Alicia en el País de las Parafilias

2.5. El Secreto de Alicia

Cuando llegó al callejón ya había recuperado el poder espirar con normalidad y ya no cojeaba tanto.

Al agacharse sintió ese punteo interno, pero lo ignoró. Solo debía esperar unos instantes más. Alicia estaba a pocos metros.

Cruzó el umbral.

Alicia escribía en su cuaderno negro y puesta los audífonos y Shadow y sus crías comían mortadela. El chico ocultó los girsoles detrás de su espalda.

Caminó hacia Alicia como si fuera un hombre perdido en el desierto y ella es agua.

A unos metros Alicia notó su presencia y guardó el cuaderno en su bolso. Miró preocupado al chico.

—¿Qué te pasó?

Estaban frente a frente. Había perdido el aroma del perfume y no estaba para nada presentable.

Ten. Es tu último pendiente en tu lista de deseos.

Extendió sus manos y los girasoles estaban delante de ella.

Gracias, pero, primero...

Alicia... solo necesito esto...

El chico abre sus brazos y se acerca. Estando a pocos centímetros. Y sus cuerpos se habían rozado un poco...

Y el chico sintió a Alicia. Sus manos tocándole. Por mucho tiempo sintió la ilusión por este momento.

—¡No me toques!

Pero solo fue que ella lo empujó bruscamente. El chico cayó al piso.

Yo... lo siento... No me gusta esto.

Alicia agarró su bolso y se marchó.

El chico se acostó mirando al cielo.

«¿Acaso en realidad todo estaba bien?»

Se preguntó.

[...]

Eres mi único deseo. Me gusta tu forma loca de ser. Pero estoy tratando de hacer lo que sea necesario para creer que soy sufiente para ti. Estoy enamorado de ti, quisiera que sientas lo mismo por mi. No hay nadie como tú. Ninguna se compara a ti. Eres una en un millón.

Rex Orange Country- One Millón

[...]

Llegó a casa demasiado tarde y con dolores que tocaban sus huesos.

Magie estaba muy preocupada.

Frank no dijo nada ni hizo nada malo ni bueno.

Magie había curado parte de sus heridas y no fue a trabajar unos días. Lo cual le dio para pensar en Alicia.

Que si ella tenía ese temor que la toquen era porque algo malo la había pasado y debía entenderla. Y siempre que podía le escribía una carta donde puso todo su corazón.

Ya el día que pueda caminar con normalidad iría a verla y entregarla.

Habían quedado en ser unos completos desconocidos, pero una amistad no debía ser así. Ambos debían hablar de sus vidas.

Por ahora haría las cosas diferentes para bien.

[...]

El lunes pudo volver a salir de casa. Esos días habían sido de mucha reflexión y también de extrañarla.

Tenía muchas cosas que decirle. Ya no se callaría más.

De lejos vio estacionarse la limusina. Alicia bajó. La limusina se fue. Esta vez no tomó el desvío hacia la puerta secreta. Solo se fue directo a la puerta del colegio. El chico corrió a verla.

Hola Alicia.

El chico la miró de pies a cabeza y se alegró mucho. Extrañó cada rasgo de ella. No había cambiado mucho. Seguía siendo hermosa. Lo único diferente era que tenía ahora dos pulseras más oscuras y gruesas.

Alicia ni siquiera se limitó a mirarlo. Se puso sus audífonos y se fue a su salón.

Alicia...

El chico se quedó sin sacar la carta que había escrito.

«¿Acaso todo lo que vivimos fue un sueño?»

[...]

El timbre de la salida sonó. El chico salió rápido y se quedó esperando a Alicia. Pero todos salieron menos ella. Entonces seguro había regresado a sus prácticas de gimnasia o música; pensó. El chico primero fue al salón de gimnasia y se asomó y su presencia estaba ausente.

Fue al salón de música. Se escuchó como siempre los buenos comentarios del maestro y ciertos quejidos de Alicia.

Intentó ver por la ventana, más sus ojos no alcanzaban a ver puesto que al vidrio le cubriría un enorme estante de instrumentos. Más en lo alto había una pequeña abertura.

Fue cuando se acordó de la cámara instantánea, la agarró con la mano derecha y estiró el brazo hasta llegar a la altura de la abertura de la ventana.

Escuchó un clic y un leve flash.

El chico bajó la mano y la cámara imprimió algo que destruyó al chico.

El maestro de música estaba sentado desnudo y Alicia encima moviéndose. Acariciando su pecho.

Que bien te mueves. Que bien lo tocas. ¿Dime quién lo hace mejor yo o los otros maestros?

El chico soltó la cámara.

Alicia fue la única que se dio cuenta de esto.

El maestro de música estaba más centrado en el acto.

El cuerpo del chico perdió más fuerzas y soltó la carta que antes era muy valiosa.

Alicia empujó al maestro.

Creo que oí a alguien.

—Sigamos... pequeña perra a esta hora nadie está.

—Lo digo en serio.

Alicia se cambió rápidamente. Abrió la puerta y sabía que el chico antes estaba allí. Porque tomó la carta y estaba su nombre.

[...]

Para: Alicia

Quiero que sepas que tu esencia siempre ha estado en los cuentos más bonitos.

Eres mi Alicia, llenaste de maravillas a este país. Yo no seré el Sombrero Loco, más en verdad me hiciste amarte hasta perder la razón. No soy el gato Cheshire, más dibujas una gran sonrisa en mí. Eres la reina blanca que gobierna mi corazón.

También eres Dorothy: Me diste un cerebro a mi pobre cuerpo de paja. Un cálido corazón donde antes había un torso frío de lata. Me diste un valor que nunca creí tener, ya no tengo miedo de ser yo. Y no está demás decir que enseñaste a mi mundo de Oz que la magia existe. Gracias por acompañarme en el camino de baldosas amarillas, antes eran oscuras.




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