−Aquí están sus libros muchachos− alejé mi mirada de Mark para ver a la mujer acercarse con dos libros en sus manos− acompáñenme para hacerles el recibo.
Ambos seguimos a la mujer al escritorio en donde estaba antes, nos cobró lo debido por cada libro y salimos de la biblioteca no sin antes despedirnos de la amable mujer. Abrí los seguros del auto y guardé mi libro en el maletero esperando que Mark hiciera lo mismo.
−Puedo llevarlo adelante conmigo− habló.
−Bueno −cerré la puerta y me quedé junto al auto− ¿Qué te gustaría hacer ahora?− miré a Mark esperando una respuesta.
−¿Haremos algo más? Creí que solo veníamos por los libros− habló con cara de confusión.
−Bueno pensé que podíamos hacer algo más, ya que estábamos aquí.
−Si… bueno no lo sé… no conozco muy bien aún.
−¿No has visitado la ciudad aun?
−Solo conozco la biblioteca, y alguno que otro parque.
−Espera, me dices que… ¿no has recorrido nada?− el chico negó con la mirada en el piso− Entonces ya sé qué haremos, sube−
Ambos subimos al auto y comencé con mi recorrido, primero le mostré el museo natural, uno de los sitios más famoso. Podía ver la emoción de Mark, al parecer había ido hace muchos años, pero al ser tan pequeño no había podido disfrutar tanto la belleza del lugar. Tomamos fotografías y compramos recuerdos. Luego lo lleve para pasear por el mercado más concurrido de la ciudad en donde compramos algunas cosas que nos parecían lindas o útiles. Ambos íbamos de regreso al auto con bolsas llenas de las cosas que adquirimos en lo que iba de tarde.
−Esto me encantó− En sus manos había un lindo marca páginas con la imagen de unos lobos en la oscuridad de la noche mirando la luna, era de color plateado con pequeñas incrustaciones de brillos violetas, las orillas del recuerdo estaban bordadas a mano y desde el borde superior le salía una pequeña cola de hilos de colores.
−Es bonito, pero mi llavero es mejor− puse mi mano con el objeto frente a sus ojos −Gracias por elegirlo, no habría podido decidir entre este y el del árbol.
−No hay de que, este es mucho más bonito que el del árbol.
−Ahora iremos a mi lugar favorito −le hablé luego de unos segundos en silencio.
−¿Cuál es?
−Sorpresa, pero primero vamos por un helado ¿o prefieres un café?− el castaño lo pensó unos segundos para luego asentir con la cabeza seguro.
−Helado.
−Bien− le tomé el brazo y lo arrastré.
−Pero tú auto…
−No te preocupes vendremos por el después, aún tenemos un rato para compartir.
−Aaron −miré al chico− ¿Puedo guardar mis cosas en el auto?− me reí por la ternura en sus palabras.
−Dame eso− tomé las bolsas y las guardé junto a mis cosas, para cerrar bien y comenzar a caminar.
−¿Dónde vamos?− Mark caminaba a mi lado con la mano en sus bolsillos.
−Que impaciente eres− nos reímos juntos− ya te dije, vamos a la heladería.
−Pero después, tu lugar favorito.
−Tu impaciencia Mark.
−Lo siento, soy impaciente− volvimos a reír.
−Créeme que lo noté, entonces apresurémonos.
Caminamos los metros que nos separaban de la heladería y entramos para cada uno pedir un delicioso postre. Como era usual pedí un helado de brownie con helado de chocolate y Mark eligió uno de Sandía con salsa de frutilla. Pagué ambos helados sin dejar al castaño reprochar y salimos en dirección a mi lugar de tranquilidad.
−Hemos llegado− hablé mientras me sentada sobre el césped del amplio parque un poco desolado.
−Es muy tranquilo aquí− Mark se sentó a mi lado mientras disfrutaba de su helado.
−Por eso amo este lugar, no suele haber mucha gente, así que vengo para leer o para componer, a veces cuando me siento un poco estresado me siento aquí a mirar a las personas pasar− sonreí sin darme cuenta− Ahora conoces mi lugar, puedes usarlo cuando quieras.
−Muchas gracias entonces – ambos nos reímos fuerte. Nos quedamos un rato hablando de temas varios, conociéndonos y jugándonos pequeñas bromas, como cuando manché su mejilla con helado.
−Oye no hagas eso− habló riendo para llego ensuciar mi nariz con helado de sandía.
−Ahora para terminar el día vamos a pasear− me levanté y ayude a Mark a levantarse. Salimos del parque y seguí el camino que tantas veces he tomado para liberar mis pensamientos.
Caminábamos uno al lado del otro por el camino que se encontraba a un lado del río que cruzaba parte de la ciudad, la tarde ya había caído y el cielo estaba tomando una tonalidad rojiza oscura, veía a Mark por el rabillo del ojo, su expresión tranquila acompañaba a sus ojos muy abiertos admirando como el cielo se perdía en la lejanía y como se fundía con el río formando un panorama digno de una pintura.
−Gracias por mostrarme tantas cosas Aaron, me divertí mucho.
−Es bueno saberlo, yo también me divertí, deberíamos salir de nuevo.