Alicia en el País de las Parafilias

1.4. LA PULSERA

Maldita puta.

Dijo Carmila y a su lado dos amigas mientras pasaron cerca de Alicia quien abría su casillero para sacar algunos cuadernos, entre esos su cuaderno negro donde el chico la veía hacer sus anotaciones .

Alicia solo la ignoró.

—¿Me escuchas? Te hablo.

Carmila tocó el hombro con intenciones de empujar a Alicia.

—¡No me toques! —Reaccionó inmediatamente Alicia empujándola contra los casilleros. Parecía que el simple toque de Carmila para ella habría sido como cuchillas.

A algunos pocos metros el chico veía toda la escena.

Varios de los cuadernos de Alicia cayeron al piso. Carmila quiso tomar el cuaderno que siempre maneja Alicia escribiendo, ese cuaderno viejo. Alicia le pegó una patada y un hilo de sangre cayó al piso. Los demás estudiantes rodearon el show que se armaba mirando con Carmila había sido derrotada en dos ámbitos. El físico y el mental en las notas escolares anteriores.

A Alicia le temblaban las manos.

Los ojos del chico solo estaban clavados en Alicia. para el chico todo ese tiempo Alicia parecía ser delicada e indefensa; le dio un gusto saber que también era una heroína porque se defendió bien contra Carmila y sus amigas. Seguido de eso vino el preceptor y llevaron a detención a Alicia, porque ella no tenía un rasguño y Carmila sí.

[...]

Mientras que la mente de los estudiantes de segundo de secundaria yacían centradas en el examen de matemáticas. Cada neurona del chico solo nombraba a Alicia. Incluso él sentía que cada latido de su corazón le ordenaba ver a Alicia.

Y tenía el plan perfecto.

Dejó sus bolígrafos sobre las fotocopias vacías y se levantó.

—¿Qué haces allí parado joven Noriega? Siéntese estamos en examen —Dijo el profesor de matemáticas.

El chico no hizo caso.

Ya siéntate tonto. -Carlos le botó con una botella plástica.

Joven noriega sabe usted que este examen valen demasiados puntos.

En consecuencia, el chico apareció delante de la sala de detención. Abrió la puerta sin decir nada. El preceptor estaba muy cercano a Alicia inspeccionando por si ella también tenía una herida; pensó el chico.

-¿Por qué de aquí muchacho?

El preceptor tenía buena memoria conocía el nombre de todos, pero en el caso del chico no, uno que nunca había roto las 110 leyes escolares, podría autoromper su alma y su corazón, pero nunca algo del mundo exterior, por lo cual era invisible para él. Bueno desde ahora ya no.

Cometí una falta de respeto... me mandaron aquí.

La cara de preceptor se mostró algo frustrada. Y se acomodó los lentes.

-Bien ustedes escriban 200 veces en sus cuadernos "No faltar las leyes escolares" Yo regreso en receso. -El preceptor se cerró la hebilla del cinturón y salió -Yo regreso luego del receso y si ya lo han terminado, pueden volver a clases.

El salón quedó completamente en silencio. Tanto que el chico creyó oír la respiración de Alicia.

Oye tú eres el chico del paraguas....

Alicia rompió el silencio.

Alicia se tocaba la pulsera negra de su muñeca.

Es muy bonita —Dijo el chico.

No creo que lo sea, me incomoda mucho. —Alicia con la punta de su bolígrafo intenta meter por una pequeña rendija.

El chico la vio de cerca y a decir verdad si le pareció ser incómoda. Le quedaba muy ajustada que marcaba su piel y la parte que la cubría tenía un color demasiado blanco en su piel. Era la primera vez que lo observaba de cerca.

—Mmm es un regalo familiar, en verdad quisiera sacármelo, pero no quisiera estropearlo. —Mencionó Alicia con un tono de no estar segura.

—¿Puedo? —Dijo el chico acercándose a ella.

. —Alicia abre un frasco y mastica un dulce. Se aparta un poco. —Adelante...

Cual relojero fuera, el chico inspeccionó la pulsera; era completamente metálica y el centro parecía tener circuitos y lo unía una especie como si fuera un candado con combinaciones. Y destellaba una leve luz rojiza casi innotoria.

—Creo que puedo ayudarte...

Alicia se pone de pie y se emociona mucho y le brillan los ojos.

—¿En serio?

—Sí. Antes ayudaba a mi padrastro reparando relojes y pues él tiene herramientas. Sé cosas de eso.

Ayúdame por favor.

[...]

Diario:

Hoy al fin pude hablar más a Alicia y eso me da mucha alegría, aunque me da cierta tristeza que Alicia no recuerda que me salvó la vida y solo me haya reconocido como el chico del paraguas. O quizá tiene la filosofía de esos superhéroes que leo, no le gusta el reconocimiento por más que salvan el mundo muchas veces. Bueno Alicia no salvó la tierra de una invasión extraterrestre, pero si salvó mi mundo, y eso ni eso ni el superhéroe más fuerte pudiera haberlo hecho. Solo ella pudo ingresar a un mundo que ni yo mismo podía ingresar por más que me esforzara.

Deduzco que tiene 16 años, bueno eso no importa mucho, porque yo en unos meses también los cumplo. Ahora estoy más seguro que le gusta escribir, porque en cierto momento dejó de hacer el castigo que nos puso el preceptor y se puso a escribir en su cuaderno negro.

No pude ver que escribía, más intuyo que hace los versos más hermosos y rimas únicos.

Luego sacó su teléfono o bueno celular como lo llaman. No sé mucho de eso, nunca manejé alguno. Solo sé que tienen de todo, vi que tienen música, videos, se pueden enviar mensajes y hasta linterna. Alicia lo usó para entrar a una aplicación naranja para leer. Y lo hizo hasta que sonó la campana.




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