Aliados

3 - Ihsahan – 2

Yoigo se despertó para tener un día atareado, ayudó a su madre con los quehaceres de la casa para luego ir a la escuela. Cuando volvió para almorzar, el pueblo estaba sacudido por un visitante de las estrellas. El encargado del pueblo juntó a los guardias para ver qué pasaba, pero los habitantes de la nave solo pasaron corriendo por el centro del pueblo en dirección hacia río. Todos estaban viendo la nave, pero él estaba prestándole atención a los visitantes. Su padre siempre había dicho que toda clase de personas habitaban la galaxia, pero lo que tenía enfrente era muy peculiar. Parecía un gusano y se arrastraba a toda velocidad frente a él mientras otra persona con la cara plana y grandes ojos negros, que llevaba un extraño y largo palo en una de sus manos, corría a su lado. Pasaron por el pueblo ignorando sus alrededores. Su nave era brillante y dorada. Lamentablemente no pudo prestarle mucha atención, ya que el Dragón de las Arenas apareció para atacar el pueblo. Todos corrieron hacia el refugio mientras los guardias intentaban proteger el pueblo. La casa de los vecinos de enfrente fue destruida con facilidad mientras él veía a su padre ayudar a algunas personas a entrar al lugar. Parecía que su pueblo estaba atareado hoy, ya que pudo ver pasar sobre ellos otra nave que aterrizó junto a la otra. Sus habitantes eran dos personas de metal. Pasaron por el pueblo solo distrayendo al dragón ignorándolos por completo. Cuando pensó que todo había terminado, otra nave pasó sobre el pueblo, esta dejo salir un grupo de personas con armadura lideradas por un par de extraños personajes con túnicas, muy parecidas a las que usaban ellos. Estos prometieron volver a ayudarlos cuando terminaran con su misión, pero al igual que el resto, solo ignoraron al dragón que estaba destruyendo el pueblo. Este ya estaba cerca y nunca lo había visto desde esta distancia. Sus escamas eran doradas y sus patas eran más grandes que su casa. Su nombre era Koisha y era una legenda que su padre siempre repetía. Ya podía sentir el peso de sus pasos cerca de ellos. De repente, pudo ver un relámpago partir la calle al medio. Los amigos de su padre corrieron para todos lados mientras un nuevo encapuchado aparecía en el pueblo. Llevaba una hermosa máscara roja y una túnica negra. Nunca iba a olvidar el ruido que hizo su arma. El héroe saltó directamente hacia el dragón para cortarlo con su peculiar espada. Esta estaba hecha de luz, era roja como los ojos de su madre y alguien estaba diciendo detrás de él que era la misma arma que el jedi que había visitado el pueblo desde las estrellas. La velocidad del héroe era asombrosa y parecía poder saltar muchos metros con cada zancada. Yoigo estaba contento con que alguien se haya detenido a ayudarlos.

Ihsahan aterrizó un poco más lejos para que nadie encontrara su nave, notó que la República venía unos pasos delante de él. Los mandalorianos no se habían detenido ni un segundo en el pueblo. El gigantesco lagarto estaba destruyendo todo a su paso y su camino estaba directo a través de él. Los chubbits eran peculiares reptilianos, su estatura era baja y su pueblo era simple. La gente estaba siguiéndolo con la mirada mientras él encaraba hacia el gigantesco reptil. Los guerreros del pueblo poco podían hacer con semejante enemigo y Ihsahan sabía que era un buen momento para imponer la presencia del Imperio. Llamó su atención con un relámpago para que todos los chubbits corrieran huyeran del monstruo. Su espada marcó el costado de la criatura mientras esquivaba sus patas delanteras y sus afilados dientes. Su pie cerró de su gigantesca boca mientras enterraba su sable en su trompa. Saltó a un lado para aterrizar en un techo y empezar a crepitar con electricidad. Su odio hizo temblar a la criatura por unos segundos para que cayera pesadamente al suelo. Los chubbits aparecieron de todas las casas para apuñalar en miles de veces a la criatura. Un grupo de chubbits pasaron una poderosa cuerda sobre su cabeza para estacar hacia el suelo. Todo había terminado, parecía que ellos sabían cómo lidiar con el lagarto. El más alto de ellos apenas llegaba a su cintura, parecían agradecidos. Por el camino apareció su androide que se detuvo a su lado. No estaba preparado para pasear por un desierto, pero su traductor iba a ser útil en una situación como esta. De una de las casas más grandes, que era de ladrillos, apareció un grupo de niños para rodearlo. Jeytree se detuvo a su lado para mirarlos con curiosidad. Su androide era negro, como todos los del Imperio, y tenía su tórax protegido para la ocasión.
