Alianza de las sombras: Saga Josh & Them

CAPÍTULO 3

El autobús escolar olía a una combinación de insecticida, papas fritas y sudor. Nos tomó tres horas de viaje llegar al campamento "Los Pinos", un bosque enorme lleno de árboles gigantescos que tapaban la luz del sol y una brisa helada que te obligaba a meter las manos en los bolsillos.

—El terreno es perfecto —anunció Wendy en cuanto bajamos del autobús, acomodándose la mochila—. Sin señal de teléfono, sin escape y con docenas de metros de bosque para nuestro próximo movimiento.

—Si me muerde una garrapata, los demandaré a todos —advirtió Sophia, caminando sobre la tierra húmeda con zapatos que claramente no eran para hacer senderismo.

—La naturaleza no juzga, Sophia, solo nos devora en silencio —murmuró Acivi, abrazando su abrigo mientras miraba la copa de los árboles.

Josh y Cristine bajaron juntos del autobús, riéndose de las exageraciones de Paúl, quien ya estaba presumiendo que podía armar una tienda de campaña en tres minutos. Se sentía la vibra de un fin de semana tranquilo... hasta que al profesor de educación física se le ocurrió la grandiosa idea de organizar un juego nocturno.

"Cacería en las sombras", lo llamó 🌲.

Las reglas eran simples: la mitad del grupo debía esconderse en una zona delimitada del bosque antes de que cayera la noche total, mientras la otra mitad los buscaba usando una sola linterna por equipo.

—Esta es nuestra oportunidad —siseó Wendy en la tienda del grupo—. Nos dividiremos para vigilar a Cristine. Si logramos que se pierda o que pase un susto cómico, Josh verá que no es tan intrépida como parece.

El plan era absurdo, pero la oscuridad del bosque no perdonaba.

A las siete de la tarde, la luz del sol desapareció por completo, dejando al bosque sumergido en un azul oscuro y frío. La niebla baja empezó a colarse entre los troncos de los árboles.

Yo estaba camuflado entre un par de arbustos tupidos, temblando de frío y preguntándome por qué carajos seguía leal a los disparates de la Alianza de las Sombras. De repente, escuché el crujido de pisadas sobre las hojas secas.

—¿Wendy? —susurré hacia la penumbra.

Nada. Solo el viento moviendo las ramas.

Los pasos se escucharon más cerca, acompañados de una respiración acelerada. Alguien venía huyendo de los "cazadores" que andaban con las linternas a lo lejos. Antes de que pudiera reaccionar, la figura tropieza con una raíz y se desliza dentro del pequeño espacio del arbusto donde yo estaba escondido.

Chocamos de frente. Caí de espaldas contra la madera rugosa de un tronco caído y la persona quedó casi encima de mí.

—¡Shh! No hagas ruido, nos van a ver —murmuró una voz firme y rasposa.

El pulso se me aceleró a mil. Reconocí ese perfume de inmediato. No era Wendy, no era Paúl... era Josh 😳.

Se había metido al mismo escondite. El espacio era ridículamente estrecho; estábamos atrapados entre el tronco caído y las densas ramas del arbusto. Para no delatar nuestra posición con la linterna que traía el profesor a lo lejos, Josh apagó su luz y colocó una mano en el tronco, justo al lado de mi cabeza, inclinándose hacia adelante.

Nuestros rostros quedaron a centímetros en medio de la penumbra.

Afuera se escuchaban las risas de Paúl gritando cosas sin sentido y la voz de Cristine llamando al grupo a la distancia, pero dentro de ese pequeño rincón del bosque, el ruido del mundo desapareció por completo.

Podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de Josh en contraste con el frío de la noche. Su respiración chocaba suavemente contra mi cuello. Intenté no moverme, casi temiendo que el sonido de mi propio corazón delatara lo nervioso que estaba.

—Pensé que eras uno de los cazadores, Teja —susurró Josh, con la voz muy baja, casi en un hilo.

—No... solo yo... intentando no morir congelado —logré responder, manteniendo la voz firme a duras penas.

A través de la penumbra, vi cómo los ojos de Josh buscaban los míos. Por un segundo, la sonrisa relajada y burlesca que siempre llevaba en el colegio desapareció. Su mirada se volvió extrañamente seria, atenta, leyendo cada uno de mis gestos en el silencio de la noche.

Ninguno de los dos habló. Un haz de luz de una linterna lejana pasó rápidamente sobre nuestro escondite, iluminando por una fracción de segundo la línea de su mandíbula y sus labios. Josh no se apartó. Su mano, apoyada en la madera cerca de mi hombro, se desplazó apenas un milímetro, lo suficiente para que el dorso de sus dedos rozara la tela de mi chaqueta.

La tensión era tan densa y pesada que el frío del bosque pareció evaporarse.

—Josh... —se escuchó la voz lejana de Cristine desde el sendero—. ¿Estás por aquí?

Ese llamado rompió el hechizo. Josh pestañeó, como si regresara de un trance, y dejó escapar un suspiro lento.

—Tengo que irme antes de que Cristine tropiece con alguna raíz —dijo en un susurro, recuperando su tono casual de siempre, aunque con una ligera pausa en la voz—. Nos vemos en la fogata, Teja.

Se deslizó fuera del escondite con agilidad, encendió su linterna y gritó hacia el sendero para reunirse con ella.

Me quedé sentado en la tierra húmeda por un largo minuto, apoyando la espalda contra el tronco, tratando de que mi respiración volviera a la normalidad. La Alianza de las Sombras quería caos, pero en la oscuridad de ese bosque, lo único que había encontrado era una duda gigantesca... y una chispa que empezaba a arder de verdad 🔥.




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