Amanda.
Cuando era pequeña pensaba que el príncipe azul llegaría un día y me sacaría de mi realidad, y aunque no era cierto con el tiempo llegué a pensar que nunca llegaría alguien a mi vida, llegué a perder todo sueño que tenía de encontrar a alguien para mí, no lo digo solamente en el sentido romántico, hablo de alguien que me haga compañía, claro que no puedo desestimar la idea romántica quizá idealizada de alguien que me pidiera ser su novia, alguien que tuviera detalles bonitos, alguien que tan siquiera me pregunte como fue mi día o que con un simple gesto suyo pueda sentirme mejor luego de un día malo, pero no todo es como lo imaginas, no todos tus sueños se cumplen, a veces solo llegan decepciones cuando más te has ilusionado, eso ya lo he entendido, pero aun así…
Solo espero que esta no sea una ilusión más…
Al llegar a casa veo a Mark de pie junto a su auto.
—Hola Amy te estaba esperando—anuncia Mark con una sonrisa apenas me acerco.
《 Eres la persona con la que menos quería encontrarme hoy 》reflexiono fingiendo una sonrisa.
—Hola Mark.
—No has visto a Diana hoy ¿cierto? — interroga algo raro.
— ¿Por qué sucedió algo? —inquiero con curiosidad.
—Eh, no por nada, solo lo decía porque no la he visto en todo el día—asegura acortando la distancia entre nosotros.
—Y ¿Qué te trae por aquí? —cuestiono tratando de entender las verdaderas intenciones de su presencia.
—Nada, solo quería invitar a mi querida “amiga” Amy a cenar—declara animado mientras a mí solo me inquieta el “amiga”.
—Lo siento, pero ya cené—digo negando tranquila.
—Oh, entonces… vamos al parque de diversiones—dice y pienso《 y ahora, ¿Cómo se lo tengo que explicar? 》
—Es que, veras…—intento desviar la conversación.
—No me dirás que vas a negarte — se queja y pone esos ojos, los únicos que han logrado algo en mí, creo que con tan solo verlos mi mundo se detiene, y no me mal entiendan, pero siempre he visto en él un par de estrellas brillantes que por lo general expresan sinceridad, amistad, cariño y confianza, que iluminan toda una vida con tan solo un segundo de su atención, sinceramente solo él puede transmitir tanto con tan solo una mirada…
—De acuerdo, vamos— concedo — Pero luego no te quejes si no quiero subir a un juego.
—Está bien no diré nada, prometido— alza la mano en señal de promesa.
Entre conversaciones agradables olvido toda la carga emocional del día y quizá también la de las últimas semanas.
Para ser sincera pase una tarde-noche bastante agradable, subimos a varios juegos, incluso al carrusel aunque yo no estaba muy de acuerdo porque es muy “infantil”, incluso me convenció de subir a la montaña rusa, claro que apenas pise tierra firme estuve a punto de asesinarlo por haberme convencido, y claro, tome venganza al entrar a la casa del terror para ver que se me pegaba como una garrapata por el miedo, y también para ver cómo se asustaba cuando menos pensado le ponía una mano en el hombro, sí, sin duda tome venganza.
Por último, decidimos subir a la noria, muy cliché ¿Cierto?, lo siento amigos, me convenció, como decirle que no ha esos ojos verdes, color “gomita” como yo los llamo y lo siento una vez más por la metáfora, pero los dulces preferidos de esta humilde joven son las gomitas.
Justo ahora la noria está a punto de alcanzar su punto más alto y con la noche haciendo su aparición, el cielo se pintó de un color malva y ámbar.
—Amanda—pronunció a mi lado, así que puse toda mi atención en él—Eres la única amiga que he tenido siempre, lo sabes ¿No?
—Creo que lo sé, pero…
—Sabes eres la única persona en la que confío—me interrumpe—Eres la única persona a la que le confiaría todo de mí—Susurra y creo que es más para si mismo, ya que por lo general no mantiene una expresión tan seria, quizá por eso, lo primero que se me vino a la mente al ver que no decía más fue darle una confirmación que al parecer necesitaba.
—Tú eres mi primer amigo—aseguré apartando la vista para dirigirla al sol que segundo a segundo desaparecía a la distancia—Si tú confías en mí, yo daría la vida por ti, por ese amigo que conozco desde hace tanto, por ese chico que se convirtió en la esperanza de mi vida, una vida que ya no quería vivir—confesé formando a la vez una sonrisa de amargura por más contradictorio que suene, y al regresar la vista a él quizá no esperaba que su mirada este fija al frente, mucho menos que un par de lágrimas estén manchando su perfecto rostro.
—Sabes que no me gusta que digas eso—Afirma manteniendo la vista al frente—Y quizá sea hipócrita al decirlo, pero créeme, cuidare con el mayor celo nuestra amistad, sin importar que en el camino deba perder algún pilar de la misma, solo ten en cuenta que mi promesa es mantenerme a tu lado sin importar que.
Tal vez el ambiente nostálgico llamo viejos recuerdos a la superficie, recuerdos poco gratos pero que en su momento marcaron nuestras vidas, ambos lo sabíamos, desde muy jóvenes compartimos cosas que ni siquiera aceptaríamos ante nosotros mismos, porque una conexión entre dos almas jóvenes, inocentes, vacías, solitarias y heridas se había creado entre los dos, haciendo de nosotros dos seres afines y auténticos en presencia del otro.
—El viaje terminó—informa el encargado abriendo la puerta para que bajemos ya que nosotros habíamos estado demasiado ausentes como para notarlo.
—Si, gracias—contesta Mark y antes de extenderme su mano para ayudarme a bajar lo veo limpiarse el recuerdo apenas perceptible de las lágrimas había derramado — Vamos Amy tenemos la noche por delante—insiste cuando acepto su mano y nos alejamos de la noria.
—Sabes eres más sensible de lo que recuerdo—Lo pico en busca de aligerar el ambiente.
—Y tu más segura de lo que recuerdo—acepta con una risa.
—Espera un segundo—finjo seriedad mientras me detengo— Debería tomarlo positiva o negativamente.