Alicia en el País de las Parafilias

2.1. LA PUERTA SECRETA

Su luz brillaba por más que caminaba por la ciudad, por esta razón era imposible perderla de vista. Alicia resaltaba entre toda la multitud

Y el chico la seguía cual si fuera una estrella fugaz. Seguro donde ella estrellara hallaría un gran tesoro. Su corazón era una brújula que ordenaba seguirla.

Alicia llegó a un callejón.

El chico se detuvo un momento para que ella entre y luego con pasos lentos siguió. El callejón estaba casi oscuro y de la luz de Alicia no estaba ni una chispa. Ese lugar se la había tragado.

Se adentró más y dejó de oír los ruidos de la ciudad. No había nada más que ladrillos viejos y puertas oxidadas como si nunca una persona había pisado ese suelo. Montones de latas de basura, calaminas y una que otras botellas rotas.

Dio un suspiro y se sentó en el suelo frustrado. Un ruido leve irrumpió. Un gato se asomó al principio de la entrada del callejón. Tenía una mal formación en la boca, su mandíbula superior se direccionaba a la derecha y la inferior a la izquierda. Sostenía una bolsa de huesos de pescados. El chico se levantó y tuvo miedo por unos instantes, pero se calmó, sabía que sentía ser diferente. El gato se acercó dando un maullido gutural y el chico le dio dos palmadas en la cabeza. Se agachó y abrió su mochila y le dio la mitad de su sándwich, el gato abrió su boca y lo comió muy agradecido como si fuese lo más rico del planeta. Y lo era para un gato callejero que solo comía de la basura y eso que los alimentos que el chico siempre llevaba no siempre eran los más buenos. Frank prefería gastar muchos pesos en alcohol, pero nunca en alimentos buenos, siempre los de oferta o los que ya tenían vencidas su caducidad.

El gato masticó desparramando muchas migas puesto que por su condición su boca no se cerraba bien. El gato le dio lamidas. Apenas un colmillo superior adornaba su dentadura. Luego de agradecer con un acurrucamiento se dirigió al rincón del callejón donde el montón de calaminas. Empujó un poco y se perdió.

El chico cargó su mochila y se sentó donde el gato desapareció. Levantó una calamina. Al fondo se veía una vaga luz al final. Agachándose entró. Se sintió como Coraline entrando por la puerta secreta. Y la oscuridad le tragó completamente por unos instantes. Pero solo siguió gateando hasta que una fuerte luz le cegó. Cuando sus ojos pudieron adaptarse se encontró en un enorme estadio de futbol.

Las bancas que lo rodeaban parecían ser olvidados, pues la vegetación ya reclamada el lugar. La hierba del campo ya estaba considerablemente alta. El aire del lugar era muy fresco.

Al medio de la cancha estaba Alicia, acostada en el pasto. Tenía puesto unos audífonos retro y el celular en el pecho. Su cuaderno negro a un costado.

En un suspiro de el chico liberó su preocupación y su corazón latió tranquilo. Ella volvía a estar en su vida. Frente a él. Todos los malos recuerdos de su vida volvieron a desaparecer por completo. Otra vez estaba Alicia en su historia. Otra vez estaba su medicina.

Lentamente se acercó a ella sin hacer ruido. Sabía que estaba mal hacerlo. Fue cuando estuvo delante de ella vio un par de lágrimas en ella y la canción de When the Party Over de Billie Eilish en el reproductor.

Ella abre los ojos e inmediatamente vio al chico. Se limpió las lágrimas y su rostro de tristeza cambió a felicidad. Como esas muñecas cambia cara, que cambian de emoción al instante. Y guardó el cuaderno negro en su bolso.

—¿Qué haces aquí chico de la sala de detención? —Dijo Alicia incorporándose para sentarse. Su voz se nota apagada.

Lo siento, solo te vi y te seguí.

Alicia vio todo el lugar.

—¿Nadie te ha seguido?

Alicia vio a muchas direcciones y en especial a la puerta secreta.

Bueno solo un gato...

A pocos metros estaba el gato negro abriendo la bolsa de huesos de pescado y otros pequeños gatitos le rodearon maullando emocionados y hambrientos.

Sí. Hay varios gatos aquí....Yo conocía a uno bien fastidioso, no sabía que eran tan adorables ¿Y bien por qué razón me seguiste?

«Tú me salvaste la vida y me gustas demasiado».

Podría haberle dicho, pero no lo hizo.

-

—Pues solamente...

—Es un lugar muy tranquilo ¿No crees?

El chico asintió con la cabeza. Al mismo que se levanta la falda de Alicia se sube hasta su entrepierna y se ve un poco de sus bragas. Más los ojos de él están centrados en los ojos celestes de ella. Esos ojos que parecen atraerlos más que la gravedad.

Anteriormente este iba a ser un estadio muy concurrido aquí en Montrive. —La voz de Alicia sigue mostrándose afligida, aunque su rostro diga lo contrario —Pero resulta que el alcalde solo compró materiales baratos y tuvieron que clausurar el lugar. Desde allí nadie más lo usa. ¿Te gusta? Es demasiado tranquilo.

Y antes que pudiera el chico decir una palabra más. Ella prosiguió.

Si quieres puedes quedarte, pero que siga tranquilo el lugar ¿Vale?

—Está bien.

—¿Por cierto, pagaste tu derecho de entrada a ellos? Después de todo ellos encontraron primero este lugar.

Alicia apuntó con su mirada a los gatitos que lamían los huesos de pescado.

Le di al gato negro...

El chico abrió su mochila y sacó la otra mitad de sándwich se acercó a los gatitos. Pedaceó el sándwich y les dio. Los felinos comieron muy felices.

Al regresar Alicia estaba acostada en la misma posición que le había encontrado, puesta sus audífonos. Esta vez el chico prefirió no molestarla. "Que el lugar siga siendo tranquilo" , le había dicho; no quería interrumpir el lugar de ella, quizá era un lugar para escapar de algo de su vida. Así como era ella para él, que solo bastaba mirarla para sentirse bien. Y la miró por varios minutos. Hasta dormirse porque este día había caminado mucho.




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