El gran Mago blanco alista sus herramientas que escoge minuciosamente de la pared. La puerta se abre. Dos hombres de números meten a Alicia a rastras.
—Ya saben.
Musita el Mago. Los hombres suben a Alicia sobre la camilla y la aseguran de pies a mano.
El Mago había visto Miles de niños y niñas estar acostados en su sala, todos con los ojos inyectados de miedo, más Alicia los extremos de su boca estaban muy arriba casi llegando al ras de sus ojos formando una gran sonrisa, era la única vez que veía el Mago este caso.
—Gracias por reparnos Mago. —dijo Alicia tiernamente.
El Mago hablaba con los hombres números cerca de la puerta.
Alicia respira con calma porque ya venía ese humo mágico que aliviaba sus dolores hasta los del corazón.
—¿Cómo que no han traído las válvulas de anestesia?
—Madame Carmesí estuvo muy ocupada con cosas —dice uno de los hombros de negro.
«La reina Roja»
Piensa Alicia.
«El Mago trabaja para ella, ella nos ayuda»
Los hombres números salen y cierran la puerta.
El Mago blanco se acerca a Alicia.
—Bien tendremos que hacerlo a la antigua.
Abre una de las cajas y pone un bosal a Alicia. Toma una cuchilla muy delgada y unas pinzas. El Mago acaricia el pelo negro de Alicia, como frontándola en un salón de belleza y le echa algo líquido.
—No quiero que te muevas por nada del mundo. No quiero dañar tus folículos.
El Mago se puso su monóculo que para Alicia tenía pinta de telescopio.
El Mago agarró un cabello negro de Alicia y con sumo cuidado mete la cuchilla delgada en el cuero cabelludo de Alicia. Luego mete la pinza, agarra el pelo y lo retira de un jalón. Y saca otros 10.
Cada ebra de pelo tiene raíz y sangre.
Alicia siente un fuerte dolor en dos ocasiones, pues dos aguijonazos le llegan a la capa de hueso de su cráneo y gotitas de sangre caen al piso.
Alicia solo muerde sus propios dientes que truenan debe aguantar el dolor pues el Mago la repara y tal como le dijo no se movió.
Y el mago hizo lo mismo por los otros 90. Mil cabellos negros de Alicia. Hasta que ella quedó desmayada por el dolor. Un gran charco de sangre se forma en el piso.
[...]
Alicia en su sueño regresa al jardín de su memoria, aunque el suelo sigue parece ser infértil y lleno de gusanos con dientes, ve que una nueva planta de fotografías crece entre toda esa podredumbre, las hojas fotográficas tienen recuerdos de cuando conoció al tipo del sombrero, tomando té con él, el señor rata y la liebre de felpa, el Mago reparándola.
Quizá no recordaba nada de su anterior vida, más esos nuevos recuerdos los cuidaría muy bien.
Apartó a los gusanos de su planta y despertó.
[...]
Alicia abre los ojos. Más no logra ver bien unos hilos dorados le cubren el rostro, intenta apartarselos y no logra hacerlo.
Corre al espejo y se ve, no son hilos dorados que se enrredaron en su pelo.
«¡Es mi propio cabello! ¡El Mago hizo mi cabello de oro!»
Exclama muy sorprendida para si misma. Se mira al derecho y al revés y en verdad le encanta ser así. El dolor regresa a visitar su cuerpo, en punzón de garganta y boca y como si fuera que tiene Miles de agujones de avisas en su cabeza clavadas.
Camina de regreso rápido a su cama y toma las pastillas de colores para que el dolor no la encoja.
[...]
Alicia está al borde de la cama y mira como las demás niñas se despiertan. Una gran mayoría ya no tiene deformidades. La niña de muslos enormes ya está normal y puede doblar las rodillas aunque le cubren muchas vendas; camina normal. La niña morena con un punto en la frente , su vientre está delgado aunque tiene una enorme cicatriz que aún gotea algo de sangre.
—Mera bachcha. Maine apna bachcha kho diya —Llora arrodillada en el piso.
«Esa cicatriz no es mucha a comparación que un día si panza explote y muera. El Mago hizo bien en ayudarla»
Dijose Alicia.
La niña sin ojos solo está sentada sobre su cama como una venda en los ojos. Alicia hace bien al suponer que el Mago le dió nuevamente el poder de ver.
Algunas niñas que no tenían no tenían cabello ya lo tienen de todos los colores del arcoiris, más ella es la única con el pelo color de oro. El cabello de oro. Y agradece desde su corazón al Mago.
—Te ves muy hermosa como una rosa.
Menciona el tipo del sombrero desde abajo de la cama.
—Hola ¿Verdad que sí?
Dice con alegría dando una vuelta sobre su eje.
—¿Por qué no pasas aquí abajo antes de tomar un atajo? Celebremos por todo lo que no recordemos.
Alicia se aprieta el cuello para hacerse pequeña y el dolor la consuma, más no lo siente mucho y se jala leve el pelo. Al ser pequeña entra.
—Alicia —Dice la liebre de felpa -Esta vez no hay pan solo té.
Alicia ve a la rata que sigue durmiendo.
—Jejeje tiene un sueño profundo. —Habla la liebre en tono burlón.
Codea al tipo del sombrero. Él solo acerca su asiento al lado de Alicia.
—Alicia... ¿Recordaís que debías responder a mis preguntas sin censuras cuando ya tuvieras tu voz sin mesura?
—Sí.
Dice Alicia mientras bebe té de una tapa de botella.
—Si una tortuga pierde el caparazón, ¿queda desnuda o sin casa?
—Es una casa rodante, se queda desmantelada -La liebre ríe a más no poder -Yo tengo una mejor ¿Los peces beben agua o solo la respiran?
—¿Cuando será el día que un pez decida volar y una lágrima echar a carcajadas?