“Maestro, parece que estas… criaturas están agradecidas.” Dijo de la nada Jeytree.
Los más pequeños los miraban con curiosidad mientras tocaban su túnica. Uno de los que parecían ancianos se acercó a hablar con él.
“Gracias por salvarnos, señor.” Dijo en un perfecto común.
“Parece que son más civilizados de lo que esperábamos.” Dijo al aire Jeytree. “El nombre de mi maestro es Ihsahan y es uno de los protectores del Imperio Sith.”
“Su máquina habla perfectamente.” Dijo sorprendido el chubbit. “Mi nombre es Untro y soy el encargado del pueblo.”
“Parece que ha tenido visitantes el día de hoy.” Dijo con seriedad Ihsahan. “Jeytree, trae al Imperio hasta aquí y diles que los ayuden a reconstruir el pueblo. Untro, voy a terminar mi misión, esas personas que pasaron por aquí son peligrosas.”
“Entendido, señor.” Dijo con respeto el chubbit.
Ihsahan caminó por el centro del pueblo mientras escuchaba los festejos de los pueblerinos y sentía sus curiosas miradas. La vegetación era escasa y podía escuchar agua de fondo. También podía escuchar ruido a batalla. Cuando se asomó hacia el rio encontró a los soldados de la República custodiando un hutt y un bith mientras dos jedis peleaban con los mandalorianos. Ihsahan se detuvo frente a la batalla para sacudir a todos con su telequinesis. Los jedis rodaron por la arena mientras los mandalorianos aterrizaban en el suelo con sus jets. Los jedis levantaron sus sables frente a ellos, ignorando por completo a los mandalorianos. No tuvo que hacer nada para que ordenaran la retirada. El hutt los miraba sorprendido mientras la República huía por sus vidas. Ihsahan se acercó a Mordo para mirarlo con curiosidad. Shia estaba siguiendo a los jedis con la mirada mientras notaba que el hutt intentaba escapar de ellos. Un relámpago lo detuvo en su lugar.
“Necesito sus servicios.” Dijo con seriedad el sith.
“Ya estamos al servicio del Imperio, sith.” Dijo con prestancia Shia.
Ihsahan notó las marcas de los sables en sus armaduras mientras Mordo lo miraba con fijación, ya que podía sentir sus ojos sobre su máscara.
“No puedo creer que hayan huido de esa manera.” Dijo asombrada la mandaloriana.
“Tengo una misión para ustedes.” Dijo con seriedad el sith, ignorando a Mordo.
“Tu reputación debe perseguirte, sith…” Dijo al aire Shia. “¿Cómo se llamaba este?”
“Ihsahan.” Dijo de la nada Mordo. “Voy a quitarte esa máscara con mis propias manos.”
El mandaloriano levantó su rifle para dispararle al sith, pero terminó disparando hacia la nada, ya que Ihsahan golpeó con fuerza su peculiar rifle. Shia saltó hacia atrás dudando en lo que iba a hacer a continuación. Mordo giró para intentar golpearlo con su bastón que era un rifle, cosa que bloqueó con su guantelete mientras su puño golpeaba el pecho de su roja armadura. Seguido, giró para patearlo en la cabeza, destruyendo por completo su visor, ya que parecía no ser de beskar. El mandaloriano saltó hacia atrás mientras usaba su lanzallamas para quemar todo lo que tenía frente a él. Ihsahan sostuvo las flamas con su telequinesis mientras notaba a Shia guardar sus blasters. El relámpago cortó el aire con rapidez disipando las llamas, pero sin poder encontrar a su objetivo, que ahora volaba en las alturas. Desvió todos los disparos con su sable para luego destruir una lluvia de misiles con sus relámpagos. Mordo ya estaba armando su rifle cuando sintió el empuje de sus telequinesis. El mandaloriano cayó de cabeza al suelo y perdió su casco en el impacto. Se puso de pie con un salto para lanzar una afilada cuerda hacia él. El sith la cortó con facilidad mientras caminaba lentamente hacia su contrincante. El mandaloriano soltó una mirada fulminante hacia Shia, pero esta no iba a hacer nada. Ihsahan detuvo el bastón de beskar con su mano para mirar fijamente a su oponente, este giró para intentar cortarlo con la navaja que tenía escondida en sus muñecas. Esta pasó frente a su abdomen mientras daba un paso hacia atrás. La cabeza de Mordo cayó en la arena seguida por su cuerpo. El ataque del sith había sido letal. Shia se acercó para mirar a Mordo con cuidado para luego patear su cuerpo.
