Alicia en el País de las Parafilias

3.13. LA GRAN FIESTA

Alicia despierta dentro de sí misma. En algún lugar de su inmensa imaginación.

Se acerca al jardín de su memoria, la planta de hojas de fotografía está intacta, mira las fotografías con Celeste y sonríe afligida.

«Por qué Celeste quedría mentirme con que todo es falso. Si todo es real, más real que lo real»

Alicia mira una fotografía con todos sus amigos en la fiesta del té.

Cierta vez la liebre de felpa le preguntó por su cumpleaños.

Alicia no lo recordaba y con suerte y gracias a la pulsera con su nombre sabía su nombre, por eso jamás se lo quitaría por si un día volvía a perder la memoria, al menos no tendría que volver a empezar desde cero.

«Entonces celebremos tu no cumpleaños», alegó la liebre dando brincos «No importa un cumpleaños sino un no cumpleaños, se celebra todos días».

Se tomaron de la mano con el tipo de sombrero y cantaron.

Alicia sonrío al recordar las buenas cosas y pensó un poco del qué estarían haciendo sus amigos.

Unos sollozos se escucharon.

Era el niño llorando en las fauces de esa sombría casa.

Alicia pasa cerca de la nueva planta, aún sin brotar, pero con un color verde demasiado vivo.

Las ventanas aún están cubiertas por los periódicos:

"Niña desaparecida en el estado de Maine Estados Unidos, los oficiales tras 3 meses arduos de búsqueda se dan por vencidos. La familia hace un funeral simbólico".

Alicia ve una sombra pequeña que entra al interior de la casa. Es el niño que nunca logra ver su rostro.

Hermanita A... —Un zumbido suena y no deja escuchar el nombre —Te extraño demasiado.

El niño agarra varios libros y los abraza.

Ve unas sombras de la ventana del segundo piso y es la mujer y el hombre que eran padres de la niña y el niño.

La mujer llora y el hombre solo toma algo de una botella.

—Tanto que me costó tenerla en el embarazo y ahora no está.

Ese cabroncito tiene la culpa. Todo es su culpa —masculla el hombre y se saca el cinturón. Baja al primer piso —Eres un hipócrita Alex y todavía lloras ¡Es tu puta culpa!

«Alex».

Dijo su mente como si fuera una bala perforó su cerebro y resonó como un trueno.

«Yo siento que conozco a esa persona»

Más bien sentía sintió el amor que se tenía la niña y el niño.

«Acaso él es...»

[...]

Los ojos de Alicia se abren poco a poco acostumbrádonse a la nueva iluminación.

Está en un lugar más asombroso.

Una pared roja de gamuza cubre lo más posible y unas vigas de mármol sostiene el techo. Cuadros adornan la pared con carcos de oro.

«El Grito, La noche estrellada, La última cena, La Monalisa..

Alicia lee algunos y no saben qué significan, más su cerebro tiene cierta intuición de que podrían ser de gente famosa, a la gente rica que vive en castillos como estos les gusta coleccionar cosas extravagantes, piensa. Y esto lo confirma más al levantarse y ver muchos muebles con rico aroma, algunos tienen ciertos tallados cubiertos de otro con las inscripciones "J.E".

Algunas niñas están sobre el sofá y sobre mesitas de cristales vinos. Poco a poco algunas niñas despiertan, entre esas la cabeza de Celeste se asoma. Ambas miradas chocan.

Alichie... —Celeste levanta una de sus manos y la agita, observa que tiene una extraña pulsera negra que tiene tenue luz roja. Se cerca con desesperación.

Alicia se le salta el corazón y preocupada piensa en su pulsera con su nombre.

Suspira de alivio al ver que aún lo tiene.

Más de recordarle su nombre, es el único objeto que tiene de aquella vida que ha olvidado. No se siente extrañada por la pulsera negra que a simple vista parece imposible de sacarse.

«Es un bonito detalle de la reina roja y sus futuros invitados».

Piensa

Acaricia la pulsera con su nombre y da la espalda, para alejarse de Celeste. Aun está molesta con ella por tratar de mentirle.

Alichie per favore dobbiamo andare...

-No sé qué me dices Celeste, pero sé que no es cierto -Alicia se detiene frente a la mesita que tiene un poco de vino -, disfruta de la fiesta -Escupe el vino con disimulo, su sabor era amargo.

Per favore amica...

Las palabras de Celeste son cortadas al abrirse la puerta. Madame Carmesí entra, detrás de ellas muchos hombres de traje negro.

—¡Los príncipes! —exclama Alicia, arreglándose el pelo. Y planchándose su vestido con sus manos. Luego saluda a lo lejos.

«Se ven algo grandes, pero así se casan las princesas como en los cuentos».

«Los cuentos».

Dijo otro tono de voz en su mente.

«Así como los que el niño sabía contar a la niña».

Vuelve a hablarse a sí misma. Mueve su cabeza para deshacerse de la otra voz.

Gracias señorita Maxwell por la invitación —dice un hombre que parece tener la piel naranja y pelo rubio.

Otros hombres también dan las gracias. Se adelantan donde la reina roja aprietan sus manos y regresan a su mismo lugar.

No es nada... en serio. Mejor denle gracias a nuestro señor organizador.

La reina roja se le ruborizan las mejillas y sonríe. Mientras sigue caminando en dirección a las niñas. Otros hombres solo tienen toda parte de su cuerpo concentrados en las niñas, cada parte de su ser, hasta las palabras de la reina roja parecen pertenecer a otra dimensión. Como si las devoraran con los ojos a las niñas.

Alichie dobbiamo nasconderci...

Alichie... debemos escondernos.

Replica Celeste apuntado bajo un sofá

Esconnderrnos




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