El bosque parecía contener la respiración. Las pisadas se habían detenido, pero el eco de su velocidad aún vibraba en los oídos de Alice. Se quedó inmóvil, con los músculos tensos, escuchando… cada crujido de rama, cada roce entre las hojas.
Briastan avanzó un paso, colocándose un poco delante de ella, como si pudiera protegerla de lo invisible. El silencio se volvió más pesado, hasta el punto de resultar insoportable.
Entonces volvió a sonar: un roce rápido, apenas perceptible, como garras arañando la corteza. Alice tragó saliva, con los ojos buscando entre las sombras, y un escalofrío recorrió su espalda.
— ¿Lo escuchaste?—murmuró ella.
Briastan asintió, con el ceño fruncido, pero no dijo nada.
La tensión creció. Algo los estaba observando. Algo los seguía, se movía demasiado rápido para dejarse ver. Alice sintió que si no rompía el silencio, se ahogaría. Dio un paso adelante, con la voz temblorosa al principio, pero cargada de firmeza al final:
— ¡Muéstrate! ¡No… no te tengo miedo!—El eco de su grito pareció perderse entre los árboles, tragado por el silencio espeso del bosque. Por un instante nada respondió… hasta que un leve crujido sonó justo detrás de ella.
Alice sintió que la sangre le abandonaba el rostro. Lentamente, muy lentamente, giró la cabeza, y después el cuerpo entero.
Las sombras parecieron moverse, y de pronto, allí estaba.
La criatura emergía de entre los troncos como si el bosque mismo la hubiera parido: un cuerpo descomunal, sostenido por patas largas y afiladas, y en su lomo oscuro resplandecía una gema enorme, palpitante, que bañaba la penumbra con destellos siniestros.
Briastan se interpuso instintivamente entre Alice y la criatura, pero el brillo de aquella joya maldita ya se reflejaba en los ojos de la niña.
— A... A... Aranida...—murmuro asustada, retrocediendo lentamente.
— ¡Alice, corre!—la voz de Myrrhal cortó el aire helado del bosque, llenándolo de urgencia.
Alice se lanzó entre los árboles, su respiración entrecortada como un tambor desbocado. Las garras de la criatura golpeaban el suelo detrás de ella, levantando polvo y hojas secas que giraban a su alrededor. Cada latido le retumbaba en los oídos, amplificado por el miedo que la empujaba a no mirar atrás.
De repente, su largo cabello se enredó en una rama baja y rugosa. Tiró con todas sus fuerzas, pero la madera se cerró como una trampa. La criatura rugió, un sonido que vibró en su pecho y le heló la sangre. Cada segundo contaba.
Con manos temblorosas, sacó las tijeras de su bolsillo. Sintió cómo las hojas frías cortaban su cabello mechón a mechón. Cada corte era un sacrificio, un pedazo de su antigua libertad que dejaba caer al suelo. Al fin, liberada, su mal cortado cabello se agitó suavemente, enviando un escalofrío que mezclaba dolor y alivio.
Sin pausa, continuó corriendo, saltando sobre raíces, esquivando troncos caídos y girando en zigzag. La criatura la perseguía con rugidos que reverberaban en la madera y el viento.
Briastan, invisible y atrapado entre dos mundos, solo podía observar. Su corazón fantasmal latía al compás del de Alice mientras ella avanzaba, dejando tras de sí mechones cortados, hojas rotas y un rastro de determinación que ni la criatura más temible podría borrar.
Entonces, una voz suave pero firme la detuvo:
— Recuerda que eres… ¡usa tu varita!—la Oruga apareció entre las sombras, su presencia tranquila contrastando con el caos que la rodeaba.
Alice frenó a distancia, levantando la varita. Sus ojos se llenaron de determinación. Cerró los puños un instante, y luego gritó con fuerza:
— ¡LEVITHMONG CAB!
De la punta de su varita surgió una alabarda de pura luz mágica, que cortó el aire con un silbido agudo y atravesó la gema en el pecho de la criatura. La bestia rugió con un grito ensordecedor mientras una onda de energía la lanzó hacia atrás, levantando hojas, polvo y ramas como si el bosque mismo se estremeciera.
Briastan, invisible, la observaba con alivio y orgullo. Alice, con su cabello despeinado y mechones caídos sobre el suelo, mantenía la varita en alto, rodeada de un halo de poder. La magia brillaba en sus ojos y en sus gestos, recordando que el miedo podía ser derrotado con coraje y determinación.
— Al fin… reúnete conmigo en lo profundo del bosque de Hongos. Ten cuidado con la colonia por venir
— ¡¿Cómo que cuidado con la colonia por venir?! ¡¿A que se refiere?!—gritó Alice, pero la voz de Myrrhal ya se había desvanecido junto con su silueta, como si nunca hubiera estado allí.— Y me dejo hablando sola, yeih... a este punto me pregunto porque no e caído en la locura.
El silencio la envolvió, pesado y húmedo, cargado del aroma terroso de los hongos gigantes. Sin embargo, al parpadear, lo vio: un sendero de luz tenue que solo ella podía percibir, hilos plateados que se abrían camino entre raíces retorcidas y esporas flotantes. Era la magia de Myrrhal, un mapa invisible para todos menos para ella.
Avanzó, cada paso despertando un murmullo entre las sombras. La colonia que tanto la advertían parecía susurrar desde la penumbra: un zumbido de vida que Alice apenas comprendía. Entonces lo vio: una Aránida más pequeña, un macho, se acercaba lentamente al cadáver de la hembra que Alice había matado. Su mirada parecía perdida, casi humana, lamentando la pérdida.
Alice contuvo la respiración, observando cómo se inclinaba sobre el cuerpo, ignorando la presencia de Alice… hasta que un chillido cortó el aire. Las criaturas dispersas entre los hongos reaccionaron al unísono, dejando escapar un rugido colectivo antes de lanzarse en todas direcciones, buscándola frenéticamente. El sendero de luz parpadeó, instándola a seguir, mientras su corazón latía al ritmo del bosque entero: mitad miedo, mitad fascinación.
Alice contuvo la respiración y cerró los ojos un instante, dejando que su don se desplegara. La magia de su vista, esa que pocos podían comprender, le permitió atravesar la ilusión del bosque. Las raíces que parecían sólidas se revelaron huecos; los hongos gigantes mostraron caminos secretos entre ellos, pasadizos que la colonia jamás detectaría.
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hadas y brujas, alicia en el pais de las maravillas, sombrerero
Editado: 08.03.2026