“Siempre has sido un di'kutla…” Dijo al aire Shia para luego girarse hacia él. “No sé si agradecerte o maldecirte, sith.” Agregó mientras lo enfrentaba.
“Ahora no sé si quiero que seas parte de mi equipo, hasta abandonado a tu compañero.” Dijo con seriedad Ihsahan.
“Yo sé cuándo no tengo que pelear…” Dijo ofuscada Shia mientras se quitaba el casco.
Su roja melena escapó del casco, era desordenada y llegaba hasta su cintura.
“Parece que estoy a tu merced.” Agregó mirando la máscara de cerca. “Te sigo a donde quieras, solo tienes que prometerme esa máscara cuando mueras.”
Ihsahan estaba mirándola con fijación.
“¿Qué? Mir'osik es la frase que se me ocurre para describir a Mordo. Siempre ha pensado con sus puños. Soy la última sobreviviente del clan Kaix y me gustaría recuperar nuestra gloria perdida. Esta máscara es el camino más corto…”
“Haat, Ijaa, Haa'it.” Dijo con seriedad Ihsahan para sorprender a Shia.
“Eh, no me esperaba eso, sith.” Dijo al aire Shia mientras cruzaba sus brazos detrás de la cabeza. “¿Qué vas a hacer con ese hutt?” Preguntó sin cuidado.
“Arrestarlos, el Imperio ya debe estar en el pueblo.” Dijo con seriedad Ihsahan.
El hutt sabía que no podía resistirse y sin decir una sola palabra empezó a moverse hacia el pueblo. El bith lo seguía de cerca sin soltar su instrumento.
“Yo sé que era un estúpido, pero no puedo dejarlo aquí.” Dijo con seriedad Shia.
“Mi gente se ocupará de él.” Dijo con seriedad Ihsahan mientras empezaba a caminar.
“Este planeta es nuevo…” Agregó mientras lo seguía de cerca. “¿Qué necesitas de mí?”
“Necesito una vanguardia. Atracaremos un tren.” Dijo con seriedad Ihsahan.
“Mar'e, tú eres más interesante que los que nos tenían empleados…” Dijo divertida Shia.
Sus ojos estaban revisándolo con curiosidad.
“¿Eres humano? Por lo que dicen de ti puede haber cualquier cosa debajo de esa máscara.” Dijo divertida Shia.
“Irrelevante.” Dijo con seriedad Ihsahan.
“¿Para quién trabajas?” Preguntó al aire Shia.
“Inteligencia.” Dijo con seriedad Ihsahan.
“Yo soy muy ruidosa para ti, sith.” Dijo divertida la mandaloriana.
“Es lo que necesito para este trabajo.” Dijo con prestancia Ihsahan mientras miraba con curiosidad lo que pasaba en el pueblo.
Frente al cadáver del lagarto había un tumulto, los soldados del Imperio estaban ocupados con los de la República mientras que los chubbits miraban todo desde sus casas. Un pequeño grupo estaba rodeando Jeytree. El cual se acercó junto a un oficial y el par de jedis.
“Milord.” Dijo el soldado mientras lo saludaba con respeto. “Llegamos para poner orden en el pueblo.”
El chubbit que hablaba en común se interpuso entre ellos.
“Héroe, uno de ellos dice ser un jedi.” Dijo con seriedad Untro. “Uno de ellos fue el que nos enseñó el lenguaje de la galaxia.”
“Oficial, deje a estos cobardes terminar con su huida.” Dijo con firmeza Ihsahan. “Han abandonado su misión y no han detenido el monstruo que estaba atacando al pueblo.”
El jedi estaba ofuscado, ya que tenía razón.
“No hemos podido presentarnos apropiadamente, amigo. Soy el Caballero Nundo y este es mi padawan Juial.”
