Algún día estaremos juntos

Capítulo 5-Segunda Parte: Espías de Playa

Sentí un golpe en el brazo y casi pierdo el equilibrio en el agua.

—¡Mia, espabila! —dijo Abby riéndose—. ¿Sigues en las nubes o qué? Además, se te está cayendo la baba.

Me mordí el labio, nerviosa, y miré a Asher de reojo.

—¿Yo? Nunca.

Volví a mirar a Abby.

—Con que mirando a tu diosito griego, ¿no? —preguntó, sonriendo con burla.

—No exageres, Abby —respondí intentando sonar tranquila—. Nunca lo miraría… aunque mi corazón claramente no estaba de acuerdo.

Abby volvió a mirar y señaló al rubio de pelo surfero que estaba junto a Asher.

—Joder… —susurró, con los ojos brillando de diversión—. ¿Y ese bombón quién es?

Seguí la dirección de su dedo y fijé la vista en el chico del bote.

—Será el primo de Asher… o su hermano… quién sabe —dije, encogiéndome de hombros—. O algún pariente lejano.

—Tengo mucha intriga sobre ese bombón… —sonrió Abby con picardía—. ¿Y si espiamos al grupito de los tres mosqueteros?

—Ahora mismo te diría que no… pero soy demasiado chismosa, así que ¿por qué no? —respondí con una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Esa es mi chismosa! —dijo dándome un golpecito en el hombro.

Salimos del agua y Abby corrió hacia las toallas. Se puso unas gafas de sol y un sombrero enorme. En ese momento me sentía como en una versión cutre de Misión Imposible. Sobre todo por su “conjunto de camuflaje”: ese sombrero parecía sacado del armario de una señora jubilada.

Me tendió otro y me lo puse. Prefería mil veces el suyo antes que el mío, el típico sombrero de paja digno de una granja.

Nos dirigimos con cuidado hacia donde estaban Asher y los chicos. Habían colocado sillas de playa, toallas y unas neveras portátiles un poco apartados del resto. Seguro que dentro había cerveza, tinto… y demasiado tiempo libre.

Abby y yo nos escondimos detrás de unas rocas junto al agua. Desde allí podíamos verlos organizarse para jugar al fútbol en la arena.

—Wow… —susurré, inclinándome para mirar mejor.

—¡Eh, no te asomes tanto! —me regañó Abby en voz baja, dándome un codazo—. Te van a ver.

Me aparté un poco, aunque era imposible dejar de seguir cada movimiento de Asher. Cada pase, cada risa… hacía que mi corazón se acelerara sin remedio.

—Vale… solo un vistazo más —murmuré.

—Sí, claro… y dentro de nada estarás corriendo hacia ellos como si fueras del equipo —rió Abby.

Después de jugar un rato, se tumbaron al sol y sacaron bebidas de las neveras.

—Lo sabía… —susurré divertida—. Sabía que traían eso.

—Menuda detective de barra libre te estás volviendo —se burló Abby.

Al cabo de un rato bostezó exageradamente.

—Vale… ya me cansé de espiar.

—¿Qué?

Sonrió con esa mirada peligrosa que siempre significaba problemas.

—Hora del plan B.

Antes de que pudiera reaccionar, me agarró del brazo y tiró de mí.

—¡Abby! ¿Estás loca? Nos van a ver.

—Exacto —respondió divertida—. Ese es el plan.

Caminamos justo delante de ellos como si desfiláramos en una pasarela improvisada. Abby avanzaba segura; yo intentaba parecer tranquila mientras mi corazón latía como un tambor.

Seguíamos por la orilla cuando, de repente, mi pie se hundió en un hoyo traicionero.

—¡Mierda!

Caí hacia delante clavando las manos en la arena en una postura nada digna. Sentí la cara arder de vergüenza.

—¿Pero tú eres idiota, Mia? —susurró Abby entre enfadada y conteniendo la risa—. Ni Dora la Exploradora se cae así.

—Putos niños… —murmuré.

Detrás de mí estallaron las carcajadas.

—Menuda entrada triunfal —dijo uno.

Intenté recomponer mi dignidad cuando escuché la voz de Asher, profunda y burlona:

—Vaya entrada… parece que practicabas para un concurso de torpezas.

Mi corazón dio un vuelco.

—Gracias por disfrutar del espectáculo —respondí con falsa seguridad—. Soy la envidia del barrio.

Abby soltó una risita.

—Ahí lo tienes… tu diosito griego ya se ha fijado.

Asher me lanzó una última mirada que me dejó sin aire.

—Si tus caídas son siempre así de dramáticas, tendré que reservar asiento.

—Pues te guardaré uno VIP —repliqué, mordiéndome el labio.

—Vámonos —susurró Abby tirando de mí—. Si nos quedamos, no sobrevives a tus propios nervios.



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En el texto hay: humor, verano, romance

Editado: 17.03.2026

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