Alice y el Collar de Suller (saga #1)

Capítulo III: Cumpleaños

La emoción de saber que hoy era mi cumpleaños me erizaba la piel. Me vestí elegantemente con ayuda de Emily, quién fue la primera en felicitarme.

Suspiré profundo antes de bajar las escaleras. Las manos me temblaban al igual que la sensación en mi corazón. El día en el que cumplía años jamás había sido tan tedioso y a la vez ansioso para mí.

Me acomodé frente al piano que descansaba en la sala principal. Comencé a tocar una melodía que había aprendido.

—Que sorpresa— escuche la voz de mi tía— Por fin veo que encuentras agradable el piano.

—Bueno...— mire el piano y la volví a ver—No es tan malo.

Sonrío cálidamente, me levanté y nos dirigimos al comedor. Me senté frente a ella. El desayuno ya estaba puesto, comimos en silencio. Pasaron unos diez o quince minutos, apreté los dientes y no pude más.

— Ya tía, no aguanto más— ella me observo con el rabillo, ojeando su periódico.

—Paciencia—me miro y continúo: —Te daré tu presente después del desayuno.

—¿No puede ser ahora? — mostré súplicas en mi rostro.

—Después del desayuno—sabía que trataba de fastidiarme, el desayuno demoraba media hora aproximadamente en lo que terminaba de leer.

—Por favor, tía—volví a insistir.

—Esta bien, vamos—hizo unas señas y se levantó de la mesa. No pude evitar sonreír.

Subimos las escaleras nuevamente y fuimos directo a su habitación. No me sorprendió mucho que lo tuviera aquí.

—Que gran escondite—siseé.

—Ahora sabes el porqué de que nunca lo has encontrado—agrego.

Y era cierto. No entraba a su habitación a menos que fuera importante o ella me invitará.

Se acercó a una pintura. Arrugué la frente ante esa acción, pero me sorprendió aún más cuando quito el cuadro y detrás de este había un compartimiento, en el cual se encontraba la caja ocre por la cual tanto me había emocionado.

—No me la esperaba—admití —. La ocultaste muy bien.

—Imaginé que no.

Se sentó al borde de la cama y proseguí acercarme a ella e imitar su acción.

—Esta caja me trae muchos recuerdos de tu padre — sonrió con una mirada nostálgica—. Lo sé, mejor no empecemos con las lágrimas. Sé que no te gustan las personas dramáticas.

—Así es—esboce y le sonreí apenas.

—Antes que nada, debes saber cosas sobre el objeto que está aquí— me indicó.

—¿Cosas? —levanté las cejas— ¿Qué tipo de cosas?

— Este objeto es valioso, muy valioso— me aclaró a lo que asentí ligeramente. Sabía que era valioso, era de papá, cualquier cosa que provenga de una persona importante para alguien es valioso—. También es peligroso...

—¿Peligroso? — interrogué divertida—. Que curiosidad me haces tener.

—Así es, es peligroso— hizo una pausa y me miró seriamente—. Pero su virtud más sensacional es que, es mágico— abrió la caja y de ella sacó un collar realmente hermoso.

Tenía un brillo escandaloso, algo en él que llamaba la atención de cualquiera, que atraía. No podía quitar mi vista de su perfección. Sí. Eso, era perfecto. Tenía una piedra roja que se lucía por resaltar. Una pieza realmente perfecta. Jamás había visto un collar así. Y ahora que lo pensaba tampoco creí que mi regalo especial sería esto, era realmente bello.

— Es muy... muy hermoso, tía— sonreí.

Se acercó hacia mí, giré y me colocó el collar. Rocé mis dedos por la piedra roja y sentí una vibración. Un cosquilleo. Realmente creo que fue la emoción, pero no estaba segura. Dí vuelta y ella me dedico una sonrisa.

—Sé siempre inteligente, Alice— me apuntó a la frente.

—Siempre pienso con la cabeza— aclaré.

— No lo hagas con la cabeza, hazlo con esto— se llevó la mano al pecho, indicando el corazón.

Suspire haciendo un gesto de afirmación. Mi tía siempre solía decir cosas peculiares, era muy reservada con temas serios. Como con esto referido al collar, por lo que me tome serio el hecho de que sea valioso, peligroso y mágico aunque no literalmente.

—No puedo entender como un collar puede poseer las tres cosas que me has mencionado— me levanté sosteniendo la piedra roja.

— Por el momento te deberé dejar con tus dudas, lo entenderás luego— ladeo su cabeza.

Entender. Bien, ¿pero qué cosa? No me gustaban los misterios.

Tía Dorothy me comunico que saldría un momento hacía la ciudad para buscar unos vestidos, no lo he mencionado, pero mañana la reina daría una fiesta de inicio a la primavera. Ella y tía, eran viejas conocidas y, de hecho, al tener un estatus alto en la sociedad era un deber asistir. Me dijo que se demoraría unas horas y vendría enseguida, me dio varias explicaciones debido a que era mi cumpleaños. Pero le dije que no importaba, estaba bien, realmente no tenía problema con eso. Después de todo, en la tarde celebraríamos mi cumpleaños. Seríamos solo el personal de la mansión, ella y yo.

Tía intento incluir a Darling, Jaqueline e Isabela en la lista, pero le dije que no, esta era mi fiesta y preferiría escoger los invitados. No es como si tuviera algo en contra de esas niñas, sólo que yo lo quería así.

Cuando mi tía abandono la mansión, caminé hacía el jardín. Hacía el campo. Era un lugar bonito, me sentía relajada en esa parte silenciosa de mi mundo. El pastizal estaba bastante más alto que la última vez. Me recosté en el césped. El cielo estaba despejado, ni una sola nube lo invadía, estaba de un color azul profundo.

Sentí una brisa que me puso los pelos de punta. Cerré los ojos colocando mis manos detrás de mi cabeza, suspiré profundo y el único sonido era el viento filtrandose por el césped.

Entonces sentí unas voces susurrándome a la vez, muy cerca de mis oídos. Como si alguien estuviera junto a mí. Me sobresalté de golpe y abrí los ojos rápidamente, mirando a mi alrededor.

Alice.

Eran voces de distinto tono, hablando todas juntas. No diferenciaba si eran masculinas o femeninas.

Alice. Alice.

—¿Qué...? — dije en voz muy baja mirando hacia la nada.




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