Estábamos tumbadas en unas hamacas del jardín, con un tinto de verano en la mano, dándole vueltas al mismo tema una y otra vez. El plan B había sido un desastre y Abby ya hablaba del plan C como si fuera una operación militar.
En ese momento, mi móvil vibró sobre mi estómago.
Lo cogí sin pensar… hasta que vi el nombre en la pantalla.
Asher había subido una historia hacía menos de una hora.
Sentí un vuelco en el pecho.
—Abby… —murmuré.
—¿Qué has liado ahora? —preguntó sin mucho interés mientras bebía.
—Nada… pero mira esto.
Abrí la historia. Era una foto en el chiringuito de la playa. Asher apoyado en la barra con una cerveza y esa sonrisa medio arrogante que me descolocaba… y a su lado, el rubio de pelo surfero con una caña en la mano. Detrás, otros dos chicos brindaban con el atardecer y las luces del local encendidas.
Abby me quitó el móvil sin pedir permiso.
—A ver…
Hizo zoom directamente hasta que la cara del rubio ocupó toda la pantalla.
—Madre mía… si está este bombón, me apunto.
Sonrió con malicia.
—Confirmado. El plan C entra en acción.
—¿El plan C era espiar otra vez?
—No, cariño… esta vez es infiltración.
El chiringuito estaba a menos de diez minutos andando.
Y claramente, el destino nos estaba provocando.
Abby se levantó de un salto.
—Venga. No hay tiempo.
Entré en casa intentando aparentar calma, aunque por dentro estaba hecha un manojo de nervios. Subí a mi habitación y rebusqué en el armario algo que pareciera casual… pero no demasiado casual.
Elegí un vestido blanco de flores y unas sandalias sencillas.
Me maquillé natural, alisé un poco el pelo y me puse colonia de coco.
Respiré hondo frente al espejo.
Tranquila. Es solo un chiringuito.
Cuando bajé, Abby apareció con un vestido rojo ajustado que no dejaba lugar a la imaginación.
—¿Nos vamos?
—Joder… pareces lista para desfilar en Milán.
—Este es mi look relajado —respondió con una sonrisa.
El chiringuito estaba lleno. Risas, conversaciones, música y luces cálidas flotando en el ambiente. Sonaba “Sway” y todo parecía moverse al ritmo de esa canción.
—¿Los ves? —susurró Abby.
—Negativo.
De pronto ella señaló hacia una mesa de billar.
—Ahí están.
Mi corazón dio un salto.
Nos acercamos lentamente. Abby caminaba como si fuera dueña del lugar; yo intentaba no tropezar con mis propios nervios.
El rubio apoyaba el palo de billar con calma cuando levantó la vista.
—Vaya… dos damas en medio de la noche.
Entonces sentí la mirada de Asher recorriéndome de arriba abajo. Un escalofrío me atravesó.
Abby ya estaba apoyada en la mesa, sonriendo con descaro.
—¿Crees que podrías enseñarme algún truco?
—Si aguantas el ritmo… quizá —respondió él divertido.
Mientras ellos coqueteaban sin filtros, Asher se acercó a mí y me tendió el palo.
—Ven.
Nuestros dedos se rozaron al cogerlo. Fue solo un instante, pero sentí la piel erizarse.
—No tengo ni idea de jugar —confesé en voz baja.
—Entonces tendrás que aprender.
Se colocó detrás de mí. Demasiado cerca.
Sus manos cubrieron las mías para corregir la postura.
—Así no… espalda recta.
Su voz grave rozó mi oído y noté cómo la respiración se me desordenaba.
Intenté concentrarme en la bola, en el taco, en cualquier cosa… pero su cercanía lo volvía todo más intenso.
—Inclínate un poco más.
Sentí su pecho casi rozando mi espalda.
Tragué saliva.
—¿Así?
—Mucho mejor.
Volvió a guiar mis manos con paciencia. Cada roce parecía dejar una corriente eléctrica bajo mi piel.
—Ahora golpea despacio.
La bola rodó… y entró limpiamente.
—Lo lograste —dijo con una leve sonrisa.
Sonreí sin poder evitarlo.
Cuando se apartó, noté un vacío extraño.
Después de varios tiros torpes y algunas risas, dejamos el juego para ir a la barra. El rubio levantó su copa.
—Hoy invito yo. Por las damas debutantes.
La brisa nocturna entraba desde la playa y las luces del chiringuito parecían más cálidas que antes.
Abby me dio un codazo.
—Bien jugado… y nunca mejor dicho.
Sonreí mirando mi vaso.
Sabía que el plan C apenas estaba empezando… y que esa noche todavía tenía muchas sorpresas guardadas.
Editado: 17.03.2026