CAPÍTULO 3: Sopa de sentimientos
PARTE 2 de 5
El sonido de la campana indicaba el final de las clases. El grupo de Mike y Emily se encontraba reunido en el pasillo.
—¿Vamos todos a la entrada? He quedado con Adrián ahí. —Les propuso Emily.
—¿Otro de los tantos que añades a tu lista? —le recriminó Andrés sin mirarla.
— Y si fuera así ¿tienes algún problema? —se giró ella a él con gesto de provocación.
— En absoluto, eres libre de salir con todos los que desees. —La respondió mirándola directamente a los ojos.
— Bueno chicos, el ambiente se está caldeando demasiado. —Intentó calmar la situación Johnny poniéndose entre la expareja.
— Cierto. —Sentenció Oscar cogiendo del brazo a Mike—. Respecto a lo que has dicho, mejor nos encontramos todos en la entrada. Nosotros tenemos algo que hacer.
— Está bien. —Respondió Emily después de unos segundos de silencio levantando una ceja, sim embargo, cuando comenzaron a caminar Anna y ella, Emily se percató de que Diana no se movía de su sitio—. ¿No vienes?
— Ahora nos vemos. Tengo que coger unas cosas en la sala de profesores. —Le dijo Diana con una falsa sonrisa.
Mientras las jóvenes se marchaban, un silencio sepulcral se instauró en el ambiente en el momento en el que Diana, en vez de ir dónde había mencionado, se giró hacía los chicos y se les quedó mirando.
—¿Pasa algo? —preguntó Oscar sin soltar a su compañero.
—¿No vais a vestir a Mike de chica? —les preguntó ella señalando al susodicho.
—¿Cuánto sabes? —contra preguntó Oscar con expresión mafiosa.
— Disfrazáis a Mike de chica para que Emily no sepa que Andrés está saliendo con un chico.
—¿Qué los dos están saliendo? —espetó Johnny justo antes de llevarse la mano a la boca y partirse de risa junto con Oscar, mientras Mike suspiraba del agobio y Andrés se hacía el tonto.
— Sí, cierto… —le confirmó Andrés antes de señalarla—. Pero ¿por qué te quedas aquí?
—¿Alguno de vosotros sabéis cómo maquillar a una mujer? —les preguntó ésta mirándolos uno por uno con los ojos entornados sin obtener respuesta alguna.
Diez minutos más tarde, en uno de los tres edificios de gimnasia de Atlanta, Mike ya estaba vestido con la ropa que le había prestado la prima de Andrés. No obstante, a diferencia de la última vez, que pudo hacerles el favor, ese día trabajaba, por lo que tuvo que escribirle todas las indicaciones e instrucciones para transformar a su amigo en una mujer. Por suerte, Diana ya estaba al tanto y al encargarse ella, no tuvieron la necesidad de hacerse responsables de tan tediosa y complicada tarea.
— Ahora solo falta maquillarte. —Le comunicó Diana a un Mike sentado en el banco conforme se hacía ella una coleta alta por el calor que le provocaba el cabello.
Johnny al verla tragó saliva sin poder apartar a la vista la mujer que tenía en frente.
— No hay nada mejor de una mujer con el pelo largo con su nuca al descubierto por una coleta alta y con gotas de sudor por su cuello. —Mencionó en alto sus pensamientos seguido de la certificación de Oscar y Andrés que también la miraban por el mismo motivo.
La joven comenzó a acercarse a Mike para pintar sus finos, pero rojos labios. El aroma embriagador que desprendía Diana despertaba todos los sentidos del joven rubio. Al tenerla tan cerca, no podía dejar de mirarla, pensando que aun estando tan próxima a él se veía igual o más guapa si cabía; que sus labios, bañados en un bálsamo humectante eran carnosos y tentadoramente comibles… Mike no se había dado cuenta que mientras esas ideas vagaban por su cabeza, sus ojos se posaron sobre la boca de Diana y que cuando ésta le miró, Mike intentando que Diana no le pillara, cruzaron sus ojos estando a unos pocos centímetros el uno del otro. Provocando que los dos se ruborizaran al instante y alejaran su vista para mirar lo primero que localizaran de la habitación.
— Ya está. —Añadió Diana intentando cortar la incomodidad cerrando el rímel.
— Sinceramente, es una pena que no seas una mujer. Serías toda mía. —Dijo Johnny recorriendo con la vista todo el cuerpo de su amigo.
— Eso es perturbador. —Expresó Andrés mirando a Johnny arrugando el entrecejo.
— No seas tan duro con él, no tiene la culpa de ser más guapo de mujer que de hombre. —Manifestó Oscar con una sonrisa en la boca.
—¡Dejad de meteros con él! —les recriminó Diana para que se callaran.
— Lo sentimos, Diana. —Se disculparon serviciales Johnny y Oscar.
—No tiene nada de malo ser andrógino. En carnavales podrás disfrazarte de lo que más te guste sin necesidad de muchas cosas. —Agregó Diana con inocencia, sin ninguna maldad, sin embargo, los amigos de Mike comenzaron a reír a carcajadas cayéndose, incluso, al suelo de la risa.
Quince minutos después, todos se dirigieron a la entrada donde esperaban Anna y Emily acompañadas de Adrián.
—¿Dónde estabas? —le preguntó Emily a Diana irritada por la tardanza.
— Cuando salía de la sala de profesores vi a los chicos, que me dijeron que iban a buscar a Micaela. Así que los acompañé.