Alicia dormía con el miedo que nunca sería una flor bonita como Madame Carmesí quería, quería botar a la idea de la cama, pero más se aferraba a esta.
Del otro lado ajeno al mundo de los sueños escucha llantos y al abrirse de la puerta.
El cuerpo le pesa, sin embargo, logra abrir un ojo. Los hombres números meten a la niña morena con el punto en la frente. La colocan en su cama. Tiene algo de sangre sobre su cuerpo, presenta demasiadas mordidas.
Los guardias abandonan el lugar.
La niña llora y su eco predomina en el lugar y llorará toda la noche.
Por más que Alicia se ponga la almohada en los oídos sigue puede escuchar el llanto.
En su mente la llama hipócrita, pues llora luego que ha jugado con la mascota de la reina roja.
El gato reloj sonriente solo ríe. Se burla la somnolencia de Alicia. Cruza sus brazos y se para delante de él.
—¿Puedes cerrar tu hocico? En primer lugar, nada te hice y siempre te mofas de mí.
El gato mueve sus ojos sin dejar de sonreír.
—La vida no es un chiste ¿Sabes?
Alicia agarra su almohada lista para lanzarlo y se atragante.
—Con chi stai parlando, Alichie?
¿Con quién hablas Alichie?
Celeste está detrás de ella. Lo único que entiende es que dijo su nombre.
—Celeste.
Dice Alicia esbozando una sonrisa, que le reprime pues no desea parecerse al gato de la pared.
—Hola Celeste debes estar muy feliz porque un príncipe te va a recoger a la próxima vez...
Al contrario, Celeste solo baja la mirada. Alicia puede descifrar este gesto.
—¿Qué te ocurre?
—Sono triste...
Estoy triste.
Alicia no logra entenderla. Celeste se sienta de cuclillas y sobre el piso dibuja una carita triste y luego se apunta su pecho.
«Está triste».
—Estás triste... ¿Por qué?
Celeste vuelve a dibujar a su familia, aunque algunas lágrimas caen sobre los trazos que hacen.
En cuanto la mente de Alicia se pregunta, porque le da tanta tristeza estar en ese lugar mágico, dónde hay magos, el molesto gato sonriente, pastillas para ser feliz y hasta una reina.
Por unos instantes siente un punzón en el corazón y siente que no todo está bien. Como si hay algo malo, aunque no logra descifrar qué es. Su mente intenta viajar dentro de sí misma y buscar eso que le hace estar triste. Más su mente es un mar inmenso de aguas negras donde hallar algo sería imposible.
«Quizá la tristeza sea una enfermedad y Celeste me la contagió»
Piensa.
«¿Qué hay del niño que siempre está al lado de la niña en el jardín de mi memoria? ¿Qué hay de mi familia? ¿Tengo padre y madre?»
Cada letra ingresa rompiendo las paredes de su cabeza y la golpean tan fuerte que hace que suelte una lágrima.
La gélida mano de Celeste toca su espalda que hace que se sobresalte, pero a medida que ese brazo la envuelve siente mucho calor, sin darse cuenta también la abraza.
Alicia no lo sabe, pero reconforta a Celeste.
Celeste canta una canción que desconoce, pero en un tiempo sabría que es Torna a Casa del grupo italiano Maneskin.
Al terminar escribe en el piso "Maneskin" un corazón y una nota musical.
—É la mia canzone preferita, beh, la mia band preferita. A mio fratello maggiore é piaciuto molto.
Es mi canción favorita, bueno mi banda favorita. Le encantaba a mi hermano mayor
Luego Celeste agarra otra vez la tiza de pared y traza el jugo 3 en raya.
—Giochiamo?
¿Jugamos?
E instintivamente Alicia comienza a jugar. De 40 juegos solo una gana.
[...]
Los hombres números entran sin previo aviso al salón. Arrojan frutas que tienen manchas negras.
Alicia antes de bajar mira bajo la cama, como siempre el tipo del sombrero, la liebre y la rata de sueño profundo tienen su fiesta de té interminable.
Un fuerte olor a podredumbre hay que hace que Alicia muestre cara desagrado y see tape la nariz. Y suelte cierta harcada.
—Es el señor rata, desde que sigue durmiendo no se baña... puaj —Ríe la liebre de felpa sorbiendo torpemente una tapa de té.
Alicia trata de sonreír y los saluda.
—Alicia no te olvides de visitarnos o arrojarnos algo de fruta. Nunca hemos tomado té de frutas.
Levanta su taza de tapa.
—Visítanos cuando quieras y a la hora que quieras —Sonríe el tipo del sombrero. Hace un brindis con la liebre que produce un ligero tintineo.
Alicia toma sus pastillas de colores hoy no tiene ganas de encogerse por el dolor, aunque ya se ha reducido considerablemente.
Cuando Alicia llega dónde arrojaron frutas no queda ni una semilla. Más detrás de ella parada está Celeste levantado muchas frutas.
—Vieni, ti invito.
Celeste la llama con su cabeza con un gesto.
Alicia se sienta a su lado y le da algunas frutas juntas comen.
—Gracias —Dice Alicia.
A un rincón está la niña morena con un punto en frente. No se había movido desde que la dejaron y por ende no comido nada. Miraba a la nada, sus ojos no reflejaban nada.
Celeste la apunta y dice algo, pero ella no logra entenderla. Alicia va donde ella le ofrece unas bananas, más ella no dice ni una palabra. Parece tener la mirada de un muerto, como si habría visto al abismo.
«¿Tan malo fue jugar con el perro de la reina?»
Deja las bananas cerca y regresa con Celeste.
—Lui é molto cattivo per quello che gli é secesso.
Está muy mal por lo que le pasó.
Finaliza Celeste.
Después de unos minutos entran dos hombres números y llevan a la primera niña, a la segunda y tercera a la sala del Mago.