Alicia en el País de las Parafilias

3.1. CONEJO BLANCO

Alicia, una Alicia niña, estaba en un parque de diversiones donde más bien era una fiesta de colores.

Los stands de juegos de feria hacían largas columnas para combatir el aburrimiento.

Alicia con brillo en sus ojos quería probar todos los juegos y ganar algún premio sin importar aún sea el más pequeño. Sus bolsillos solo protegían un dólar y una goma de mascar y eso no era suficiente para nada, su familia era pobre. Hasta que halla la máquina para duplicar monedas, que en realidad era un tragamonedas, que se comió todo el cambio de su dólar. Y llora.

Enana ¿Qué pasó?

Alicia le contó lo que pasó. Alex, su hermano mayor 2 años que ella, le abraza y Alicia corresponde. Ama los abrazos y llenan su pequeño corazón.

—¿Que te parece si te cuento un cuento?

Alicia también ama que le cuenten cuentos, sobre todo antes de dormir, eso le ayuda a hacer pases con el señor de los sueños y dormite profundamente y sin pesadillas.

Alicia y Alex se sientan en el borde del puente y a pocos metros está el mar. Una brisa cálida los golpea levemente.

Alex saca de su mochila un libro de cuentos. Alicia sonríe, le encantaba ese libro, contenía muchos y parecía nunca acabarse: El patito feo, El Mago de Oz, Ricitos de Oro, Blanca Nieves, Pulgarcito y demás. Más que siempre quería que su hermano le lea por más que más de 100 veces era Alicia en el País de las Maravillas.

Era curioso que la protagonista tuviera su nombre y a veces sentía que ella vivía esas aventuras.

—Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Dijo Alex mientras acaricia el pelo castaño de Alicia, quien tiene la cabeza en su regazo.

Gracias hermanito.

Alicia habla con un tono afligido. Tampoco solo era eso, en los ojos cafés de Alicia se llenaron de charcos de lágrimas.

—¿Qué te ocurre?

—Me gustó tu cuento, pero quisiera jugar un juego.

Alex urga sus bolsillos y saca 5 dólares que le había costado ahorrarlo por tres semanas. Y da una sonrisa algo forzada.

Ya enana vamos a jugar algunos juegos.

El lugar de juegos de la feria, más bien era un laberinto de diversión había de todo tipo desde lanzar dardos hasta atrapar patitos de hule con una caña de pescar.

Alicia agarra una bola de goma, delante están latas apiladas en forma de pirámide. Alicia lanza la bola y no llega ni siquiera a tocarla. Lanza las demás y tampoco. Hasta que ya solo queda 1 dólar.

Alicia creo que ya no podré a jugar solo me queda uno.

Alicia feliz saca su un dólar y la goma de mascar mascada y le da a Alex.

Yo te doy, pero intenta tú, eres muy fuerte. Por eso siempre estás para protegerme y ayudarme hermanito.

Alicia se remanga la manga y muestra su brazo sin fuerza.

Esta bien enana.

Alex agarra otra bola después de pagar y se queda mirando la pirámide, inseguro por fallar.

Espera hermanito imagina. Imagina que esa pirámide es los niños que te quitaron el almuerzo y pégales. Yo siempre lo hago.

—¿Pegar en las bolas a tus enemigos?

Responde Alex con tono burlón. Alicia le pisa el pie.

No. Imaginar. Imagino muchas cosas. A veces cuando papá y mamá discuten imagino que hacen un concurso de quién grita más. Por cierto papá le gana.

Alex lanzó la bola y solo pudo derribar una lata. Alicia salta de felicidad. Al pedir el premio de su azaña, no reciben algún peluche enorme del mostrador. Solo una pulsera editable donde ponen el nombre de "Alicia".

Ves hermanito imaginar ayuda mucho. Imaginar alivia y supera cualquier problema.

Alicia está muy contenta con ese regalo. Y Alex regresa al muelle a leer y Alicia camina por todas partes de la feria, a veces levantaba su pulsera, aunque nadie la veía, para ella lo presumía.

Hasta que en un lugar encuentra a más niños amontonados rodeando a alguien .

Era un enorme conejo blanco y felpudo que ningún niño se resistía, de moño rojo, con un par de orejas largas y puntiagudas y un chaleco rojo.

Los niños le rodeaban y el conejo amigable repartía globos de todos los colores. Alicia intenta ingresar al rodeo de los niños, más son grandes y la empujaron.

Alicia regresa con su hermano.

Hermanito hay un conejo regalando globos ¿me lo puedes pedir uno por favor?

Alex leía los libros que a él le gustaba. Uno que Alicia llamaba " Para grandes", eran de terror, cosas que a ella le daba pánico.

Espera quiero acabar este capítulo.

—Pero ya se van a acabar los globos...

Y los ojos de Alex siguieron clavados en las páginas. Alicia se aleja en dirección al conejo.

Alex la mira de reojo sin saber que aquella vez sería la última vez que vería a Alicia con toda su viveza.

Alicia va donde el conejo, los niños ya no están y el conejo se va apresurado. Alicia corre

Disculpe me da un globo señor conejo.

—Lo siento amiguita se me acabaron. Y ya no tengo tiempo debo ir.

Habla con voz aguda. Y muestra sus manos vacías, Alicia solo baja la cabeza.

Pero… —Habla el conejo mirando a muchas direcciones y habla a Alicia al oído, en tono demasiado bajo —Si me acompañas a un lugar puedo darte un globo de muchos colores y hasta olores.

Alicia levanta su cabeza disipando su tristeza.

¿Y bien que dices amiguita? Todo sea para que tengas una sonrisa.

Alicia a lo lejos ve a Alex. Está inmerso en su libro.

No lo sé…

—Pero date prisa amiguita. Mi tiempo se acaba.




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