Transformación
Harriet
Hoy, por fin, voy a hacer contacto con mi loba interior.
Estoy feliz… sí. Pero también tengo miedo. Porque eso significa que tendré que buscar a mi otra mitad. Y no es que no la quiera… claro que la quiero, pero con todo lo que he visto, no sé si realmente deseo una pareja.
Además, tengo otra gran responsabilidad: ser la Beta de esta manada, Flor de Luna. Tomaré el mando después de terminar mis estudios.
Vivo sola con mi padre, el Beta —obvio—. Mi madre murió hace diez años. A veces pienso que papá sigue viviendo solo por mí… su amor es tan grande. Otras veces creo que quizá tenga otra destinada… y la verdad, no me molestaría. Aún se ve joven.
—Harriet, nos vamos, nena —me llama desde la planta baja.
—¡Ya voy!
Solo espero que el Alfa degenerado no esté con una de sus “amiguitas”. Y más me vale no tener que hacer de niñera otra vez.
—Lista, padre.
Me observa de arriba abajo y frunce el ceño.
—¿Qué? —pregunto, revisándome.
Todo está en su lugar.
—Hoy dejas de ser una niña… —dice con tristeza—. Me gustaría que tu madre estuviera aquí.
—Lo está, papá. La Diosa Luna la dejará acompañarnos —lo abrazo.
—Eres igual de positiva que ella.
Le doy un beso y salimos.
Al llegar a la casa del Alfa, entramos al comedor… pero él no está.
—Ve a buscar a Burke.
Lo miró con incredulidad.
—Papá, él puede venir solo.
—Harriet.
Suelto un suspiro. Subo las escaleras y, a medida que avanzo, los ruidos me hacen detenerme.
Gemidos.
Cierro los ojos con fastidio.
—Maldita sea… —gruñe él.
—Burke… dame más…
Apoyo la frente en la puerta.
Ese dolor en el pecho… otra vez.
No entiendo por qué me afecta tanto.
Abro la puerta de golpe.
—Buenos días, Alfa. Mi padre lo espera —digo con frialdad.
—Lárgate de aquí.
—Con gusto.
—Tú no —añade, mirándome—. Pásame mis pantalones.
La chica recoge sus cosas y sale corriendo, avergonzada.
Una más a la lista. Pobre tonta.
—Soy tu futura Beta, no tu sirvienta.
—Y por eso debes estar a mi lado siempre —dice, pasando su brazo por mi hombro.
Lo aparto con brusquedad.
—Ni en tus sueños. Apresúrate, debo ir a clases.
—No necesitas estudiar. Tienes toda una eternidad.
—Prefiero disfrutar mi juventud.
—Como quieras, mocosa. Iré a ducharme. No te muevas.
Claro… como si fuera a obedecer.
Burke es… atractivo.
Alto, casi dos metros. Musculoso. Cabello oscuro, ojos azules, barba perfecta… un maldito adonis.
Y aun así, es un idiota.
Cada día, una mujer distinta.
Compadezco a su futura Luna.
Aunque es unos años mayor que yo, es un inmaduro.
—¿Dónde está el Alfa? —pregunta papá.
—Duchándose.
—¿Por qué debemos comer con él? —me cruzo de brazos.
—Prometí cuidarlo.
—Tú, no yo.
—Amor…
—Buenos días.
Nos sentamos a desayunar en silencio.
—Papá… ¿debería buscar a mi pareja después de la transformación? ¿O me espero un poco?
—No deberías —responde Burke.
—¿Por qué?
—Te ataría a una sola persona.
—¿Por eso no buscas a tu Luna?
—Sí. Sería aburrido.
Niego con la cabeza.
—Llamas a tu vida libertina diversión —me levanto—. Me voy, llegaré tarde.
—Ten cuidado.
—No quieres que te lleve —se ofrece Burke.
—No gracias tengo mi medio de transporte.
—Te vas en esa cosa.
Lo miró.
—¿Quién crees que me enseñó a manejar?
Le recrimino, ya que fue él quien me enseño andar en moto.
—La dejaras ir hay, me quedaré sin beta.
Gran tonto.
—Para algunas cosas te haces viejo y para otras eres un inmaduro.
꧁✿✿꧂
Por la noche, nos dirigimos a la montaña para la ceremonia. Debemos estar antes de que la luz del aurora boreal se alce.
Es una tradición de la manada, según con el toque de la luz boreal nuestros lobos toman fuerza y nos ayuda a unirnos, claro que antes de ello tenemos un rito para ser bendecido por la luz boreal en conjunto con la luz de Luna.
El aire está cargado de energía.
—¿Estás emocionada? —pregunta papá.
—Sí… y no.
—¿Qué pasa?
—No quiero encontrar a mi pareja.
Papá se sorprende.
—Es lo más hermoso que tendrás.
—No para mí.
Lo miro.
—¿Te guardaste para mamá?
Él suspira.
—No. Pero después de ella, no hubo nadie más.
—Ese es el problema. Yo quiero ser la primera en todo… y que él también lo sea conmigo.
Papá sonríe.
—He criado a una loba exigente.
—No es exigencia… es lo justo.
Miró hacia el bosque, ya quiero conocer a mi loba, correr con ella.
Al llegar donde se hará el ritual me acerco al árbol lunar, me arrodillo.
—Madre luna sé que es mucho pedir, pero no me des una pareja aún… por favor.
Me levanto, antes de ir con los demás camino un poco para calmar mi ansiedad.
—Alfa Burke —gime una mujer.
Es que tengo la desdicha de presenciar estos actos indecorosos.
No podía esperar que terminara la ceremonia, estupido gigolo.
Me alejo de ellos con el estómago revuelto y regreso con los demás.
Veinte minutos después, Burke aparece como si nada… acompañado de la misma loba que ahora dirigirá la ceremonia.
Cierro los ojos con fastidio.
Claro… tenía que ser ella.
—Buenas noches, lobos jóvenes —dice con voz firme—. En breves momentos dará inicio la ceremonia de iniciación como lobos adultos. Hoy obtendrán el privilegio de conocer a su otra mitad interior… y, si así lo dispone la Diosa Luna, también a su destinada o destinado.
Dejo de escuchar.
Sus palabras me resultan vacías.
Solo quiero terminar con esto… y largarme de aquí.