Ambos eran vurks, tenían escamas y sus crestas eran alargadas. Sus túnicas eran naranjas.
“Estaríamos encantados de ayudarlos con lo que necesiten.” Dijo con respeto Nundo.
“Gracias, señor jedi.” Dijo pensante Untro. “Pero nuestro héroe ya nos ha salvado.” Agregó mirando a Ihsahan.
“Este sith es lo opuesto a un héroe.” Dijo con prestancia Nundo.
“Jedi, deberías hablar con más respeto.” Dijo con firmeza el soldado. “Este es Ihsahan, el Guardián del Imperio.”
“Es solo un asesino, como todos ustedes.” Dijo el padawan mientras enfrentaba al soldado.
“¿Quiere que los arrestemos?” preguntó con seriedad el oficial.
“Sigan su camino, jedi.” Dijo con seriedad Ihsahan.
El soldado lo miró ofuscado, pero acató la orden.
“Nos volveremos a encontrar, Ihsahan.” Dijo con seriedad Nundo.
“¿Y qué vas a hacer, jedi? ¿Huir hasta Coruscant?” Dijo con seriedad Ihsahan mientras Shia sonreía a su lado.
“La vida de mis hombres es más importante que nuestras diferencias.” Dijo con seriedad Nundo. “La República se hará cargo del planeta.”
“Eso lo decidirán sus habitantes, jedi.” Dijo con seriedad Ihsahan. “Untro, el Imperio los ayudará con el daño de su pueblo.” Agregó mirando al chubbit.
“Muchas gracias, señor.” Dijo pensante el anciano. “Haremos un banquete con esta criatura… Es el… kishuriak más grande que he visto.” Agregó pensante.
“Kishuriak puede ser interpretado como dragón en común, milord. Aunque ellos también lo usan como monstruo.” Tradujo con prestancia Jeytree.
Ambos se acercaron al dragón, cosa que Shia miraba con curiosidad.
“Eres un sith extraño, Ihsahan…” Dijo al aire la mandaloriana.
“Señor, estamos a su disposición.” Dijo el oficial que se acercaba a toda prisa.
De fondo los soldados dejaban pasar a la República.
“Ayuden a estas personas sin molestarlas.” Dijo con severidad Ihsahan.
“Por eso nos enviaron a nosotros, señor.” Dijo con seriedad el oficial para marcharse.
“Extraño es la palabra correcta, sith.” Dijo divertida Shia. “Pensé que ibas a descuartizar a ese jedi.”
“Es mejor así, ahora toda la galaxia sabe que son unos cobardes.” Dijo con seriedad Ihsahan. “Deberíamos marcharnos.”
Ihsahan empezó a caminar, pero fue interrumpido por un pequeño chubbit. Este estaba ofreciéndole una afilada lanza de madera mientras hablaba muy rápido.
“Milord, Yoigo quiere agradecerle por salvar el pueblo.” Dijo con prestancia Jeytree. “Parece que quiere ser un cazador como su padre.”
Ihsahan se agachó para recibir el regalo, pero en lugar de guardarlo, revisó su cinturón para atarle una afilada cuchilla en su punta. El niño estaba encantado con su nueva lanza.
“Está agradecido, milord.” Dijo con mecánica voz el androide.
“En el Imperio respetamos a los guerreros.” Dijo con seriedad Ihsahan para empezar a caminar.
Shia estaba entretenida con su nuevo jefe.
“Alor… ¿Ese montón de chatarra es tuyo?” Preguntó mirando al androide.
“Sí, es un gran traductor.” Dijo con seriedad Ihsahan.
Shia apretó su guantelete con curiosidad.
“Eso es beskar…” Agregó sorprendida sin detener a Ihsahan.
Frente a su nave había un par de soldados custodiándola.
“¿Puedo quedarme con mi nave?” Preguntó al aire Shia. “Es una reliquia, pero me ha salvado la vida unas cuantes veces.”
“Soldado, quiero el cuerpo completo del mandaloriano y esta nave en Dromund Kaas.” Dijo con severidad Ihsahan.
“Entendido, señor.” Dijo con firmeza uno de los soldados.
“Les encargamos al hutt…” Dijo divertida Shia mientras subía por la rampa. “Esto es más de lo que esperaba para un sith…”
Ihsahan el informe sobre Shia no decía que fuera tan parlanchina.



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Editado: 10.06.2023

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