La persecución avanzaba entre sombras y ramas rotas.
Un lobo enorme, con el pelaje erizado y los colmillos descubiertos, corría detrás de un hombre de aspecto extraño, un ser cuya figura parecía torcida por la mala suerte o por la magia.
Aquel hombre llevaba algo entre sus brazos. Algo que no le pertenecía. Algo que había arrancado de su hogar, y que temblaba en su agarre como un corazón encerrado.
El objeto emitía pequeños sonidos, desesperados, suplicando libertad.
El lobo gruñó con furia, impulsándose hacia adelante. Un salto más y lo alcanzaría. Un colmillo más y lo haría pagar.
Pero justo cuando iba a clavarle los dientes en la pierna–
«¡CRUSH!»
Un sonido seco, brutal, atravesó el bosque.
El lobo cayó de costado. Un aullido desgarrador estalló de su garganta al sentir la pata atrapada entre dientes de hierro que se cerraban con violencia.
La trampa se había activado. Había caído directo en ella.
Intentó zafarse, morder, tirar… pero el dolor lo atravesaba como fuego vivo. Las hojas a su alrededor se empaparon con la sangre que goteaba entre los dientes metálicos.
A lo lejos, el hombre miró hacia atrás.
Y rió.
Rió con esa risa aguda, desagradable, de quien gana no por habilidad, sino por crueldad.
— ¡Otra vez!—gritó mientras corría, alejándose más y más.— ¡Siempre gano!
Siguió avanzando, desapareciendo entre árboles y oscuridad, mientras el objeto en sus brazos seguía temblando, luchando por liberarse.
El lobo solo pudo seguir escuchando, impotente, el eco de esa risa que se perdía entre las sombras.
Porque, al menos esta vez…
Aquel ladrón había vuelto a salirse con la suya.
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Alice había despertado, pero no se sentía bien descansada, se sentía muy cansada y de eso se dio cuenta Briastan.
— ¿Estás bien?—preguntó Briastan, quien había aparecido para hacerle compañía.
— La verdad no.—dijo Alice cansada mientras se ponía el vestido que le dio la bailarina, habría querido qué todo eso hubiera sido un sueño, pero la realidad le terminó dejando ver que nada fue un sueño.— Lo único que me queda por hacer es conocer a los artistas del circo.
— La bailarina, mejor empecemos con ella.—Alice se miró en el espejo y se ajustó el vestido, intentando sentirse un poco más animada. Briastan la observaba con una expresión de preocupación, pero Alice intentó sonreír para tranquilizarlo.
— Sí, la bailarina—, repitió Alice, recordando la impresionante actuación de la noche anterior.— Me gustaría saber más sobre ella. ¿Qué sabes de ella, Briastan?
Briastan se encogió de hombros.
— La verdad, no sé mucho sobre ellos. Solo he escuchado rumores y comentarios de los demás. Pero si quieres conocerlos, puedo acompañarte a buscarlos.
Alice asintió, decidida a conocer más sobre los artistas del circo.
— Sí, vámonos. Empecemos con la bailarina.
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Alice vio a los artistas reunirse en una fogata, algunos practicaban y otro de plano preparaban la comida, fue que uno chocó con ella, disculpándose mientras se retiraba.
Eso hasta ver a la bailarina.
La bailarina se acercó a Alice con una sonrisa enigmática en su rostro. Su cabello negro brillaba a la luz de la fogata.
—Hola, Alice—dijo la bailarina con una voz suave y melodiosa, se veía de mejor humor que el día anterior.— Me alegra verte de nuevo. Me llamo Lyra, por cierto.
Alice se sintió un poco intimidada por la presencia de Lyra, pero intentó sonreír y ser amable.
— Hola, Lyra. Me alegra conocerte y con mejor humor qué ayer.—dijo Alice dando un bostezo a causa del sueño. Lyra se rió suavemente al ver el bostezo de Alice.
— No te preocupes, entiendo que ayer fue un día agotador.—dijo con una sonrisa.— Pero me alegra verte más descansada hoy. ¿Quieres sentarte con nosotros y tomar un poco de té? Estamos celebrando una pequeña reunión.
— Ah, sí claro.—dijo mientras tallaba sus ojos, volviendo a tocar sus encías, más donde debían andar sus colmillos, sintiendo la cosa afilada más notoria. Alice se sintió un poco incómoda al tocar sus encías y sentir la forma afilada de sus colmillos, que parecían estar creciendo de nuevo. Miró a Lyra y a los demás artistas, preguntándose si ellos también habían notado el cambio en su boca.
Lyra la miró con una expresión curiosa, como si pudiera sentir la inquietud de Alice.
— ¿Estás bien, Alice?—,
preguntó, su voz suave y preocupada.
— Siento raro, aquí...—dijo abriendo su boca un poco, aunque Tweedledum fue brusco al intentar ver, ocasionando qué Lyra le diera un golpe en la cabeza por brusco.
Tweedledum se quejó y se frotó la cabeza después del golpe de Lyra.
— ¡Ay! ¡No era necesario, Lyra!—dijo con una mueca de dolor. Lyra lo miró con una expresión severa qué le hizo encogerse.
— No seas brusco, Tweedledum. Alice está siendo amable al compartir su inquietud con nosotros.
Alice se sintió un poco incómoda por la escena, pero Lyra se volvió hacia ella con una sonrisa suave.
— ¿Quieres hablar sobre lo que sientes, Alice? Estamos aquí para escucharte.
— Tengo miedo...—dijo Alice, aún no tenía la suficiente confianza en querer hablar con ellos. Lyra asintió con la cabeza, su expresión se volvió aún más suave y comprensiva.
— Es normal tener miedo, Alice. Este lugar puede ser abrumador al principio. Pero estamos aquí para ayudarte, no para hacerte daño.
Tweedledum, que había estado observando la escena, se acercó a Alice y le dio un golpecito amistoso en el hombro.
— Sí, Alice. No tienes que tener miedo de nosotros. Somos… peculiaridades, pero no somos malas personas… Bueno, a excepción de Blinky; él siempre se mete en problemas con todos.
— ¡Hey!—se defendió el payaso, con un gruñido exagerado y una expresión pintada de ofensa.
— ¡No mientas! Te gusta molestar a jovencitas como la señorita.—añadió Tweedledee, cruzándose de brazos mientras asentía con fuerza, como si eso lo hiciera más convincente.
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hadas y brujas, alicia en el pais de las maravillas, sombrerero
Editado: 25.01.2026