Alicia en el País de las Parafilias

3.8. LA HORA DEL TÉ

Alicia despierta, no gracias al gallo madrugador, ni al caluroso sol, es más desde que aterrizó en esa tierra no había visto ese astro luminoso. Murmullos fue lo que la despertaron.

Alicia al abrir los ojos mira como algunas niñas, que antes dormían, hablaban entre ellas, todas sin ropa.

Al estar cerca de ellas, no entiende nada de lo que dicen. Más bien parece otro idioma, quizá muchos diferentes idiomas.

—¿Hola alguna de aquí me entiende?

Se adentra a la motonera de niñas y toca el hombro de una, que tiene la piel morena, un punto rojo en la cabeza y una enorme panza.

—¿Hola?

—Kya aapke paas roti ka ek packet hai? Mujhe bahut bhukh lagi hai.

Alicia ladea la cabeza en señal de innentendimiento.

Has anyone seen my bunny plush? —Exclama otra niña a lo lejos, buscando con la mirada.

Otra niña a unos metros camina estirando las manos, pues no tiene ojos.

Ve a otra niña con los muslos extremadamente hinchados como si estuviera a punto de explotar y camina sin flexionar las rodillas, como si todo fuera un solo hueso.

Otra tiene la cara todo llena de cicatrices vivas.

Otras con ningún pelo en la cabeza.

Habían varias niñas con anormalidades.

Alicia sintió otra vez el apretón de garganta, el dolor le decía extrañarle.

Vio la mesa de su cama allí yacía el frasco de pastillas, de hecho cada cama de las niñas tenía una.

Desde allí a lo lejos pufo oír como sus pastillas la llamaban.

Bébeme. Bébenos Alicia.

Agarra el frasco y saca dos.

Bébenos.

Dicen una vez más.

Las toma.

E instantáneamente el dolor abandona su cuerpo y los susurros sus oídos. Está muy relajada pese también a tener una fuerte carga de adrenalina.

Se sienta y observa una puerta, más lo que en verdad le interesa es un espejo agrietado. Frente al espejo ve su reflejo por primera vez, no es muy diferente a las otras niñas. Ella igual está rota como las otras niñas, una enorme cicatriz adorna su cuello macabramente, está con costuras muy notorias. Tiene poco pelo negro y algunos mechones más largos que otros. Una hinchazón entre su entrepierna que le hace diferente a las demás niñas.

Entonces lo entiende todo. Todas esas niñas están allí tienen algo muy malo en ellas y el mago las trajo para ayudarlas, sanarlas, curarlas. Arreglarlas. Repararlas. Y todo sin pedir nada a cambio.

Eureka querida amiga sin medida.

Apareció el tipo del sombrero dentro del espejo.

—¿Cómo llegaste allí?

Replica Alicia.

—¿Me dejas entrar?

Pero si estás aquí mírate aquí.

El tipo del sombrero apunta al reflejo de Alicia.

Se escucha el ruido de la puerta, Alicia gira la cabeza y cuando regresa al espejo ya nadie está ni su reflejo.

La puerta se abre, dos hombres con números se paran en el umbral arrojan panes, muy curiosos a la vista para Alicia, pues tienen puntos verdes. También arrojan botellas de agua.

Todas las niñas incluso la ciega se abalanzan al montón de comida, algunas pelean por estás.

Cuando Alicia quiere tomar una se da cuenta que no había nada. Aunque a unos metros ve como una rata que camina de dos patas arrastra un pan y lo lleva en dirección de bajo de una de las camas.

Espera señor... O señora rata ¿Me puedes invitar un poco?

La rata no presta atención y parece estar de prisa. La rata le mira de reojo y mete el pan bajo la cama.

Alicia ve que no cabe por abajo y se aprieta un poco el cuello para que el dolor la absorba y se reduzca de tamaño.

—¿Hola? Señora, señor rata ¿Está aquí?

Hay una mesa circular, que más bien es un plato dando al revés. El tipo del sombrero está al costado de ella, la rata y una liebre que su piel es de felpa.

Amiga Alicia siéntate vamos a tomar té siéntate con mucha fé .

La saluda con la mano La rata trocea el pan y la reparte por partes iguales. La liebre de felpa sirve té en unas tapas de botella que sirven como tacitas. Alicia se sienta y piensa:

«Fue muy buena idea hacerme pequeña así este pequeño pan me llenará el estómago»

Te presento a mis amigos que a veces juegan conmigo.

El tipo del sombrero hace un círculo con su mano mostrando a los demás. La liebre le alcanza una taza de té sin color.

—Te presento a bueno ya la conoces...

La rata solo se centra en comer.

Bueno come sin tiempo pues está muy hambriento.

La liebre de felpa antes que el tipo del sombrero hablé, agarra la mano de Alicia y la mueve mucho.

Un gusto soy la liebre del nuevo mes -Habla demasiado rápido —Porque yo nunca llegué.

Todos levantan sus tazas con solo dos dedos, pulgar e índice, Alicia los imita.

Es la hora del té no sabemos por qué... —Dice el tipo del sombrero.

Brindemos por la cordura que se fue.

Todos exclaman en unísono.

Y si Alicia tu mente se fue.

Alicia se sintió feliz, entendía un poco a su amigo.

—¿Oye amiguita tú tienes algo de comer? Porque no me parece justo que no hayas traído nada —Pregunta la liebre.

Bueno yo tengo...

Alicia abre las palmas y tienen alguna de las pastillas de colores. Inmediatamente la liebre toma algunas y las come.

Alicia alcanza una a la rata, esta la come a mordiscos como si fuera una trituradora. Luego de unos segundos cae de espaldas y se retuerce y deja de moverse.

El tipo de sombrero y la liebre de felpa siguen concentrados en su pan y té. Los ojos de Alicia son los únicos que miran preocupados.




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