Alianza de las sombras: Saga Josh & Them

CAPÍTULO 1

Si alguien me hubiera dicho que un lunes a las siete de la mañana estaría escondido en los baños del instituto viendo a Paúl abrir una caja de cartón mugrienta con cinta adhesiva negra, le habría recomendado un buen psicólogo.

Pero ahí estábamos.

Los cuatro lunáticos —Paúl, Sophia, Acivi y Wendy— formaban un círculo sagrado alrededor del lavamanos. Yo, Filiph «La Teja», observaba la escena desde la esquina con un café frío en la mano y la dignidad que me quedaba tras gastar 80 dólares en un corte de cabello que Josh Ssarpetier ni siquiera había notado la semana pasada 🤡.

—¿Segura que esta cosa funciona, Wendy? —susurró Paúl, sudando a mares mientras abría la caja.

—Tiene noventa y cuatro por ciento de calificaciones positivas en el foro, Paúl —respondió Wendy ajustándose las gafas con severidad táctica—. El vendedor garantiza que emite frecuencias magnéticas que alteran la dopamina del cerebro objetivo. Nos costó cincuenta dólares entre todos.

—Es la mecanización del deseo... la tecnología profanando el alma humana —murmuró Acivi, mirando al techo con un libro de filosofía aplastado contra el pecho.

—¡Cállate, Acivi, que vas a atraer al conserje! —chilló Sophia, reacomodándose el labial rosa—. Si esta cosa no hace que Josh se olvide de la simpática esa de la calle, juro que me tiro por la ventana del segundo piso.

Paúl sacó el artefacto de la caja.

Era... algo indescriptible. Una mezcla entre un control remoto de televisión de los noventa, una antena de radio vieja y una batería de auto amarrada con cinta aislante roja. Salían tres cables pelados de un extremo y tenía un botón gigante de color verde que decía "LOVE 3000" escrito con marcador permanente.

—Es una estafa —sentencié desde mi rincón, dando un sorbo a mi café—. Felicidades, chicos. Acaban de financiar el almuerzo de un hacker de doce años.

—Tú no entiendes el arte de la estrategia, Teja —me ignoró Wendy, encendiendo el aparato.

Un zumbido agudo, como el de un mosquito mutante, llenó el baño. De repente, la batería echó una pequeña chispa azul ⚡.

—¡Funciona! —exclamó Paúl con los ojos abiertos de par en par.

—La fase uno de la Alianza de las Sombras empieza hoy —anunció Wendy con sonrisa malévola—. El plan es simple: apuntamos el transmisor hacia Cristine cuando pase por el pasillo principal. La frecuencia desorganizará sus pensamientos y hará que se comporte de forma errática. Quedará en ridículo frente a Josh.

—brillante —suspiró Sophia, limpiándose una lágrima imaginaria.

Salimos al pasillo como un escuadrón de infiltración militar bastante incompetente. Los chicos se escondieron detrás de los casilleros, sosteniendo el invento de cincuenta dólares cubierto disimuladamente con una chaqueta. Yo me quedé a una distancia prudente, apoyado contra la pared, fingiendo que no los conocía de nada.

Y entonces aparecieron.

Josh Ssarpetier venía caminando por el pasillo central, tan ridículamente perfecto que parecía llevar su propio foco de luz celestial. Llevaba una chaqueta de mezclilla y esa sonrisa relajada que nos tenía a todos al borde de la locura. A su lado caminaba Cristine. Radiante, dulce, sosteniendo sus libros contra el pecho y riéndose de algo que Josh le decía 🌸.

—¡Ahí vienen! —siseó Wendy—. Paúl, apunta a la chica. ¡Ajusta la frecuencia!

—¡Le estoy dando al botón verde! —susurró Paúl en pánico—. ¡No pasa nada!

—¡Apriétalo más duro! —exigió Sophia.

Paúl hundió el botón con todas sus fuerzas.

La máquina no emitió frecuencias magnéticas. Lo que sí hizo fue emitir un chirrido ensordecedor, seguido de un humo denso y verde con olor a cable quemado 💨.

¡Paff! ⚡💥

Una pequeña chispa salió disparada del artefacto y fue a dar directamente contra el sistema de alarma de incendios del pasillo. En cuestión de tres segundos, los aspersores del techo se activaron, soltando una lluvia helada sobre todo el pasillo.

El caos fue instantáneo. La gente empezó a gritar y correr. Paúl soltó la máquina, que empezó a sacar chispas de colores en el suelo como un fuego artificial defectuoso, mientras Wendy intentaba salvar sus carpetas de colores debajo de la lluvia.

En medio de la estampida de estudiantes empapados, Josh reaccionó de inmediato: cubrió a Cristine con su propia chaqueta para que no se mojara, mientras ambos se reían bajo la lluvia improvisada.

Yo me quedé bajo el agua, completamente mojado, sosteniendo mi vaso de café lleno de agua de aspersor. Miré hacia donde estaban los chicos: Sophia estaba llorando porque se le había corrido la rímel, Paúl intentaba patear la máquina en llamas para esconderla debajo de un casillero y Acivi gritaba pasajes sobre la decadencia de la civilización.

Y justo cuando pensaba que la situación no podía ser más humillante, Josh se giró entre la multitud. Sus ojos se cruzaron con los míos.

Sonrió de esa forma sutil que me hacía perder el ritmo cardíaco, caminó unos pasos bajo la lluvia, se quitó el exceso de agua del cabello de un sacudón y me miró directo a los ojos.

—¿Estás bien, Teja? —me preguntó con voz suave, poniéndose a mi lado—. Parece que los demás acaban de invocar una tormenta.

Se acercó tanto para hablarme por encima del ruido de la alarma que pude sentir el calor de su hombro contra el mío. Cristine nos saludó con la mano desde un par de metros, sonriendo con una dulzura tan genuina que me dio un calambre en la conciencia.

—Sí... —logré decir, tragando saliva mientras el agua me chorreaba por la frente—. Todo bajo control. Solo estamos... probando la resistencia al agua de la escuela.

Josh dejó escapar una risita baja, una de esas que no usaba con todo el mundo. Me miró fijamente por un segundo que pareció durar una eternidad, bajó la vista hacia mis labios por una fracción de segundo y luego me dio un golpecito juguetón en el brazo.

—Eres raro, Filiph —dijo con una sonrisa indescifrable—. Pero me gusta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.