Alice y el Collar de Suller (saga #1)

Capítulo V: Blidder

Abrí mis ojos de golpe. Sentí un cosquilleo. Cuando recuperé la visión, la luz del día me lastimó la vista y levanté mi cabeza. Lo primero que noté fue que no era el cielo que yo conocía.

Me giré sobre el suelo quedando boca arriba. Frente a mí se extendía un paisaje imposible. El cielo estaba teñido de tonos violáceos, anaranjados y celestes que se mezclaban como una pintura. Árboles inmensos, de copas rosadas, turquesas, amarillas y azuladas, se alzaban hasta perderse en el horizonte. Sus troncos, oscuros como el ébano, contrastaban con los colores brillantes de sus hojas. A lo lejos, montañas colosales atravesaban las nubes, algunas coronadas por nieve que resplandecía bajo aquella extraña luz.

Me volteé hacía atrás para volver al arco de piedra pero ya no emitía luz. Estaba hecho piedra de nuevo, tal y como lo había encontrado. Tragué saliva y lo golpeé con las palmas de mis manos. Apoyo mi frente en él.

—Esto no puede estar pasando—susurré enojada. Si no volvía, mi tía se preocuparía y todo sería un escándalo. De seguro me estarían buscando.

¿Cómo había llegado hasta aquí? ¿Realmente esto era real? No podía serlo pero sentía como si lo fuera. Hice una respiración para calmarme.

— Bueno Alice, tienes que buscar ayuda o saber dónde estás exactamente. Así que empiezas a caminar o te quedas aquí a esperar— me dije a mi misma.

Volví a observar y estudiar el lugar donde me encontraba. Nunca había visto este tipo de paisajes. En ningún libro de historia o geografía. Caminé un poco y estaba en la cima de lo que parecía una colina rocosa. Tenía que bajar de alguna forma, mire de nuevo al arco, levanté mi vestido despacio y empecé a caminar hacía abajo.

Cuando llegué abajo de nuevo me encontraba con un inmenso bosque.

— ¡¿Hola?! —hablé más para mí que para alguien

Me debía ser sincera, ¿Quién diablos estaría por el bosque y solo? Solamente yo.

—¡Necesito ayuda!—hablé alto y miré el alrededor.

Escuché un ruido entre los árboles. Sentí un escalofrío recorriéndome la espalda.

—¿Hay alguien ahí?— pregunte con la esperanza de que fuera algún guardia buscándome y no un animal salvaje a punto de descuartizarme.

El crujido se escuchó más cercano. Forcé la vista intentando ver algo.

—¡Aquí est…! — las palabras se desvanecieron y lo que se posicionó frente a mí era algo sacado de una pesadilla.

Esto tenía que ser un sueño, un sueño o una pesadilla. Esto no era real, no podía serlo. Empecé a dar pasos hacía atrás y a temblar.

Era una criatura.

Su rostro, era la cosa más horrible que pude ver. Su carne parecía estar podrida. Emanaba un olor nauseabundo, lo pude sentir cuando se acercaba más. Era una criatura alta, totalmente de tez oscura. Su rostro estaba deforme y no podía distinguir si tenía ojos. Tenía las uñas largas y puntiagudas.

La cabeza estaba hacia arriba y se quejaba. En un instante, miro en mi dirección. Me sintió. Hizo un chillido. Mi collar comenzó a brillar al igual que frente al arco y la criatura comenzó a aullar de una forma tan lastimosa que cubrí mis oídos, agachándome.

Se oyó un barullo en todo el bosque, algo que juraba que era mi instinto me susurró un "Corre".

No dudé ni siquiera un instante más. Obedecí a esa voz y corrí. Corrí lo más rápido que mis pies me permitían. Presentía que estaba detrás de mí. Oía como me perseguía pero no podía voltearme.

El vestido se me enredaba en los pies, dificultando el correr y en la trayectoria se rasgó. De tropecé contra algo que no identifique y caí en rodadas. La acción fue tan repentina que sentí mi rostro chocando con el suelo durante los giros y termine entre unos arbustos.

—Maldición…— susurré casi sin aliento.

Mi cabello tapaba mi rostro y me lo quité en una dolorosa acción. Oí la criatura sobre mí, pasó muy rápido. Levanté la vista y jadeé. Esperé unos segundos para ver si no regresaba.
No lo hizo, entonces empecé a respirar por la boca a duras penas, no podía levantarme. Me dolía el cuerpo y por debajo de la costilla derecha. Toqué mi frente y mis dedos se mancharon de sangre, estaba herida. Me mantuve unos minutos echada boca arriba entre esos arbustos hasta que tome la fuerza suficiente para levantarme.

Mire las cercanías. Ni siquiera podía saber en dónde me encontraba, ahora estaba más perdida que antes. Todos los alrededores eran iguales. Lleve la mano al collar y lo apreté con esperanza de que me dijera qué hacer, o al menos brillará como lo ha estado haciendo. Pero no pasaba nada.

Tenía que regresar de nuevo, estaba en shock. Lo que me había perseguido podría estar cerca y escucharme, entonces empecé a caminar lento y cuidadosamente. Repasaba en mi mente lo acontecido y cómo podría volver a donde inicié. El punto clave era el arco de piedra, así que tenía que regresar a ese lugar.

De repente, mientras estaba sumergida en mis pensamientos, algo me tiró de abajo y sentí un impulso hacia arriba.

Me encontraba con mi pie tendido, estaba de cabeza. Mire a mi alrededor, aquí había árboles más grandes que los que deje atrás y de otros colores.
No me había percatado de que llegué hasta este punto.

—¿Ah? —me quejé—. ¿Qu…?

Mire los alrededores. Sentí un golpe tan agudo, que mis ojos se fueron cerrando despacio.

Me desperté con un dolor palpitante en la cabeza. Mi visión yacía nublosa. Parpadeó varias veces hasta tener la vista clara.

—No estaba en nuestros planes golpearla— escuche unas voces extrañas. Todavía no aclaraba mi mente y la cabeza me dolía.

Fruncí el ceño y sentí el dolor del golpe, me pase la mano por la nunca despacio.

—Lo sabía, discúlpeme Señor Rabbel— estaba segura que la voz provenía de un niño.

— ¡Miren, miren! ¡Se está despertando! — una voz femenina.

Logré recuperar la conciencia por completo y me encontré con unos ojos de un tono amarillento frente a los míos, una criatura con facciones extrañas, nariz puntiaguda y orejas por igual.




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