Algún día estaremos juntos

Capítulo 9-Entre lo cerca y lo inesperado-

A la mañana siguiente, Abby se despertó con una resaca bastante jodida. En mi opinión, cuando Abby se pasa de copas se vuelve bastante insoportable… joder, no la soportan ni los vecinos.

Se vuelve loca. A ver… loca ya está, pero cuando bebe es aún peor. Así que, si alguna vez os dicen que la cuidéis, huid rápidamente antes de que os atrape.

Escuché unos pasos acercándose a la cocina.
Cuando alcé la vista, me encontré a Abby apoyada en el marco de la puerta, con unos pelos que ni la del Exorcista… y unas ojeras de alguien que hubiera estado en la guerra de Vietnam.

—Buenos días. ¿Ya te han contratado para la nueva película del Exorcista o qué? —dije mientras daba un sorbo al café.

—Muy graciosa, Mia. Déjame adivinar… ¿te has comido hoy un payaso? —respondió rodando los ojos.

—Bueno… se podría decir que sí —contesté sonriendo.

—Eres insoportable, ¿lo sabías? —frunció el ceño.

—Solo soy optimista y tengo muy buen sentido del humor —sonreí con malicia.

—Cállate y dame una maldita aspirina —dijo acercándose.

—A sus órdenes, comandante.

Me di la vuelta y busqué una aspirina. Llené un vaso de agua y se lo tendí. Observé cómo se la tomaba y volví a acomodarme en la encimera.

—¿Mejor? —pregunté.

—Sí… mucho mejor —suspiró cansada.

—¿Quieres un café para recuperar energía? —señalé mi taza.

—No estaría mal.

Me giré y puse la cafetera al fuego.

—Y bueno… ¿qué tal te lo pasaste ayer con Alessandro? —pregunté con curiosidad.

—Muy bien. Fuimos a dar una vuelta por la plaza y luego me invitó a tomar unas copas a un bar —comentó con tranquilidad.

—Y yo que pensaba que ya te había metido en la habitación y habíais hecho más de cincuenta posturas —respondí en tono burlón.

—Eres una cerda, Mia. Dios te va a castigar por decir esas impurezas —dijo señalándome con el dedo.

—Solo quería confirmarlo. Además… quién sabe si un italiano que apenas conoces te mete mano en una quedada a solas.

—Bueno, él se comportó como un caballero —alzó ligeramente las cejas.

—Claro… caballero de día y cazador de gatitas solitarias por la noche —dije entre risas.

Estábamos charlando cuando alguien entró de repente.

—¡Hostia puta! Joder, Abby, arréglate un poco para ir a desayunar —soltó Liam, mirándola de arriba abajo.

—Vete a la mierda, Liam.

—Bájale dos. No es mi culpa que hayas bebido como una vaca.

—Joder, eres un pesado. No entiendo cómo tu novia te aguanta tanto.

—Tal vez porque soy un encanto de persona —respondió guiñando un ojo.

—Encanto cuando quieres. No nos confundamos.

—Además, a todas las chicas las vuelvo locas con tan solo una mirada.

Joder… en eso no se equivoca. Una sola mirada suya puede llevarme al cielo.

—Dios, qué asco de tío —murmuró Abby arrugando la nariz.

—Me largo antes de vomitar todo lo de ayer.

En cuanto Abby salió de la cocina, noté la mirada de Liam clavada en mí.
Se acercó un par de pasos.

—No sé cómo puedes aguantar esto todos los días —dijo.

—Es costumbre. Y no siempre está así… al final es buena persona.

—No puedo creer que la defiendas incluso cuando es una imbécil. Me sorprendes, Mia… ¿qué más escondes detrás de esa fachada de niña buena? —sonrió con picardía inclinándose un poco hacia mí.

—Nada… realmente no escondo nada interesante —respondí bajando la voz.

—Eso es imposible. Todo de ti me resulta interesante… de pies a cabeza —susurró acercándose un poco más.

Dios… como no se aleje voy a desmayarme aquí mismo.

—Créeme, soy mil veces aburrida. No salgo de fiesta, no bebo… en serio, no hay nada interesante en mí —dije jugando nerviosa con un mechón de pelo.

—La verdad es que soy más de la tranquilidad. Las chicas demasiado alocadas no van mucho conmigo.

Dio otro paso, acortando la distancia.
Apoyó una mano en la encimera, justo a mi lado.

Demasiado cerca.

Aparté la mirada, incómoda.

—Creo que escondes más cosas de las que aparentas, Mia.

Antes de que pudiera responder, su móvil empezó a sonar.
Miró la pantalla y suspiró.

—Es mi novia…

Aproveché ese instante para apartarme y salir casi corriendo de la cocina.

¿Pero qué coño acaba de pasar ahí dentro?
Joder… casi me da un infarto.

Estoy tan roja que parezco un tomate recién comprado.
No puedo estar así. A mí me gusta Asher… no Liam.

No puede ser que me esté enamorando otra vez.

Necesito despejarme.

Subí las escaleras, me cambié de ropa y salí rápidamente de la casa.
Al pisar la calle y caminar por las tranquilas avenidas italianas, por fin pude respirar.

Menudo día…
Desde que Liam llegó anoche siento algo que no había sentido desde que se fue al extranjero.

¿Y si me estoy volviendo a enamorar de él?

Eso es imposible. Yo… yo estoy enamorada del capullo de Asher Drake.
¿O solo lo estoy usando para olvidarme de Liam?

Joder… qué lío.

Seguí caminando hasta encontrar un banco frente al mar.
Me senté y suspiré frustrada mientras observaba el azul brillante del agua bajo el sol de la mañana.

Estas vacaciones van a ser un maldito infierno.

Justo cuando todo empezaba a ir perfecto… tienes que aparecer tú.

Ojalá pudiera evitarte para no hacer ninguna estupidez.

Odio el amor. Es traicionero.
Te enamoras, olvidas… y cuando crees estar bien, vuelve a aparecer.

Cuando intentaba calmarme, el móvil vibró en mi bolsillo.
Lo saqué y vi una notificación de Instagram.

Y no era una cualquiera.

Era de Asher. Había subido una foto hacía menos de una hora.

Me temblaba la mano.
Respiré hondo y abrí la notificación.

Allí estaba él… al lado de una chica.
Demasiado cerca.

Amplié la imagen hasta reconocerla. Era la misma con la que ya había salido en otras fiestas.
Estaban en la terraza de un bar, con el sol iluminando la escena, sonriendo con dos tintos de verano en la mano… como si todo fuera perfecto.



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En el texto hay: humor, verano, romance

Editado: 17.03.2026

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