Estaba muy emocionada, ¡por fin por la noche Abby y yo iríamos a las fiestas del pueblo!
A mí siempre me han fascinado las fiestas, las discotecas y todo ese ambiente. Pero Abby, como siempre, no es tan fan; ella prefiere quedarse en casa viendo películas y comiendo palomitas.
Me costó mucho convencerla de salir esta noche. Solo faltaban dos horas para irnos, así que empecé a alistarme.
Normalmente no tardo mucho en cambiarme, pero hoy… literalmente tardé una hora. Me puse un vestido corto y rojo, con tacones altos a juego. Para el peinado fue fácil: solo me alisé el cabello. Tampoco quería complicarme demasiado con el vestido.
Solo me faltaba una cosa: maquillarme. No suelo maquillarme mucho, pero hoy era una noche especial… bueno, mejor dicho, una noche especial para mí.
Terminé de maquillarme y me dirigí a la habitación de Abby. Toqué la puerta y entré.
—¡¡Abby!! —grité con entusiasmo.
—Calla, no grites, que te van a escuchar los vecinos —me reprendió divertida, sonriendo.
—Vale, vale, perdón… —le sonreí—. Pero… ¿puedo pasar?
—Sí, pasa —me respondió, dejando que me acercara.
Abrí la puerta, la cerré detrás de mí y me acerqué a Abby.
—¿Ya estás lista? —pregunté, apoyando la mano en la cadera.
—Casi lista —contestó ella, levantando los ojos al cielo.
—¿Cómo que “casi lista”?
—Me falta combinar mi bolso —dijo, frunciendo el ceño.
—Pues coge ese azul marino —le sugerí, con tono firme.
—Ese bolso no combina con mi outfit —protestó Abby.
—Ni que fuéramos a un concierto de Taylor Swift —le respondí, riéndome.
—Mia, siempre hay que salir diva de casa —dijo con aire serio.
—¡¡No seas exagerada!! —le reproché, poniendo cara de indignación.
—No soy exagerada, es la verdad —replicó, cruzándose de brazos.
—Mira, da igual, pero escoge un bolso rápido, que me quiero ir.
—Ash, vale, ya voy —resignada, se encogió de hombros.
—Qué rarita eres —le dije mientras salía corriendo de la habitación.
—¡¡Qué has dicho!! —gritó Abby.
—Nada —respondí, desapareciendo por el pasillo.
—Qué chica tan rara… —murmuró Abby mientras terminaba de elegir su bolso.
Mientras tanto, yo fui al salón a esperarla. El salón de Abby era bastante espacioso y moderno; parecía una foto sacada de Pinterest. Me senté en el sofá y revisé un poco mis redes sociales.
La verdad, no soy fanática de las redes sociales, pero me descargué Instagram por una razón: seguir a Asher. Recuerdo cuando le busqué por primera vez y le mandé una solicitud de seguimiento. Esperé días a que la aceptara, pero nunca lo hizo. Desde ese día sentí un poco de rabia; no es que lo odiara, pero me molestaba que no me agregara. Siempre pensé que tal vez estaba ocupado, así que decidí darme esa explicación.
Con curiosidad, revisé sus publicaciones. Eran bastante normales: fotos con amigos, su perro y lugares a los que iba de vacaciones. Pero lo que más me sorprendió fue una foto que subió hace apenas una hora.
Cuando abrí la imagen, la luz de la pantalla parecía volverse más brillante de lo normal. La foto estaba tomada al aire libre, llena de colores cálidos y luces doradas del atardecer. Pero lo que realmente me perturbó fue la chica a su lado. Ella lo abrazaba por la cintura con una sonrisa radiante, como si el mundo entero fuera suyo. Y él… sonreía también, pero no con esa sonrisa distante que yo conocía. Era una sonrisa llena de cercanía, de suspiros.
Mis dedos se quedaron quietos sobre la pantalla, pero mi mente no paraba de dar vueltas. El nudo en mi estómago creció mientras mi respiración se volvía más pesada.
—¿Quién es ella? —me pregunté—. ¿Y por qué me siento tan… pequeña, tan desplazada al verlos juntos?
Un millón de preguntas surgieron de golpe, pero la única respuesta que encontré fue una sensación de inquietud recorriendo todo mi cuerpo.
Hasta que alguien me tocó el hombro suavemente.
—Mia, ya nos podemos ir… —dijo Abby, sonriendo mientras me miraba con paciencia.
—¿Qué?... Ah, ¿ya estás lista? —me levanté del sofá y me di la vuelta para verla.
—Sí, acabo de terminar de escoger mi bolso.
—Pues sí que has tardado… —bromeé, levantando las cejas.
—Es que tenía tantos que no sabía si escoger el de Gucci o uno normalito de color rojo.
—Ese rojo te favorece más —comenté, sonriendo.
—Ya sabía que tengo buenos gustos —dijo ella, guiñándome un ojo.
—Se nota que tienes estilo —le saqué una sonrisa.
—¿Nos vamos? —me giré y me dirigí hacia la puerta.
—Espera, Mia… —Abby se acercó con cuidado.
—¿Pasa algo? —me di la vuelta, preocupada.
—¿Estás bien? —preguntó con cara preocupada.
—Sí, sí… estoy perfectamente —le saqué una sonrisa falsa.
—Pues no lo pareces…
—No te preocupes, estoy bien… —dije, bajando la mirada un instante.
—¿Segura?
—Segura —me acerqué a Abby y le di un abrazo fuerte—. Anda, Abbyboo, ¡¡vamos a divertirnos a la fiesta!! —la cogí del brazo y salimos de la casa.
En la plaza del pueblo había un montón de gente, moviéndose entre risas y conversaciones animadas. La música sonaba tan fuerte que hacía vibrar el suelo, y las luces de colores se enredaban en los balcones y árboles, tiñendo todo de rojo, azul y amarillo. El aire olía a comida, a churros, a algodón de azúcar, y se sentía cálido pese a la brisa de la noche.
Sinceramente, yo no soy de salir de fiesta por la noche; prefiero la calma de mi casa. Pero Abby tiene la manía de quedarse fuera hasta la madrugada, mezclándose entre la multitud como si nunca se cansara. No soy quien para juzgarla, aunque a veces me sienta un poco fuera de lugar en medio de tanto ruido y luces.
Abby se fue a por unas copas mientras yo observaba a la multitud bailando al ritmo de la música y bebiendo. Me sentía un poco invisible, como si todos supieran exactamente a dónde ir menos yo.
Suspiré y aparté la mirada de la gente… hasta que algo —o alguien— llamó mi atención.
Editado: 14.03.2026