CAPÍTULO 3: Sopa de sentimientos
PARTE 3 de 5
Todo el grupo se encontraba en la entrada del parque de atracciones. Y aunque el furor del ambiente en el lugar era grato, la tensión entre ellos era palpable.
— Después de mucho tiempo por fin vuelves a tu pueblo natal. —Mencionó Emily a Diana intentando cortar la tirantez—. ¿Estás contenta?
— Sí… aunque para mí es como si nunca hubiera estado aquí.
—¿Y eso por qué? —preguntó Johnny intrigado.
—Por nada en especial… ¿Quién quiere chufas? —comenzó a caminar Diana haciéndose la tonta mientras Andrés la observaba con incertidumbre.
—¿Dónde deberíamos ir primero? —consultó Emily abriendo el tríptico del mapa del parque.
—¡A la casa del terror! —gritaron exaltados, Andrés, Oscar, Johnny y Mike.
— Mmm... sé que tú eres un obseso del terror… —dijo Emily señalando a Andrés con una manicura perfecta de ochenta euros—. Pero ¿y vosotros?
— Siempre que vamos a una feria lo primero que hacemos es ir a la casa del terror. —Le comunicó Oscar.
— En el caso en el que la tengan, claro. Se ha vuelto una costumbre entre nosotros. —Añadió Johnny.
—Con el poco tiempo que lleváis juntos, —señalando a Micaela—. ¿hasta tú haces las cosas frikis del grupo de Andrés?
—Qué le vamos a hacer, estamos hechos el uno para el otro, Emily. —provocó Andrés a su exnovia cogiendo de los hombros a Mike que se puso tenso al instante—. ¿Tienes algún problema?
—Para nada. —Respondió ella escondiendo la cara de asco—. Bueno, si todos estáis de acuerdo. Vamos a la casa del terror.
—¿La casa del terror? Emily, sabes que le tengo pavor a esas cosas. —Le susurró Diana cerca de su oído para que nadie la escuchara mientras caminaban.
— No tengas miedo, solo son personas disfrazadas haciendo uso de mucha pirotecnia y atrezo. Además, puedo aprovechar ese momento para darle celos a Andrés.
—… ¿Por qué no lo dejas ya? Tiene pareja.
— A mí me dirán lo que quieran, pero sé que todo esto es una farsa.
— No te rindes nunca. —Afirmó Diana suspirando profundamente.
— Algo bueno que heredé de mi padre.
Habiendo una vez el grupo entrado en la casa del terror, todo el atrezo, los sonidos de ultratumba junto con algún que otro fuego o luz bien colocado, cumplieron con las expectativas de los jóvenes.
Emily hacía honor a su palabra de poner celoso a Andrés gritando de miedo y aferrándose a su acompañante como una lapa, no obstante, los alaridos que más se escuchaban, y podrían haberse oído a doscientos metros, eran los de Diana que sin percatarse estaba agarrada fuertemente a los brazos de Andrés.
— Lo…lo…lo siento. —Se disculpó la joven temblorosa soltándole cuando se percató del agarre.
— No te preocupes. —La tranquilizó con una seriedad que no era habitual en el reconocido “gigoló”.
—¿Quieres que salgamos? —consultó Mike a Diana al percatarse de cómo le temblaban las manos—. Podemos esperarlos fuera si no te gustan estas cosas.
Como siempre Mike era un encanto. Por ese motivo Diana se fijó en él. Siempre lo observó desde la distancia viendo lo desinteresado y amable que era con las personas que lo rodeaban sin esperar nada a cambio. Pese a parecer una persona con la que se podía socializar, Diana siempre percibía que con ella; Mike se sentía incomodo, como si no deseara estar con ella y mucho menos a solas.
Con una leve sonrisa, le certificó que deseaba salir de ahí. Por lo que Mike la rodeó con un brazo envolviendo sus hombros y comenzando a caminar con ella. Mike Hunn no se había dado cuenta de lo cerca que estaba de la chica que le gusta, mucho menos el contacto que estaba teniendo el uno con el otro, solo deseaba dejar de verla sufrir y calmarla como fuera.
— Os esperamos en el puesto de comida que hay enfrente. —Les comunicó desde lejos a Andrés que siguió a la pareja dejando a sus compañeros y principalmente a Emily que lo observaba con desesperación.
—¿Estás bien? —consultó su acompañante a Emily.
— Sí. No ha sido nada. —Respondió ella soltando su brazo.
Si bien, exteriormente Emily podía parecer perfecta, se sentía profundamente frustrada. Hacía tiempo que ella y Andrés no hablaban, pero la forma en la que actuó en la fiesta, esa noche, hizo que tuviera la esperanza de creer que Andrés todavía seguía albergando sentimientos hacía ella. Sin embargo, no la prestaba la más mínima atención, peor aún, por alguna razón, la persona de la que seguía profundamente enamorada no le quitaba los ojos de encima a su mejor amiga cuando ella no se daba cuenta.
Los tres, Mike, Andrés y Diana, se sentaron en una de las mesitas del puesto de comida.
— No sabía que fueras tan asustadiza. —Por primera vez, en todos los momentos que había estado con Diana, le dijo Mike con una sonrisa natural.
— Sí…bueno… tengo que evitar alterarme mucho. —Contestó ella ruborizada.
—¿Por qué? —preguntó Mike.
— De pequeña tuve un accidente y desde entonces tengo ataques de ansiedad.