Me desperté con el sonido de la lluvia cayendo. Artemis todavía dormía, así que me levanté despacio para no despertarlo. Me puse una bata del armario y me dirigí a la cocina para desayunar algo.
Todavía no había visto a mis padres; la última vez que los vi fue antes de ayer. Abrí la nevera y encontré una carta pegada en la puerta. La cogí y la leí:
Mamá:
"Hola cariño, no vamos a estar toda la semana porque tu padre tenía un viaje de negocios y tuve que acompañarlo. Pero como tú te vas hoy, te he dejado unas tortitas para desayunar, y también déjale algunas a tu hermano, ya sabes cómo desayuna. Bueno, pásatelo bien con Abby, y no la líes parda, ¿me oyes? Te queremos, tu padre y yo. Que tengas unas buenas vacaciones."
Dejé la carta en la encimera, cogí las tortitas y las calenté cinco minutos en el microondas. Mientras tanto, revisé los mensajes que tenía sin leer… y como sospechaba, Abby me había escrito un montón.
Terminé de hablar con ella, lavé mi plato y lo guardé, y luego me fui a mi cuarto. Cogí la ropa que me iba a poner: unos shorts con una camiseta corta de rayas naranjas y azules, y unas Converse negras de plataforma. Me fui a la ducha y, después de unos diez minutos, salí y planché mi pelo.
La verdad es que me encanta el pelo liso, pero por desgracia lo tengo rizado. Siempre me ha llamado la atención que la gente de pelo liso quiera tenerlo rizado, y las personas de pelo rizado quieran tenerlo liso… Yo no lo entiendo.
Terminé de plancharme el pelo y me puse un poco de maquillaje. Cuando terminé, ya eran las 10:00. Supuse que Abby ya habría salido de su casa para recogerme.
Unos minutos después, Abby estaba en la puerta esperándome. Cogí mi maleta y puse a Artemis en su transportín, junto a su muñeco favorito. Abrí la puerta y le di a Abby un abrazo fuerte, de esos que llevas esperando días para dar.
—¡Mia! —exclamó, sonriendo de oreja a oreja—. ¡Por fin nos vamos!
—Sí, ya estoy lista —sonreí, devolviéndole el abrazo—. ¡Vamos, que el coche nos espera!
Volví a coger mis cosas y las puse en el coche. Me senté y empezamos a hablar mientras conducía.
—¿Qué tal todo? —preguntó Abby, girando la cabeza para mirarme.
—Bien, todo bien, ¿y tú? —respondí, acomodándome en el asiento.
—La verdad, todo bien.
—¿Sabes? —dijo ella, con una sonrisa traviesa.
—¿Qué?
—Llevo esperando este viaje contigo todo el curso.
—La verdad es que yo también —sonreí, emocionada.
—Tengo un montón de planes para hacer contigo.
—¿Ah, sí?
—Sí, tengo todas las vacaciones para hacer de todo.
—¡¡Me alegro!! —grité casi saltando en el asiento.
Cambiando de tema, dije:
—Hoy hace un día de perros.
—Sí, es verdad… —respondió Abby, mirando por la ventana cómo la lluvia golpeaba con fuerza.
—Creo que mañana y pasado también llueve.
—¡¡Jo, qué mal!! —bufó ella.
—Ya…
—¡¡Yo quería ir hoy a la playa!! —puse cara de odio.
—Pero Mia, tenemos más días para ir.
—Ya, pero…
—Mira el lado positivo: casi nunca llueve, y debería llover más —sonrió, intentando animarme.
—Ahí tienes razón —suspiré.
—Una cosa… —dije, bajando un poco la voz.
—¿Dime? —puso cara curiosa Abby.
—¿Va a venir tu hermano a la playa?
—Quería hablar de eso… —dudó, mordiéndose el labio.
—¿Pasa algo?
—Sí, va a venir con su novia…
—¡¡Espera, qué!! —me eché las manos a la cabeza.
—Lo que oyes.
—Es que su novia me cae mal —puse cara de enfado.
—Yo tampoco quería que viniera, pero no hay otra opción.
—Su novia es una maldita tóxica…
—Es tan pobre que ni le llega para unas vacaciones.
—En eso tienes razón —dijo Abby, encogiéndose de hombros—, da igual, la ignoramos y ya está.
—Me parece bien —dije, suspirando y mirando por la ventana la lluvia que caía con fuerza.
Mientras hablábamos, poco a poco me fui cansando de hablar mal de alguien que ni nos importaba realmente.
Decidí que, pase lo que pase, estas vacaciones serían nuestras, ¡y nadie iba a arruinarlas!
Me agota hablar de la novia del hermano de Abby. Llevan dos años juntos y, sinceramente, siempre me ha caído mal. Es una maldita tóxica e infeliz.
Cuando era pequeña me gustaba su hermano mayor, por tres razones:
Siempre me protegía de todo.
Era y sigue siendo muy guapo.
Y siempre me respetaba
Pero nunca se lo conté a Abby. Sabía que si lo hacía, nunca más querría ser mi amiga, y probablemente no volvería a ver a su hermano mayor. Y eso no quería que pasara.
Un día, durante las navidades, ella vino a casa pensando que sería “una amiga” suya… pero ¡no! Se presentó como su novia. Desde ese momento, mi corazón se rompió en pedazos. Nunca los volví a ver juntos, y me sentí rechazada. Pensaba que le gustaba a él… pero como yo era solo la mejor amiga de su hermana pequeña, no podía tener nada con él.
Cuando entré en la secundaria conocí a alguien especial: un chico frío que nunca sonreía, pero muy popular en el instituto… el queridísimo Asher Drake. Primero me fijé en su físico, y luego en su personalidad. Por esas razones me enamoré locamente de él. Pero Asher nunca se fijaría en una chica torpe y patosa como yo.
Después de hablar conmigo misma durante una hora entera, Abby se quedó completamente dormida. Y yo no sabía qué hacer; si Abby dormía, no podía hablar con ella. Así que saqué mi móvil, me puse los auriculares y busqué música que me gustara. La verdad, me gusta de todo, pero la que más me gusta es Sweater Weather.
Escuché música durante dos horas, y finalmente me quedé completamente dormida.
Tres horas después llegamos a Italia.
Si soy sincera, la casa era enorme, hecha completamente de mármol. ¡Era hermosa y acogedora! Desperté a Abby para avisarle que habíamos llegado.
Editado: 14.03.2026