Algo asi como un novio

Capítulo 11. Lo siento

El agradable aroma de su cuerpo, la suavidad de sus manos, la voracidad de los besos que están compartiendo y la calidez que emanan sus cuerpos tienen sus sentidos completamente obnubilados, no hay percepción del tiempo o del espacio. Allí en la intimidad de su casa, disfrutan de besos y caricias sin importar mucho más que ellos mismos. Solo son conscientes de sus propios cuerpos, de sus propios deseos, de lo necesitados que están por sentirse mutuamente.

Es pasada la media noche y solo la falta de aire les permite abrirse un espacio, que les sirve para recordar el lugar donde se encuentran y que muy probablemente sus hermanos están escuchando la falta de palabras entre ellos y, muy posiblemente, han observado sus demostraciones de afecto.

Al otro lado de la calle, en la oscuridad proporcionada por un árbol, que no deja pasar la luz del alumbrado público, se encuentra agazapado un hombre, que con sus ojos azules, oscurecidos por la rabia, observa a través de la ventana de la sala la escena que Federico y Jacqueline protagonizan.

Siente mucha rabia, tanta que si pudiera molería a golpes a ese estúpido que está tocando a su mujer. Así es como él la ve aún, como su mujer y nada va a cambiar eso, esta dispuesto a cualquier cosa con tal de hacer que ella vuelva con él.

No para de pensar en lo estúpido que fue cinco años atrás, cuando todo le estaba saliendo mal y ninguna de las cosas que hacía por mantenerse a flote económicamente le salían bien. Intentó trabajar en el restaurante de un suizo que ofrecía muy buenas comidas, en un sitio bastante discreto frente a la Universidad y pronto se dio cuenta que la relación entre ambos hombres no era lo suficientemente buena para trabajar juntos, luego lo intentó haciendo de intermediario de algunos productos y tampoco le dio resultado, cuando quiso montar una panadería en sociedad con otro alemán no contaba con el dinero suficiente para hacerse socio.

Cada día se le cerraban más las puertas y sus gastos no daban tregua, si bien los gastos llegaron a ser compartidos, aún seguía gastando demasiado y mes a mes los números en su cuenta iban disminuyendo. Sintió cierto alivio económico cuando sus suegros murieron y se fueron a vivir a la casa de ella. Aun así no lograba encontrar algo que le diera ingresos fijos como para sobrevivir.

Su preocupación fue calando en su interior de tal forma que se sentía abrumado permanentemente, cuando los números no llegaban a cuatro dígitos sintió que no podía mas. Solo hizo lo que por muchos vio a su padrastro hacer, desahogarse con la mujer que tenía en frente. La sentía responsable por su crisis. Ella con su constante positivismo y su frasecita tonta "Dios tiene el control de todo", lo sacaban de quicio.

Ese llanto permanente y la tristeza que despedía por la muerte de sus padres terminaron por hartarlo e hizo lo que se propuso no hacer nunca, lastimar físicamente a la mujer con la que compartía su vida, perdió el control de sus emociones y de sus acciones, ya no quedaba nada de él para rescatar.

Solo le quedaba la opción de que ella le devolviera algo de lo que había gastado desde que llegó para casarse. Tendría que presionarla. Lo que nunca se imaginó fue que dejarse llevar por el deseo una vez más, terminaría en lo más bello que ha visto en su vida, su hija. Su bella Lía Isabel.

Cuando actuaba como loco se sentía poderoso, podía hacer algo que lo desahogaba y lastimosamente prestó sus oídos para los comentarios de un viejo zorro que con su acento nasal, lo impulsaba hacer cosas para presionarla a darle el dinero. El francés de ojos verdes, que se había convertido en su única amistad en esta ciudad, conocía muy bien la lenta justicia colombiana y lo sumisas que se muestran ante la presencia de un extranjero, así que le indicó que podía hacer y cómo hacerlo para presionarla a ella y conseguir el dinero y él como estúpido lo hizo.

Cuando se dio cuenta ya había hecho cosas horribles y solo cuando se vio con menos de cien euros, miró la única opción que le quedaba, volver a su país, trabajar, ahorrar algo de dinero y regresar a conquistar a la madre de su hija.

El último día que la vio antes de partir, fue muy triste para él. Sabía que la había herido y a él mismo en el proceso y se arrepentía, pero ya no podía cambiar el pasado, solo quería pensar en el futuro y en las cosas que haría para tener esa familia que nunca debió perder.

Ahora, ver a la mujer con la que se había casado seis años atrás, besando a otro hombre le hace hervir la sangre y siente la necesidad de golpear algo para desfogarse y sacar ese exceso de rabia que siente que lo va hacer explotar en cualquier momento.

No quiere ver cómo podría terminar esa escena, por lo que decide irse, pero su mente no deja de maquinar que hacer para hacerla cambiar de parecer, algo debe hacer, no se va dejar quitar su familia, en este momento su ego masculino está siendo pisoteado por un niñato, un riquillo de quinta categoría que se cree mejor que él.

***

La rutina de la nueva semana inicia y con las fuerzas renovadas por la sesión de besos de la noche anterior se va a trabajar, mientras conduce su mente no deja de pensar en el vuelco que ha dado su vida en la última semana, se siente otra persona. Le gusta lo que siente cuando está con Federico, siente que hay esperanzas para ella, que si su relación se acaba hoy o mañana, podría quedar con la satisfacción de que probó y experimentó algo para ella y se dio cuenta que su vida puede tener un poco mas, que solo ser una madre soltera, que vive para trabajar y criar a su hija. Una luz roja le indica que debe esperar y su mente se va innegablemente a lo que esta viviendo con ese hombre. Han compartido mucho en estos días y siente que se conocen de mucho tiempo atrás.

Cuando el semáforo cambia, la bocina del carro de atrás la devuelve a la realidad y pone en marcha su "canica". No deja de pensar en lo que está por venir. "Él tiene treinta y dos años y yo veinticinco, no somos precisamente adolescentes, no creo que se conforme solo con besos y yo no sé si esté preparada para tener intimidad con alguien, aunque ese alguien sea Federico".




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