subieron por las escaleras de marfil en forma de caracol para finalmente llegar al tercer piso (el anterior del cual provenía la luz), había dos habitaciones y el ruido que escucharon en la habitación de huéspedes se oía de nuevo, un poco más fuerte.

Fueron a la habitación del lado izquierdo, la cual, para su sorpresa y desagrado era el baño, descompuesto extraordinariamente; quién quisiera comprar esa casa, obviamente debía hacer un muy buen mantenimiento: el lavabo roto y enmohecido, las esponjas verdosas, el retrete lleno de agua color barro, la regadera completamente oxidada, y sin nada de cuidado registraron cada rincón. Las telarañas eran abundantes, pero los guardias no se resignaban; revolvieron todo, sin dejar un rincón sin revisar y de nuevo no encontraron nada. Asustados se dirigieron a la otra habitación, la cual resultaba ser el cuarto del pequeño Jacovitch, el hijo de los señores Fellon. La muerte de Jacovitch fue en condiciones misteriosas, ya que lo encontraron a un costado de la fuente de la plaza encadenado a una silla con la cara llena de cicatrices profundas.

Había varias teorías acerca de la muerte de Jacovitch, una de ellas decía que él pequeño era muy abusador con sus compañeros, y ellos decididos a vengarse de él, lo ataron a la fuente y los perros del pueblo lo habían desgarrado hasta matarlo. Otros decían que Jacovitch fue secuestrado, pero jamás se dio noticia de ello, y cómo sus padres no dieron el precio del rescate, lo asesinaron. Había otra teoría diciendo que el asesinato de Jacovitch fue como escarmiento a la familia Fellon y como una advertencia para que ellos se largaran del pueblo.

Cuando los guardias escucharon el ruido, proveniente de la cama del niño Fellon, divisaron que una figura sombría salía con ojos azules y una boca gigante; medía unos tres metros de alto, mostraba sus asquerosos dientes amarillos y completamente disparejos, rugió y los guardias levantaron sus armas, dispararon y le dieron a su blanco de lleno en el estómago. Las balas cayeron sin hacer daño aparente, la criatura alzó la cola y tomó por la cintura a uno de ellos, este forcejeó, el monstruo actuó sin compasión y apretó como una boa constrictor al hombre que había tomado; se retorció, quedó inmóvil y ya muerto, explotó; los demás guardias intentaron derribar al monstruo, obviamente sin éxito ya que éste se defendía muy bien. Los sobrevivientes corrieron y lograron aislarlo cerrando con llave la habitación y poniendo varias cosas para tapar por completo la entrada.




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