Alice y los Horrores de Wysteria

16-. Cómeme

— En lo que buscamos la salida, hablame de ti, ¿es verdad que vienes de Alcathassia?—preguntó Ignis, con esa típica curiosidad infantil, mientras Alice caminaba a su lado, viendo por todos los caminos alguna salida.

— Si, vengo de ahi, aunque debo decir que no todo es tan... raro como aquí.

— Define raro.

— Bueno, no ahi sirenas en los lagos y ríos, no vez hadas en todas partes y mucho menos criaturas gigantes capaces de comerte de un bocado.—fingió sernuna, mordiendo a la nada, causando la risa de Ignis.

— Entiendo poco, pero si, aquí todo es tan mágico...

— Y bizarro...—Alice sintió la mirada de Ignis, girandose a verlo.— Lo siento...

— Esta bien, supongo que Alcathassia y Wysteria son diferentes entre sí. Mi padre viene de ahi.—Alice se detuvo, chocando contra Ignis, quien se giró confundido, viendo la mirada sorprendida de la niña.— ¿Qué pasa?

— ¿Tú papa? ¿El dragón humanoide?, ¿viene de ahí?

— Si, mi madre es un hada de fuego, señor de estas tierras, viajo a Alcathassia hace poco, lo conoció se enamoraron, pero cuando el debió regresar aquí, el la siguió y fue aceptado, pero, se pelearon por algo y mi mamá se fue con la Reina Blanca un tiempo... hace cien primaveras qué no he vuelto a saber de él, lo extraño demasiado que... olvide como luce realmente, hasta su voz ahora es distante.

— Lo siento...—se disculpó Alice.— ¿Tú papá... el se enojo contigo?

— ¿Porque?

— Porque tu mamá se fuera, digo, ¿te culpo por lo que paso?—preguntó Alice, jugando suavemente con sus manos.— A mi siempre me culpan de cosas tan insignificantes que creo que es verdad.

— ¿Qué?, no, claro que no, el jamás se a mostrado furioso conmigo a menos que yo haya hecho algo realmente malo... el... es un buen padre a pesar de su aspecto intimidante.

— Oh, me recuerda al mio...—hablo Alice, fue entonces que dejó vagar su mente en sus recuerdos, recordando como su padre la abrazaba con amor cuando ella descubría algo aterrador y deseaba refugio.— Aunque pienso que si esta enojado conmigo...

— ¿Porque?

— Empezó cuando manifesté mi magia, le fui a mostrársela y su cara no parecía la de alguien realmente feliz.

— Bueno, por lo poco que se, no todos en Alcathassia están listos para la magia, algunos le tienen miedo o simplemente la odian, asi que no sería raro que tu padre la odie, pero seguramente te quiere tanto que tolera que la hayas manifestado.

— ¿Porque dices eso?—preguntó Alice teniendo miedo de escuchar la respuesta.

— Porque según escuchamos, son los propios padres quienes venden a sus hijos o hijas cuando ellos manifiestan magia... no pongas esa cara, no quería hacerte sentir mal.

Solo sonrió levemente, mientras volvía a seguir a Ignis.

Alice e Ignis seguían avanzando por el laberinto, pero ahora, con guía del joven príncipe, lograron llegar hasta al centro, donde en una mesita, estaba una nota escrita en letras doradas.

«Por favor, se paciente, el postre aun no esta listo», decía con buena caligrafía en letras doradas y resplandeciente, «Así que te pido que de favor, vuelvas a recorrer el laberinto, pronto estará listo todo».

Alice e Ignis se quedaron en silencio frente a la pequeña mesa de piedra. La nota, escrita en un dorado tan pulcro que parecía recién pintado, no encajaba con el resto del laberinto. El lugar estaba muerto, húmedo, oscuro… pero esas letras brillaban como si alguien las hubiese dejado ahí hacía apenas unos minutos.

Ignis frunció el ceño.

— ¿Postre? ¿En medio de una guerra? Eso no tiene sentido…

Alice dio un paso más cerca, sintiendo un escalofrío recorrerle los hombros.
La caligrafía era elegante. Serpenteante. Casi burlona.

— No me gusta esto…—murmuró, tocando apenas el borde del papel.

La luz dorada parpadeó, como si la nota “respirara” con vida propia.

«Sé paciente, pequeña Alice… todo estará listo para ti muy, muy pronto.»
Ese nuevo renglón no estaba antes. Alice retrocedió de inmediato, chocando con Ignis.

— ¡¿Viste eso?!—exclamó él, dando un paso atrás con las alas encogiéndose involuntariamente.

— Sí…—respondió Alice, tragando saliva.— Y… no quiero saber qué significa “postre”.

Ignis se acercó, tomando a Alice del brazo de manera protectora. El laberinto, que antes solo murmuraba, ahora parecía susurrar su nombre.

«Alice… Alice… Alice…»

Ella apretó el puño.

— Ignis… no creo que sea buena idea hacer lo que la nota dice.

— De acuerdo contigo—respondió él sin dudar.— Esto huele a trampa. Y de las malas.

Las sombras del centro del laberinto parecieron inclinarse hacia ambos, como si los observaran. El aire se volvió más denso, más frío. Ignis soltó una chispa involuntaria en su palma.

— Vamos, volvamos—dijo.— Mi Padre necesita saber que alguien está manipulando el laberinto. Y si hay una criatura esperando a que seas “el postre”… no pienso dejar que te encuentren primero.

Alice lo miró, agradecida.

— Ignis…

— ¿Sí?

— ¿Siempre pasa esto aquí?—preguntó, intentando sonreír.

— No.—respondió él.— Esto es nuevo. Y eso lo hace peor.

Alice tomó aire profundamente.

— Entonces corramos antes de que el “postre” sea servido.

Y juntos dieron media vuelta, sin saber que en la oscuridad del laberinto...unos ojos diminutos y hambrientos los seguían.

— ¿Puedo preguntar algo?

— Adelante…—respondió Alice, mientras seguía observando los muros húmedos y grises del laberinto.

Ignis caminaba a su lado, con el ceño ligeramente fruncido.

— ¿Qué te hizo llegar hasta aquí? Porque no creo que hayas decidido ir a ver a la Reina Blanca tú sola…

Alice suspiró, encogiéndose de hombros.

— Un poco de guía de las hadas del Jardín Miniatura… y de Briastan.—admitió.— Me dio algunas pistas que me ayudaron a avanzar, aunque… siempre desaparece cuando más lo necesito. No sé por qué. Las hadas me dijeron que, si llegaba a la Reina, ella podría ayudarme... O que quizá conociera a alguien que sí pudiera.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.