Llevo días pensándolo. Muchas veces hago las cosas muy tarde, soy una tonta. Mil veces tonta, como me han dicho muchas veces solo sirvo para...
Me hubiera gustado decirle a Osiris que me empezó a gustar.
Pero ya es tarde, siempre es tarde para mí.
Al igual que fue muy tarde para decirle a Celeste que fue una buena amiga y que la quería.
Al igual que fue tarde para regresar con mi familia y sobre todo...
Siempre es tarde.
Nunca me llevé bien con el señor de tiempo.
Lo que hizo Osiris al revelar las cosas que hice con el maestro ya no me duele, pues creo que lo que uno vive con una persona cuando todo termina, al final solo queda recordar lo bonito. Los recuerdos hermosos.
No sé de forma exacta que va a pasar ahora.
Lo que sí sé es que jamás volveré a ese colegio, igual ya en estos últimos 3 años he cambiado e ido a muchos colegios por eso jamás me esforcé en hacer amigos y amigas. España, Colombia, Francia, Guatemala, Brasil, Bolivia, Alemania y ahora Chile.
¿Para qué hacer amigos? ¿Si en pocos meses dejarán de existir? Y los dejaré como libros sin terminar de leer.
Sea lo que sea que pase me gustaría explicar la verdad a Osiris de muchas cosas; es un chico con demasiados problemas y no quisiera cargarle más, tal vez crea que no lo noto, pero vaya que he notado siempre los moretones que le deja lo que sea que gobierna en su casa.
En eso somos casi iguales, personas rotas. Pisadas y manejadas por alguien con mayor poderío.
Recuerdo un clase de historia donde hablaban de esclavización, no recuerdo de que país, pero dudo que haya sido uno país que conquistó en la época de la conquista, pues nadie habla de su época esclavitud, seguro fue un país sometido. La maestra dijo que la esclavitud ya no está presente en nuestra época. Ella se equivoca aún existe, sobretodo en mi mundo.
La gente poderosa domina a gente débil.
Recuerdo cuando lo conocí. Subí a la azotea del colegio a inhalar un poco de cocaína para calmar el dolor y la tristeza.
Él estaba sosteniendo una nota, parado al borde y lágrimas caían de su rostro. Se suicidaban antes que él.
Volteó por el rechinido de la puerta, me vió y sonrió.
Me vio de una manera que jamás nadie me había visto, lo había leído mucho en libros de romance y no creía que sería posible: Le brillaron los ojos.
Yo inmediatamente oculté la bolsa de cocaína detrás de mi espalda.
Pero no éramos los únicos allí, el preceptor del colegio me había seguido y vio la bolsa de cocaína.
Osiris limpió sus lágrimas y se marchó sin despegar sus ojos de mí.
Quedé a solas con el preceptor.
—¿Eres la estudiante nueva no? ¿Qué traes allí?
Vio la bolsa e intentó quitármela. Al final cedí. Abrió la bolsa y con simplemente olerlo sabía de que se trataba. Seguro también era un consumidor frecuente de dicha sustancia.
—Ya veo...
Me iban a expulsar del colegio en mi primer día y la misión para que él cual me habían mandado iba a fracasar. Y ya sabía mi castigo si eso sucedía.
—Señor preceptor y si guarda mi secreto y yo a cambio...
Me puse de rodillas, abrí la bragueta de su pantalón y metí su miembro a mi boca e hice la única cosa para lo que servía, la única cosa para lo que estaba hecho.
Eso bastó para que el preceptor tenga la boca callada mientras él hacía callar a la mía.
[...]
La limosina se estaciona en el lugar de siempre.
Las puertas se abren y me traga llevándome al mundo donde suelo vivir. Un mundo oscuro que vive en medio del mundo real y pocos saben de su existencia.
Hay otras 3 niñas más sentadas. Jamás he interactuado con ellas, no sé cómo se llaman, las únicas cosas que sé, es que sus vidas son igual o peor de horrorosas que la mía y que ellas asisten a otros 3 colegios de la ciudad a hacer su misión.
Las 4 tenemos algo más en común, tenemos una pulsera rastreadora, así ellos saben dónde estamos 24/7. Bueno en mi caso tengo ya dos que me aprietan más.
Recuerdo cuando Osiris me ayudó a sacarme una. En mucho tiempo no me había sentido tan libre, mi felicidad habría sido similar a cuando Aladín pide el deseo que el genio sea libre. Y fui libre... Al menos por un tiempo.
Solía dejar la pulsera cerca del colegio para confundirlos.
La limusina ha llegado a nuestro destino.
Un edificio de 7 pisos en el centro de la ciudad. Es un Hotel.
La limusina se detiene frente a la alfombra impecable. Las puertas se abren y el aire huele a perfume caro y a mentira.
La 7 estrellas siempre resplandecen en el nombre del hotel "Edificio Verde". Bajamos de la limusina y el botones corre a ayudarnos con nuestras mochilas.
—Puedo sola, gracias —Le digo.
Es un lugar muy hermoso a simple vista. El piso brilla las 24 horas, sofisticados candelabros modernos cuelgan en el techo y hay ventanas enormes, todo es transparente allí, o eso la gente que la ve cree. Todo parece claro. Visible. Limpio.
Odio toda esa fachada.
Todo parece normal, demasiado perfecto.
O eso creen los que solo miran la planta baja y los primeros pisos, pues en los siguientes otros 5 nunca hay vacantes.
Nadie mira los ascensores privados.
Nadie pregunta por los pisos superiores.
Nadie ve las puertas que solo se abren con tarjetas negras.
Si que detesto esta ilusión. Porque la transparencia es eso.
Aquí todo es cristal… menos la verdad.
Una perfecta mentira.
Una ilusión óptica.
Lo peor de todo en cada ciudad importante hay un edificio así.
Entramos al ascensor y apretamos el botón del último piso.
Desde el tercer piso hasta el séptimo hay 69 habitaciones y en cada una está una niña.
—Buen trabajo con su misión todas, menos tú quédate, ya vimos que fracaste. Danos tus informes.