Alianzas de escarcha

¿Final o comienzo?

Me senté en la silla de madera gastada cuya superficie astillada amenazaba con engancharse en mi ropa, y observé a papá. Pasaba el mismo pañuelo grisáceo por la misma jarra de peltre por quinta vez consecutiva. El chirrido del metal contra la tela era el único ritmo en el lugar.

—¿Qué quieres, Beatriz? —soltó él, sin apartar la vista de su tarea. Su voz cruda y profunda llenó el aire estancado de la posada.

—Vine a verteeeee... Me aburría en casa, ¿sabes? Extrañaba a mi adorable padre —dije, estirando las vocales en un intento de sonar cariñosa que sabía que no colaba. Mi tono no pasó desapercibido para el viejo hombre de barba frondosa y brazos que parecían troncos de roble. A veces me preguntaba de dónde sacaba esos músculos si lo único que levantaba eran barriles de cerveza y jarras sucias.

Él se detuvo y me miró con una ceja alzada evaluandome.

—¡Papaaaaaa! Todos los adolescentes de este pueblo ya han ido a ver el mineral ese rarote que encontraron. Dicen que brilla azul, que vibra...¿Por qué yo no puedo ir?

—Porque con tu refinada atención —replicó él, volviendo a su jarra—, seguramente te caería una roca en la cabeza. Y, permíteme hija mía, no quiero que quedes más tonta de lo que ya estás.

Bufé, sintiendo la impaciencia subir por mi cuello. Estaba a punto de estallar en un berrinche de una niña de cinco años pero me contuve por el auto respeto.

—Vamos, papá... hasta Jonathan fue a ver los minerales. Prometo no lamer nada... otra vez.

Mi padre soltó la jarra de golpe. El golpe seco resonó en toda la estancia. Me miró con una expresión dura y ojos entrecerrados.

— ¿Que tú hermano que, Beatriz?

Maldita sea,abrí los ojos de par en par mientras me incorporaba lentamente en la barra.

—¿ el...no podía ir?—dije en un susurro.

—¡Claro que no, Beatriz! Ese niño es más tonto que tú. Ay, por los dioses... —Se llevó una mano a la frente masajeandose las sienes con desesperación.

En ese momento, mientras él procesaba la desobediencia de su hijito una idea se me vino a la cabeza. Me deslicé del taburete y empecé a caminar de espaldas hacia la puerta, manteniendo la vista fija en el rostro de mi padre.

—Bueeeeno... voy a ir a rescatar a mi tonto hermano de una peligrosísima mina. ¿Ves? Soy una heroína.

—bea no yo te he dich- —No lo oí más. Me di la vuelta y eché a correr hacia las faldas de la montaña antes de que sus regaños me alcanzarán.

El camino estaba lejos y el Sol ya empezaba a lamer la cima de las montañas tiñendo todo de un color naranja. Llegué a la boca de la mina jadeando, con los pulmones ardiendo y el cabello castaño pegado a la frente por el sudor. Me fijé bien y al fondo de la mina se encontraba una figura encorvada.

—¡Hey, tonto! —grité mientras me adentraba en la oscuridad fresca de la cueva—. Papá te llama muejejeje.

Jonathan se dio la vuelta con recelo, entrecerrando los ojos mientras se limpiaba la frente con el antebrazo.

—¿le dijiste que estaba aquí,Bea?

—¿Qué? ¡Nooo! —mentí descaradamente—. Debió ser la chismosa de Ana.

—Ajá, claro... —soltó él, poniendo un puchero que delataba lo mucho que le molestaba haber sido descubierto.

Mi vista bajó a su mano. Allí sostenía una piedra de un azul eléctrico tan intenso que era antinatural.Jonathan empezó a frotarla con el pulgar y ante mis ojos, el mineral brilló con más fuerza mientras desprendía una onda de calor que me erizó el vello de los brazos. Me agache a su lado hipnotizada.

—vaya....es...

—impresionante—termino el por mi y se quedó mirando la piedra con una cara de nerd de minerales.

Yo miré a nuestro alrededor el lugar estaba vacío, los otros curiosos ya se habían ido seguramente hace tiempo y la luz que entraba por la boca de la mina se estaba volviendo violeta.

—Vámonos ya, tonto o definitivamente papá nos matará.

Él se levantó con otro puchero pero me siguió. Salimos de la mina entre risas, empujones y algunas tonterías.

—¿Qué hará esa piedra tan rara? —pregunté al aire.

—No tengo idea —respondió Jonathan con los ojos brillando de emoción—. Pero al parecer los otros pueblos a la redonda han encontrado minas similares hace semanas....es tan abundante y tan raro a la vez. Está mierda es increíble

Era tierno verlo hablar de lo que le gustaba. Piedras raras y Geología estúpida.Había anochecido por completo cuando entramos al pueblo por la parte trasera, rodeando los establos para intentar llegar a casa sin ser vistos por algún chismoso y que nos delatara a papá mientras aún estaba en la posada.

Estábamos caminando en silencio hacia casa en la oscuridad de la noche cuando el silencio se rompió. No fue un sonido gradual, fue un estallido.Primero oímos un grito, un alarido desgarrador que cortó el aire frío y me helo la sangré a ese sonido le siguió el estruendo metálico y rítmico de metal chocando violentamente, y casi de inmediato, el olor a aceite quemado se intensificó drásticamente. Vi columnas de humo negro y espeso empezando a elevarse directo al cielo.

Jonathan y yo nos miramos. En sus ojos abiertos de par en par vi el mismo terror que sentía yo apoderándose de mi.En cualquier otra situación si hubiéramos estado en los límites del pueblo o cerca de la mina el instinto nos habría gritado que huyéramos hacia las montañas, que nos escondiéramos en las cuevas. Pero el caos, los gritos y el estruendo venían directamente de la calle central,de donde estaba la posada y,dónde los dioses no lo quisieran,estaba papá.

Sin detenernos a pensar en qué estábamos corriendo hacia el peligro nos lanzamos a correr jadeando, directos hacia el ruido ensordecedor.Salimos atropelladamente de un callejón estrecho a la calle principal del pueblo y la escena que nos golpeó fue una pesadilla. Había sangre por todas partes, charcos rojos brillando bajo la luz de las llamas que ya devoraban varias estructuras.Vi lo que definitivamente eran mercenarios, hombres corpulentos y brutales con rostros y brazos cubiertos de tatuajes raros apuñalando sistemáticamente a todos los hombres de mi pueblo que caían ante ellos. Otros arrastraban a las mujeres y niñas por el cabello,que gritaban y luchaban inútilmente mientras eran llevadas a la fuerza hacia un carruaje de aspecto viejo y oscuro situado en medio del caos.Mi mente no pudo procesar la magnitud del horror, la violencia brutal que estaba ante mí simplemente me congeló.




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