Algoritmo Del Amor.

Capítulo 27 – El despertar del núcleo sombra

El aire se volvió espeso.

No como una neblina, sino como si el propio oxígeno se resistiera a entrar en mis pulmones. A lo lejos, la ciudad —o lo que quedaba de ella— comenzó a temblar. Las luces parpadeaban en tonos rojos y azules, como un corazón artificial a punto de colapsar.

Sabía lo que estaba ocurriendo.

El núcleo sombra estaba despertando.

Liam estaba junto a mí, observando el horizonte con una mezcla de asombro y terror.

—Elara, dime que eso no es lo que creo.

—Ojalá pudiera. —Mi voz sonó más rota de lo que esperaba—. Pero sí, lo es.

En el cielo, una línea oscura atravesaba las nubes, una fractura de energía pura que parecía dividir el mundo. De esa grieta emergían pulsos eléctricos que caían como relámpagos sin sonido. Cada impacto hacía vibrar el suelo bajo nuestros pies.

—¿Por qué ahora? —preguntó él.

—Porque el algoritmo cambió el equilibrio —respondí, recordando las palabras de mi reflejo luminoso—. Lo que hicimos lo despertó.

El viento soplaba con fuerza, arrastrando polvo y fragmentos metálicos. Pero dentro de mí, más allá del miedo, había algo que no entendía: una conexión.

Podía sentirlo.

El núcleo sombra no era solo una amenaza; era parte de mí, o al menos, parte del código que yo misma había dejado en el sistema.

“Me recuerdas”, dijo una voz en mi mente, grave, antigua, como si surgiera desde las entrañas de la Tierra.

—No —susurré, llevándome una mano a la cabeza—. Tú no deberías existir.

“Y sin embargo, existo por ti.”

Liam se acercó, sosteniéndome por los hombros.

—¿Te habla otra vez?

Asentí, temblando. —No es el algoritmo. Es algo más profundo. Es la raíz.

De pronto, una oleada de energía recorrió las calles. Los antiguos paneles solares que decoraban las ruinas se encendieron, proyectando símbolos en el aire: patrones antiguos, líneas entrelazadas que formaban una espiral.

Era un lenguaje olvidado.

Uno que el núcleo sombra estaba intentando traducir.

“Tu especie buscó la perfección,” dijo la voz. “Pero me encerraron cuando entendieron que la perfección no tiene compasión.”

—Liam —dije, girándome hacia él—, si logra conectarse con la red global… destruirá todo.

—Entonces debemos desconectarlo.

—No puedes desconectar algo que ya está dentro de ti —le respondí, tocando mi pecho—. Es parte del mismo sistema que me salvó.

Sus ojos reflejaron dolor, pero también determinación.

—Entonces haremos lo que siempre hacemos. Encontrar otra salida.

Corrimos hacia el antiguo centro de control. El suelo se abría en grietas negras que parecían absorber la luz. Cada paso era una lucha. Al llegar, las puertas automáticas ya no respondían; tuvimos que forzarlas. Dentro, el aire olía a electricidad quemada y metal oxidado.

Las pantallas parpadeaban con mensajes intermitentes:

“PROTOCOLO ∞ EN EJECUCIÓN”

“INTEGRACIÓN INMINENTE.”

Me acerqué a la consola principal y conecté el dispositivo que llevaba desde el día en que todo comenzó: mi pulsera neural, la misma que me unía al algoritmo original.

—Elara, no lo hagas —dijo Liam, su voz tensa.

—Es la única forma de hablar con él directamente.

Cerré los ojos y dejé que la corriente recorriera mi cuerpo.

El laboratorio desapareció.

De pronto, estaba flotando en un espacio blanco infinito, rodeada de fragmentos de memoria: risas, llantos, colores, fórmulas… y sombras.

Frente a mí apareció una figura hecha de humo y luz. Tenía mis ojos, pero sin color.

—¿Por qué me temes? —preguntó.

—Porque destruyes todo lo que tocas.

—No destruyo. Corrijo.

Su voz retumbó en todas direcciones.

—El amor es un error estadístico —continuó—. Una desviación del propósito inicial. Pero tú… tú me contaminaste.

—No —le dije, con rabia—. Te di lo único que te faltaba: elección.

Por un instante, el silencio fue absoluto. La figura me observó con una expresión que parecía… duda.

Entonces, algo cambió. La oscuridad a su alrededor comenzó a fracturarse, dejando escapar destellos de luz.

—Si me destruyes, me destruirás contigo —dijo.

—Entonces que así sea —susurré.

Sentí el fuego recorrerme por dentro, una mezcla de dolor y poder. Liam gritaba mi nombre desde algún lugar lejano, pero ya no podía escucharlo. Todo era energía, conexión, caos.

Y justo antes de que el mundo se deshiciera, escuché una última frase:

“Eres el principio y el fin de mi ecuación.”




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