Alguien te mira. (el silencio) En Edición.

La tarea

Capítulo 1

La puerta de la habitación se abrió y dos jóvenes entraron prácticamente pegados el uno al otro, besándose y acariciándose con desesperación.

El chico, un pelirrojo de veintitantos años, deslizó las manos hasta la cintura de la joven y luego las llevó hacia su espalda, mientras ella —rubia, esbelta y de aproximadamente la misma edad— se aferraba a él sin dejar de besarlo.

—Mi amiga está dormida, así que no podemos hacer mucho ruido —susurró ella mientras le quitaba la camiseta.

El joven sonrió y volvió a besarla.

Los dos llegaron hasta una de las camas y, en medio de su entusiasmo, chocaron contra una mesita. Ambos soltaron una risa ahogada.

En la litera superior, la joven que dormía allí se movió incómoda y abrió los ojos al escuchar los sonidos. Al comprender lo que estaba ocurriendo, dejó escapar un suspiro molesto.

Otra vez.

Bufó y volvió a intentar dormir.

No tuvo suerte.

Mientras ella luchaba por conciliar el sueño, su compañera continuaba con su encuentro íntimo, completamente ajena a la presencia de las demás chicas en la habitación.

—¡Ah! —exclamó Maya en voz alta, olvidándose por completo de que no estaba sola.

Sierra abrió los ojos de golpe y apretó la almohada contra su rostro.

Aquello iba a ser una noche muy, muy larga.

Y lo fue.

La noche se convirtió en una interminable sucesión de ruidos que impedían dormir a Sierra. Cada vez que pensaba que, por fin, todo había terminado, volvía a escuchar a Maya y a su novio.

Una vez.

Otra vez durante la madrugada.

Y, por si fuera poco, otra vez por la mañana.

Sierra no entendía cómo aquellas personas podían tener tanta energía.

Al día siguiente, los amantes se despertaron entre besos y nuevas muestras de afecto, aunque esta vez intentaron ser un poco más silenciosos. Cuando finalmente terminaron, Maya se levantó de la cama y se puso un camisón.

—Gracias, amiga. Una vez más no me dejaste dormir —murmuró Sierra para sí misma mientras retiraba la almohada de su rostro.

La había colocado allí desde el momento en que Maya había entrado a la habitación, tirando su ropa al suelo y besándose con el pelirrojo.

Sierra se levantó con todo el peso de la noche sobre los hombros. No había dormido absolutamente nada y, según sus cálculos, su compañera había tenido suficiente actividad como para mantener despierto a todo el edificio.

Salió de la cama con pasos lentos. Lo único que quería era ducharse y llegar a su primera clase, aunque, según su instinto, ya iba tarde.

—Sy, cariño, ¿estás despierta? —preguntó Maya, frotándose los ojos con sueño—. ¿No escuchaste nada, verdad?

Volvió a la cama junto al pelirrojo, quien la rodeó con los brazos.

—No, para nada. He dormido como un bebé —respondió Sierra con evidente sarcasmo—. Es obvio que no dormí nada por culpa de sus ruidos, par de asquerosos.

Maya y su novio soltaron una carcajada.

Sierra puso los ojos en blanco y se giró para dirigirse al baño. Sin embargo, se detuvo al recordar que el joven todavía seguía allí.

—¿Pretendes quedarte toda la mañana o quizás todo el día? Necesito bañarme. Si mal no recuerdo, esto es un dormitorio para chicas y, si alguien los descubre, nos meterán a todos en problemas.

Señaló las literas.

Helena seguía profundamente dormida en una de ellas. Al parecer, había llegado después de que Maya y su novio terminaran su larga noche.

Sierra miró alrededor y notó que Mirza no estaba allí.

—Antes de que preguntes por Mirza, se quedó en la habitación de su novio. O en otra, realmente no recuerdo con quién se fue —explicó Maya mientras seguía entre los brazos del pelirrojo. Tenía el celular en la mano e intentaba tomarse una selfie con él.

Sierra suspiró.

Ahora era la única soltera del grupo.

Había terminado con su exnovio, un chico bastante problemático, dos meses atrás. Recordó las apasionadas noches que habían compartido y cómo, después de tantas experiencias juntos, él había terminado volviéndose completamente loco.

O quizás siempre había estado loco.

Sierra apartó aquellos pensamientos y se dispuso a entrar al baño.

Su mañana no podía estar empezando peor.

Después de ducharse, se vistió con rapidez. Tenía el cabello rizado, aunque de vez en cuando lo planchaba, así que decidió dejarlo húmedo y natural.

Mientras se arreglaba, tuvo la sensación de que llegaba tarde.

No había mirado la hora en su celular.

No sabía exactamente por qué, pero su instinto le decía que iba muy retrasada.

—¡Oh, no!

Sierra comenzó a moverse con mayor rapidez.

Recogió los libros y cuadernos que necesitaría y los metió en su mochila.

Entonces se detuvo.

Su rostro cambió.

—No, no, no…

Había olvidado el trabajo.

《O no. No podía llegar tarde otra vez con esa maestra》, pensó.

Ya tenía problemas con ella y, para empeorar las cosas, probablemente ese día habría un examen.

Sierra llevaba dos años y tres meses en la universidad. Estudiaba Arquitectura, una profesión que su tío había inculcado tanto a ella como a sus dos hermanos.

Aunque ambos eran atletas, la Arquitectura era su carrera principal. La familia tenía una empresa en la que trabajaban varios de sus tíos y tías. Había pocas mujeres dentro de ella y, por esa razón, su tío quería que Sierra también formara parte del negocio familiar.

Sin embargo, lo que ella realmente quería ser era detective.

Como su padre.

Sierra salió corriendo por el pasillo con sus tacones. El aula estaba bastante lejos y, en su desesperación, comenzó a subir las escaleras a toda velocidad.

Entonces recordó que había un ascensor.

Se detuvo.

Bajó varios escalones.

Volvió a subir.

Luego decidió que, después de todo, las escaleras eran más rápidas.

Sí, aquello era una completa tontería.

Pero cuando estás desesperada por llegar a un lugar, eres capaz de hacer cualquier estupidez durante el trayecto.




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