CAPÍTULO 1: ¡Soy un chico!
PARTE 3 de 3
— Por favor, márchate. —Enfatizó nuevamente Mike con gesto femenino y endulzando su tono ante la mirada expectante y consternada del público.
— Ey, que buena estás. Tú y yo podemos pasar un buen rato. —Enunció dando palos de ciego de un lado a otro Carlos, aproximándose a un Mike en el que su expresión se tornaba cada vez más seria a cada paso que daba hacia él.
— Como parece que no atiendes a razones—expresó el joven rubio con determinación mientras se recogía el vestido para desgarrarlo; dejando a la vista de todos, el liguero que llevaba puesto—. tendré que aleccionarte a las malas.
Cada zancada que daba Carlos resonaba en cada esquina de la estancia. La gente estaba ansiosa por el espectáculo que veían sus ojos; el cual, era un disfrute y deleite del que iban a chismorrear por las próximas semanas, ya que era visible que las futuras acciones de Carlos en los próximos catorce segundos hacia Mike no iban a ser nada buenas. Ninguno de los presentes tenía intención de inmutarse de su sitio, al contrario, lo esperaban con gran afán. De tal manera que, todos sacaron sus móviles de alta gamma para capturar en vídeo aquello que circularía por semanas en las redes sociales. Así era la mayoría, no solo de la élite, sino de todas las personas del mundo en la actualidad.
Sin embargo, aquello que esperaban criticar y que se volviera un mantra o un tema de actualidad; no se dio, o al menos no como la gente esperaba. Ya que Mike, una vez tuvo a Carlos a unos pocos centímetros de él, agarró su muñeca con agilidad y técnica, para hacerle una llave de judo que lo noqueó en el instante que Carlos tocó el suelo.
— Personas como tú no tienen cabida en esta sociedad. —Certificó Mike sacudiéndose las manos mientras recibía los aplausos y vítores de la gente.
— Lo has dejado sin aliento. —Le dijo Johnny a Mike después de mirar el cuerpo tendido de Carlos en el suelo para levantar el pulgar en gesto de felicitación—. No esperaba menos de un cinturón negro de judo. —Finalizó la frase sacándose la chaqueta para colocarla en la silla más cercana y coger el cuello de la camisa de Carlos—. Lo dejaré al lado de la basura y ahí que se las apañe.
Toda la atención estaba puesta sobre Mike perdiendo de vista a los dos individuos que se encontraban sentados sobre el suelo.
— Ven conmigo, hay un botiquín en el vestíbulo. —Le pidió Emily a Andrés con miedo a ser rechazada.
— No hace falta…
— Déjame agradecértelo de alguna manera. —Le interrumpió la joven extendiéndole la mano.
Gesto que, a regañadientes, Andrés aceptó. Y conforme Mike veía como su compañero salía por la puerta junto a Emily, por la misma entrada aparecía Diana con el rostro apenado sentándose en una de las mesas de la estancia.
La duda y el miedo recorrieron los pensamientos de Mike. No sabía si acercarse a ella o simplemente alejarse. Pero de lo que sí estaba seguro era que, esa, era una oportunidad que no podía dejar escapar. Así que con un ritmo dudoso se aproximó a la mesa donde Diana estaba sentada sola.
— Perdona mi descaro, pero ¿estás bien? No tienes buena cara. —Le preguntó Mike, con toda la valentía que pudo, sin olvidar agudizar el tono de su voz.
—¿Tú no eres la acompañante de Andrés?
— Sí…—asintió Mike sentándose en la silla, a la diestra de la joven, sintiendo como si le clavaran un puñal en el centro de su ego.
— Las personas son muy complicadas, —musitó Diana después de unos segundos de silencio que para Mike fueron eternos—. a veces no comprendo por qué debo aceptar todo lo que se me impone.
Al mismo tiempo, en el vestíbulo de la entrada del hotel, en una de las fuentes a la esquina del enorme vestíbulo, Emily trataba las heridas de Andrés.
— No era necesario que hicieras eso por mí. —Le comunicó Emily limpiándole con algodón el corte del labio.
Después de un año separados, era la primera vez que Emily hablaba y estaba con Andrés a solas. Y como temía, su corazón todavía seguía acelerándose a su mínima presencia, a su mínimo aliento, a su sutil pero grave voz.
— Si hubiera sido otra persona también habría reaccionado de la misma forma. —Le expresó Andrés haciendo gestos de desagrado cada vez que el algodón tocaba su labio inferior.
— Andrés… ¿sigues sintiendo algo por mí?
—¿Cómo no, Emily? —expresó airado Andrés alejándose de ella apoyando los brazos sobre los muslos—. Sigues pensando que eres la última botella de agua en el desierto.
— Desde que lo dejamos no te he vuelto a ver con ninguna chica.
— Más bien desde que me engañaste. —Le corrigió con una expresión ensombrecida, mirándola directamente a los ojos—. Pero te equivocas, la persona que he traído es mi pareja y estoy muy bien con ella. Podría incluso decirte que es lo mejor que me ha pasado.
Finalizó Andrés la conversación levantándose del borde de la fuente para irse, no obstante, Emily lo agarró de la muñeca deteniéndolo en el camino; reaccionando éste apartando la mano.
— Los dos sabemos que esa chica no es tu novia. Debe ser alguna amiga que has traído para darme celos. —Le gritó desesperada Emily conforme veía a Andrés alejarse de ella.