A cierta distancia del jardín, había una zona realmente abandonada, donde nadie se acercaba para ver cómo estaban las flores, que en su tiempo, habían lúcido hermosas, ahora solo estaban marchitas dejando ver su fealdad. En donde debía estar el pasto, estaba lleno de tierra muerta incapaz de producir vida nuevamente. El piso color arena estaba ahora sucio, lleno de un color carmín tan intenso qué parecía sangre mezclada con la suciedad qué se había formado con los años. A los alrededores de ahí, estaban restos de hadas, las cuales habían sido cruelmente masacradas por algo.
Un Hada, muy pequeña a diferencia de las hadas qué habitaban en el jardín, corría asustada mientras se sujetaba una herida en su cuerpo, tropezando con una mano de su concentres, cubriéndose aterrada al escuchar el graznido de alguna criatura que habitaban ahí. Porque Wysteria no era tampoco un lugar seguro para sus propios y extraños habitantes. Wysteria no fue creada por los Dioses, fue creada a partir de una idea de algún ser superior a los anteriormente mencionados.
La pequeña hada se arrastró dentro de un tronco, empezando a rezar bajito para no ser descubierta.
— Urania por favor, que tu manto nocturno me proteja...—rezo juntando sus manos temblorosas, asomando levemente buscando lo que fuera que le estuviera persiguiendo..— Oh Yggdra, por favor, no me abandones.
Pero eso fue en vano cuando una garra la hizo salir espantada de su escondite, viendo a la criatura frente suyo.
Portando un plumaje blanco lleno de manchas de sangre, un largo pico con unos dientes asomarse y heridas en la cabeza la miraban fijamente, con esos sádicos ojos rojos qué no apartaban la mirada de ella, erizando las plumas mientras se abalanza a ella, empezando a desprender la piel de su pequeño cuerpo, sin importarle los gritos que daba.
Entonces lo olfateó, un aroma distinto al de las hadas, el aroma de una sangre distinta que llenó sus fosas nasales y le hizo exhalar, viendo hacia la dirección de donde provenía, tragando el trozo de carne qué retenía en su pico, dejando el pequeño cuerpo descuartizado y avanzando al bello jardín.
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Alice miró a la dirección de donde provino el graznido, deteniendo su andar con Briastan delante suyo, quien guiaba por el jardín hacia el Castillo de la Reina, aquella qué puede ayudarla a volver a casa sin algún riesgo.
Había llegado hace unas horas según su reloj, aquel que su madre le regaló en su quinto cumpleaños, era su mayor tesoro al igual que otro detalle que su padre le dio para adornarlo. Su madre compró la forma del reloj y su padre mandó a adornarlo con extrañas piedras qué reaccionan a la magia qué las brujas mostraban en el aquelarre, pero últimamente han estado brillando cuando ella va a usarlo.
«Voy a volver a casa, mamá y papá me deben estar esperando para dormir», pensó dándose ese consuelo mientras volvía a guardar su reloj bajo su ropa. Fue cuando noto a Briastan detenerse frente a una madriguera, golpeando la puerta de madera.
— Tizón, se que estas ahí, conejo neurótico.—llamó sin dejar de tocar, hasta escuchar varias cerraduras ser quitadas y la puerta abrirse, dejando ver al conejo con un arma en manos.
— No estoy para juegos, se me hace tarde en ir a ver al Señor Rojo, ¡el tren sale en 15 minutos!—gritó empezando a correr sin darles oportunidad de explicar la situación. Briastan soltó un suspiro de real frustración.
— Toco seguirlo, siempre ha sido así, más ahora que no tiene a Mariana.
— ¿Quién es Mariana?, él me llama así desde que salí de la madriguera.
— Ah, eso, bueno... Mariana era una niña nacida aquí, en Wysteria, era la hija de un elfo y una enana, pero cayó en garras de las sanguijuelas y eso afectó demasiado a Tizon.
Alice ahora comprendía porqué Tizón casi lloraba al verla y estaba desesperado en que se apurara en salir, a pesar que solo se conocían de hace tan solo un día y sus horas.
No podía decir que le gustaba ese lugar, era colorido y una escapada de sus clases de todos los días que eran más exigentes qué antes. Si trataba de decirle a su padre le dirían qué está ocupado y sin oportunidad de atenderla correctamente. No podía decir lo mismo de su madre en el aquelarre, las brujas mayores le enseñaron a regañadientes y trataban distante, pero una vez su madre se acerca cambian ese aspecto. Agradece qué su madre no es estúpida y le asignó otros maestros de materias que ella entiende mejor, pero uno se hace el difícil hasta que lograron convencerlo, pero tardaría meses en volver, según escuchó, por temas familiares.
«Espero no sea alguien sarcástico, con mal humor y con feo de carácter», pensó Alice mientras Briastan llegaba a un extraño edificio. Briastan entró primero atravesando la puerta qué siempre se mantenía abierta para todos.
— Que raro... Siempre ahí alguien que nos recibe, pero no ahí nadie, está vacío.—dijo inspeccionando el lugar varias veces, incluso flotando al siguiente nivel.— Ven, aquí está la pizarra de avisos.
— ¿Qué es este lugar?
— ¿Esto?, es una estación de tren, existen varias por toda Wysteria.—le explico viéndola cojear.— ¿Por qué caminas así?
— Porque la raíz de la mano me jalo bruscamente al pozo y me dejó heridas.—dijo alzando la falda de su vestido, dejando ver la herida qué ya había dejado de sangrar.— Y me duele...—quería llorar a causa del dolor, sentándose en una banca, aquellas qué eran similares a las que había en un parque qué habían abierto en Kronavia y visitó con sus padres un día.
Briastan se acercó viendo la herida, girando a una puerta abierta y que dejaba ver el interior.
— Espera aquí...—le pidió mientras se alejaba de nueva cuenta.
Alice se quedó procesando su largo recorrido.
Primero llegó a una madriguera extraña, cubierta de un extraño material que ella reconoció como la carne viva, aquella qué una vez vio a su padre comer luego de un arduo día de trabajo, unos extraños conejitos qué tenían una especie de cuerno en la cabeza con un gusto a la carne de cualquiera que cayera aho, además que tuvo que patear a uno para que la dejara avanzar al resultaron un obstáculo, hasta llegar a la salida de ahí y trepar al agujero qué dejaba ver la luz del día de ese extraño mundo.
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hadas y brujas, alicia en el pais de las maravillas, sombrerero
Editado: 20.01.2026