Para la mente de Alicia apenas ha pasado unos minutos, sin embargo, en realidad pasó una semana. Despierta en su cama, su primera acción es ver bajo su cama.
[...]
—Alicia tantos días te has perdido o los días se perdieron en ti ¿Qué te pasó? —dijo la liebre.
Alicia no contesta a esa pregunta, apenas se había perdido mínimo una hora con el Mago, igual en esa fiesta de té interminable todos estaban locos.
El mal olor bajo la cama aun persiste.
—Señor rata aun dormita y nadie hay que le imita. —Saluda el tipo del sombrero dándole a la rata una taza de té por más que esta no se mueve.
Alicia pone ambos pies al suelo y siente un fuerte dolor en la entrepierna, logra verse y tiene yesos que hacen sus piernas estén separadas.
«Si el tipo del sombrero o la liebre me habría visto de este modo seguro habrían pensado que uso un pañal y se habrían matado de risa, tanto que el señor rata despertaría».
Toma las pastillas de colores que le susurran "Bébeme".
El reloj gato sonriente hecha una risita.
—¡Al menos yo tengo piernas y no soy una cabeza flotante! —exclama.
—AlIchie sei scomparso da cosí tanto tempo, pensavo... molti non sono tornati.
Alichie te has perdido tanto tiempo, creí que... Varias niñas no han vuelto.
Celeste se acerca y la abraza. Algunas de sus lágrimas caen en la espalda de Alicia. Por unos instantes su corazón siente alivio, casi al grado de las pastillas de colores.
—¿Qué tienes Celeste?
Alicia mira que hay algunas camas están sin dueñas. Así como el lugar de la niña morena y el espejo también está ausente. Y los rostros de las niñas están con una mueca caída, como si una mano invisible les habría borrado sus sonrisas y se habría robado el sonido. El silencio era constante.
—La ragazza che piangeva quella notte si é suicidata...
La niña que lloraba esa noche se mató...
Sin previo aviso la puerta se abre.
Alicia gira la cabeza sin entenderla.
Los hombres números sueltan botellas de agua y ponquesitos aplastados.
Celeste corre junto a las otras niñas.
Alicia intenta caminar, siente que sus huesos de la cintura para abajo son uno solo, sus intentos de caminar son como los pasos de un pingüino. Solo se cae sobre la cama y observa como el gato solo la sonríe.
Siempre se burla de ella.
Los murmullos se callan poco a poco y Celeste está delante de ella sosteniendo dos botellas de agua y ponquesitos.
—Mangiamo —Le pone una almohada sobre su cabeza para que esté en una posición casi recta —, dovresti mangiare dopo tutto quello che hai passato.
Vamos a comer. debes comer después de todo lo que pasaste.
Celeste intenta abrir la botella más sus manos tiemblan.
En esa acción Alicia observa que tiene manchas muy blancas de piel.
Celeste agarra la tapa de la botella y lo abre con sus dientes. Arroja la tapa al piso que rueda bajo la cama.
—Gracias por la nueva taza -habla entre risitas la liebre.
Alicia ríe al oírlo.
Celeste le acerca la botella con agua y le hace beber un poco.
—Fai attenzione a adorare te stesso.
Ten cuidado con atorarte.
Celeste hace un gesto de apretarse su cuello, Alicia entiende un poco que le dice que tenga cuidado. Pero a su vez se toca su propio cuello y nota que está completamente liso. Su cicatriz ha desaparecido. Aquella cicatriz que hace tiempo le había cortado la voz.
—¿Celeste?
Quería decirle algo, más no sabía cómo pues sus idiomas no eran los mismos.
[...]
Los siguientes días y noches Celeste la cuidó para casi todo. Incluso durmieron juntas.
Aun no hablaban el mismo idioma, pero si entendían ciertas cosas.
Alicia dibuja en la pared, le era casi imposible sentarse. Dibuja a los perros.
—Perro.
—Perrio... —dije Celeste.
Celeste le pide la tiza. Dibuja a Madame Carmesí.
—Cattiva signora.
Señora mala...
—¿ Cattiva signora? No, Reina roja. —repite Alicia.
—¿Reñina roija? -menciona Celeste.
Y como si fuese una invocación con solo palabras, Madame Carmesí entra, detrás sus dos perros.
—Bien lindas florecitas tengo buenas noticias para las que todavía persisten. En dos meses ¡todas saldrán de aquí!
Algunas niñas miran confundidas.
—Se irán. Bye. Goodbye. —Lo traduce en muchos más idiomas.
Algunas niñas sonríen.
—Sí, se irán con alguien que las adopte.
—Alicia te dije por los peníques, se irán con los príncipes.
Alicia escucha la voz del tipo del sombrero.
Como si fuera un lápiz invisible y súper veloz sus sonrisas desaparecen. Chasquea los dedos
—Mientras no perdamos el tiempo la gran fiesta se acerca.
—¡Que alegría más que hallar mucho oro en minería! —vitorea el tipo del sombrero.
Muchos hombres números se entran. Cada uno toma una niña y las inyectan algo.
Celeste solo abraza a Alicia cuando dos hombres las hacen dormir.
Entre el delgado hilo del mundo real y el de los sueños. Celeste mira como una niña da una patada a un hombre número, le hace retroceder y le muerde el cuello.
Madame Carmesí toca su silbato y uno de sus perros salta sobre la niña, le arrastra de su pierna y el otro le salta. Clava sus dientes en la cabeza de la niña y le hace trizas. La mirada de Alicia solo está centrada bajo su cama. El tipo del sombrero y la liebre se asoman y hacen gesto de despida.