Alice y los Horrores de Wysteria

27-. Legitimo heredero al Trono, Briastan

Las calles de Eldore se desdibujaban a su paso. La luz lo cubría todo ahora, trepando por muros, filtrándose por cada rincón, como si el mundo estuviera siendo reclamado poco a poco.

Alice esquivaba las raíces, pero algunas rozaban su piel, dejándole una sensación fría como si algo quisiera atraparla para que no cumpliera su objetivo. No se detuvo. No podía. Sabía que si llegaba tarde no habría nada que salvar.

El aire se volvió más denso mientras avanzaba. La luz más intensa. El suelo comenzó a agrietarse, y entre las grietas, la misma energía pulsaba como un corazón latiendo bajo tierra.

Ahí. El origen. Alice frenó en seco. Frente a ella, el mundo se abría. Raíces de luz emergían desde un punto central, elevándose, entrelazándose formando algo. No un cuerpo aún, pero casi. Una silueta incompleta, sostenida por energía robada.

Briastan.

Alice sintió cómo se le cerraba el pecho.

No tenía forma fija. Su cuerpo se reconstruía y deshacía constantemente, como si no recordara cómo existir. Partes de él eran demasiado nítidas otras, apenas sombras.

Pero sus ojos. Esos la reconocieron.

- Llegaste... tu eres lo último que me falta-dijo, su voz superpuesta, como si varias versiones hablaran a la vez.- Una vida humana a cambio de que se me regrese la mía.

Alice dio un paso hacia él.

- Detén esto.-dijo sin rodeos.- Estás matando a todos.

Briastan ladeó la cabeza.

- No están muriendo.-respondió.- Están ayudando.

Las sombras a su alrededor se agitaron.

- Me lo deben.

Alice frunció el ceño.

- Nadie te debe su vida.

- ¡SÍ!-su voz estalló, deformando el espacio- Me dejaron. Me olvidaron. Me hicieron pedazos.

Fragmentos de memoria se abrieron a su alrededor: carne desgarrada, manos que no ayudaban, voces que callaban demasiado tarde.

Alice se quedó inmóvil. Algo encajó. Lento. Pesado.

- Entonces eres tú...-murmuró, más para sí misma que para él.- El príncipe de la historia...

Alzó la vista, observándolo con nuevos ojos.

- Aquel al que despedazaron... aquel al que alejaron de sus padres.

El silencio que siguió fue distinto. Era de esos que ella conocía cuando había fiestas de adultos en las que ella no debía estar, aquellas que ella veía escondidas emocionada hasta que su padre la descubria, uno tenso y grave,

Briastan dejó de moverse por un segundo.

Solo uno. Pero suficiente.

- ...así que lo sabes-dijo finalmente, su voz más baja, más humana- ¿Y qué cambia eso?

Las raíces latieron.

Más fuerte.

- Nada.-respondió Alice.- Solo que ahora entiendo por qué estás haciendo esto.

Briastan sonrió. Pero no había alivio en ello.

- Entonces también entiendes que no voy a detenerme.

Alice negó suavemente.

- No-dijo.- Entiendo que te hicieron algo horrible.-cuidadosamente, avanzó un paso hacia él, tomando sus propias precauciones.- Pero eso no te da derecho a convertirte en lo mismo que ellos.

El espacio se tensó.

- ¡NO ES LO MISMO!-rugió Briastan.- ¡YO NO LOS ESTOY DESTRUYENDO!

Señaló las raíces, las cuales avanzaban sin nadie quien las detuviera, buscando mas señales de vida que arrebatar para jamás regresarla.

- ¡LOS ESTOY USANDO!

La diferencia era peor. Alice sintió un escalofrío, retrocediendo un paso cuando una de las raices se acercó a dónde ella.

- Eso es exactamente lo que ellos hicieron contigo, estás repitiendo los mismos patrones.

Silencio.

Briastan se quedó quieto. Las raíces dudaron.

Solo un instante.

- No...-murmuró- No es igual... No es igual... No es igual...

Pero ya no sonaba seguro.

El espacio vibró de forma inestable.

Las formas que componían su cuerpo titilaron, como si algo en su interior estuviera fallando.

Alice lo notó de inmediato, ese momento de vulnerabilidad, la pequeña grieta que se formó.

No iba a dejar pasar eso.

- No estás volviendo.-dijo, tratando de escucharse firme.- Estás repitiendo lo que te rompió y eso jamas es algo bueno, me han contado que eso solo termina trayendo cosas malas, que la persona no regresa siendo la misma o lo que termina regresando es otra cosa.

Las palabras cayeron directo. Sin defensa. Sin filtro, justo como ella lo a escuchado de los adultos cuando siempre terminaban discutiendo.

Briastan retrocedió un paso.

-Cállate...

Pero ya no era un grito.

Era miedo.

El mundo alrededor empezó a fracturarse.

Las raíces se agitaron, intentando estabilizarlo... pero ya no respondían igual.

Floto alrededor de su cuerpo, mientras este se reconstruia lentamente. Las imágenes a su alrededor cambiaron: fragmentos de dolor, de abandono, de oscuridad.

- Ahora...-continuó, más bajo- Ahora puedo volver. Completo. Correcto.

Alice apretó su único puño sano, teniendo su brazo herido sujeto al pecho, acercandose un paso a donde él.

- No así... solo te traerás mas sufrimiento

- ¿Y cómo entonces?-replicó él, acercándose- ¿Desapareciendo? ¿Siendo otro error enterrado?

Se detuvo frente a ella.

Su forma se estabilizó apenas.

- Tú me encontraste.-dijo- Tú sabes lo que soy.

Alice lo miró fijamente.

- Sí.-respondió.- Y por eso sé que esto no eres tú.

Briastan sonrió.

Pero no era una sonrisa humana.

- Esto es exactamente lo que soy.

Las raíces de luz comenzaron a envolverlo, completándolo poco a poco.

- Y no voy a detenerme.

El espacio tembló.

Alice sintió cómo algo tiraba de ella, como si el ritual intentara expulsarla... o absorberla también.

El tiempo se estaba acabando.

Briastan ya no la estaba escuchando. Ya no quería hacerlo.

Alice bajó la mirada un segundo.

Respiró.

Y entonces, levantó la vista de nuevo con una decisión distinta en los ojos.

-...idiota...-murmuró, más triste que enojada.

Alzó la varita.




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