La Alianza de las Sombras no se rendía fácilmente. Que la máquina de cincuenta dólares hubiera terminado chamuscada y sepultada en un contenedor de basura del instituto no significaba la derrota. Solo significaba que debíamos cambiar de estrategia.
Nos reunimos en las gradas de la cancha de baloncesto durante el almuerzo. Wendy traía una libreta de espiral con un diagrama tan complejo que parecía el plan de invasión a un país pequeño 📝.
—La tecnología falló, pero la psicología humana es infalible —declaró Wendy, golpeando el papel con un bolígrafo—. Si no podemos destruir la relación de Josh y Cristine desde afuera, lo haremos desde adentro.
—¿Infiltración? —preguntó Paúl, masticando una barra de cereal.
—Exacto. Nos volveremos los mejores amigos de Cristine —anunció Wendy con una sonrisa malévola—. Descubriremos sus secretos, sus defectos ocultos y, cuando menos se lo espere... le sugeriremos de forma sutil que Josh no es para ella.
—¿Y si es perfecta? —murmuré yo, cruzado de brazos—. Digo, ayer rescató un perrito en la entrada y le prestó un lápiz a la profesora de química. La chica es básicamente una santa.
—Nadie es perfecto, Teja —intervino Sophia, retocándose el brillo labial—. Seguro usa un champú barato o no sabe combinar los zapatos. Encontraremos la falla.
El plan arrancó en la biblioteca.
La idea era que Paúl y Sophia se acercaran a Cristine fingiendo estudiar para "evaluar al objetivo". Pero las cosas se descarrilaron en menos de cinco minutos.
Cristine estaba sentada en una mesa redonda, concentrada en sus apuntes. Paúl se acercó con su enorme termo de proteína, listo para ser pesado y distante. Sin embargo, no había contado con que Cristine notara el termo.
—¡Hola, Paúl! —dijo ella con una sonrisa tan genuina que casi enceguece a la biblioteca entera—. ¿Ese es el nuevo batido de vainilla con avena? Escuché que la marca que usas es increíble para la recuperación muscular tras el entrenamiento de la tarde.
Paúl se congeló 😳. Abrió la boca para soltar algún comentario ácido, pero sus ojos se iluminaron como los de un niño en Navidad.
—¿Sabes de suplementación deportiva? —preguntó él, dejándose caer en la silla de al lado.
—¡Claro! Mi hermano mayor va al gimnasio —respondió Cristine, pasándole una nota escrita a mano—. Mira, si le agregas media cucharada de crema de maní y un guineo, no te da pesadez a mitad del entrenamiento. Pruébalo mañana.
A diez metros de distancia, Wendy, Sophia y yo observábamos la escena detrás de un estante de libros de historia.
—Se está vendiendo por un plátano y crema de maní —siseó Wendy con rabia—. ¡Paúl es un traidor a la causa!
Para empeorar la situación, Josh apareció en el pasillo con un balón de baloncesto bajo el brazo y una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Ey, chicos! —nos saludó Josh desde lejos al ver a Paúl y Cristine hablando entusiasmados—. ¡Qué bueno que se llevan bien! ¿Se unen a las canchas después de clases? Prometo no hacerles demasiadas faltas.
Josh se acercó a nosotros, le dio un choca de manos amistoso a Paúl, despeinó a Acivi al pasar y nos miró a todos con ese carisma natural que nos dejaba sin argumentos. Era el amigo de todos, el chico popular que trataba a todo el mundo como si fuera parte de su equipo.
—Te ves genial hoy, Teja —me dijo Josh de paso, haciéndome un gesto rápido con la cabeza y guiñándome un ojo de forma casual antes de sentarse al lado de Cristine.
Fue un comentario de un segundo, dicho entre amigos, pero bastó para que Sophia me pisara el zapato disimuladamente mientras apretaba los dientes 😬.
—La fase de infiltración ha sido un fracaso absoluto —susurró Wendy, viendo cómo Paúl ahora le mostraba a Cristine fotos de sus rutinas de ejercicio en el teléfono—. La chica los está convirtiendo en sus seguidores sin mover un solo dedo.
—Es aterradoramente simpática —admitió Sophia, bajando la mirada—. Hasta me dio el nombre de su estilista cuando le pregunté por su cabello... ¡Es un ángel, Wendy, no puedo odiarla!
—¡Resistan, lunáticos! —exigió Wendy—. Esto solo significa que tenemos que llevar el juego a un terreno neutral... Un lugar donde los secretos no se puedan ocultar.
—¿Qué tienes en mente? —pregunté, presintiendo lo peor.
Wendy sonrió con una mirada maquiavélica.
—El campamento del instituto en el bosque. Próxima semana. La oscuridad, las sombras y los juegos nocturnos sacarán la verdadera naturaleza de todos.
Miré a Josh y a Cristine riéndose juntos en la mesa, y luego miré al resto de nuestro grupo de chiflados. Esto no iba a terminar bien... pero la excursión al bosque estaba a punto de empezar.