Alicia sueña.
No lo despertó la alarma de un reloj ni el gallo de la mañana, sino un fuerte dolor de su lengua y garganta.
Abrió sus ojos era un cuarto semioscuro, tuvo que frotarse sus ojos y por un momento un hilo frío le recorrió la espalada de miedo de volver a estar en ese sitio oscuro del que había venido.
Inmediatamente esa idea se esmufó para no volver más, porque el lugar donde estaba acostada era uno esponjoso y vio alrededor había otras niñas durmiendo en camas viejas acolchonadas.
Vio la de su lado izquierdo y lado derecho y ninguna se hizo conocida. Igual su mente no recordaba antiguos rostros.
Y el dolor vuelve a golpearle la garganta y boca y siente como este le consume. Y de repente se siente unos centímetros más pequeña. Su corazón se acelera por el miedo y mira alrededor a las otras niñas que conservaban sus tamaños originales.
—¿Qué será de mi si desaparezco?
Le tomó ni cuarto segundo taparse la boca y estuvo a punto de decir “¿Quién dijo eso?”. Pero no, era su voz, más el no oír demasiado tiempo su voz le hizo creer que esa voz no era su suya.
El asombroso mago le había vuelto el don de hablar.
Y su voz le encantó era muy delgada y melodiosa que hasta encantaría pájaros.
Antes de que siga auto presumiendo su voz, el dolor volvió a atacar, la hizo más pequeña y ya era media Alicia. Quería gritar, pero se abstuvo. Quizá las demás niñas se asustarían al ver a una niña tan enana.
Enana. Por unos instantes juró que alguien solía repetir mucho eso.
Y otra vez el dolor la absorbió con demasiada fuerza, quedando una Alicia de 15 centímetros.
Debajo de la cama se escucha un estornudo. Alicia con suma cautela se asoma, porque para alguien tan pequeña como ella iba a ser una caída enorme y ya estaba harta de caer.
Yacía el tipo de sombrero asomándose de abajo y saludando.
—¡Hola de nuevo te lo digo desde luego!
Exclama el tipo del sombrero. En tanto Alicia ve los alrededores viendo si alguna niña ha despertado
—Shhh baja la voz, nos van a oír.
Habla Alicia casi en un susurro.
—Mejor subo el silencio así como el humo del incienso —el tipo del sombrero bajó su volumen —¿Cómo llegaste allí te lo digo desde aquí?
—Te pregunto lo mismo.
—Me gusta dormir en la cama de bajo y no estar en tan alto abstrajo .
Alicia siento otro punzón de dolor y se hace de 5 centímetros, de ese tamaño todo es gigante. Ahora sí caída era enorme como 5 pisos, vio la esquina de la habitación y tejida una enorme telaraña estaba.
«No me gustaría seguir de este tamaño cuando venga esa araña»
Se dijo.
—¿Niña estás allí como el maíz?
Una cabeza de Alicia solo se asoma del borde de la cama. El tipo del sombrero se veía enorme, seguro si cayera a su boca entraría normal por su garganta.
—No quiero empequeñecer hasta desaparecer.
—Te salió una rima sin querer.
Sonríe el tipo del sombrero, lo más que puede pues le es difícil por no tener labios.
—Solo por eso te voy a ayudar sin rechistar.
Y Alicia rebaja 5 centímetros más y su dolor crece unos 10 centímetros.
—En esa mesa vas a hallar tu solución sin rechistar.
La mirada del tipo del sombrero mira una mesa enorme para ella. Encima está un frasco abierto. Hay pastillas de muchos colores.
-Son pastillas que te dejó el Mago de muchos sabores para todo tipo de dolores.
Alicia ve, la distancia entre el borde de la cama y de la mesa era demasiada.
«Ni un saltador olímpico podría dar ese salto»
Pensó Alicia.
—Demuestra tu valentía amiga mía.
Así como la voz del tipo del sombrero
desapareció, también lo hizo él.
Alicia escucha unos crujidos. Tras de ella hay una enorme araña peluda y cada uno de sus 8 ojos desea comerla y sus oídos, sin que las arañas lo tienen; piensa Alicia.
El bicho anhela oírla gritar.
Con sus largas patas avanza hacia ella.
Alicia retrocede hasta estar al borde, mira abajo con la esperanza de encontrar al tipo del sombrero más no está.
La araña se abalanza sobre sus patas traseras, sin embargo, Alicia lo esquiva hacia la derecha y corre al sur de la cama, dónde cerca yace la mesa con el frasco de pastillas de colores.
Y corre y la araña va pasándola unos cuantos milímetros.
A Alicia se le hace aire tan pesado que le rasga la garganta.
«Pero es mejor eso a no respirar»
Se dice.
Llega al borde de la cama, dónde hay una distancia entre el borde de la mesa.
Cerrando los ojos y pensarlo salta.
Al abrirlos está del otro lado y lo primero que hace es trepar el frasco que tiene unas iniciales MDMA y saca una pastilla.
Todas gritan "Bébeme"
Mete una en su boca, aunque no todo porque no cabe todo en su boca. Se lo traga. En un parpadeo Alicia está de regreso a su mismo tamaño.
Lo primero que hace es aplastar a la araña con su mano, aunque esta la pica antes no siente dolor alguno, mucho menos el de la garganta y la boca.
Las pastillas de colores si calmaban cualquier tipo de dolor.
Alicia toma otra pastilla y siente mucho alivio.
Se acuesta sobre la cama y duerme muy placenteramente.