Alicia en el País de las Parafilias

4.2. LOS MONSTRUOS

Alicia creí que no íbamos a tener problemas contigo. Según las sucursales de otros lados

La mujer revisa un informe.

Eres de las pocas que cumplen bien sus misiones, Gracias a ti hemos conseguido mucha carne fresca.

Detesto que lo llame con un tono como si se tratase de un logro, que es algo para felicitarme, cuando solo fueron acciones de un monstruo. Solo miro el espejo.

[...]

Recuerdo que pasó después de que murió Celeste en aquella isla. Luego que todos hombres acabaron conmigo tambien acabaron con mi inocencia y felicidad.

Las películas y libros pintan "la primera vez" como algo mágico y de otro mundo, cuando la mía fue algo tan del infierno. Pese a que había abandonado mi cuerpo, me dolía ver a esa niña sufrir mucho. Dónde los auxilios era entendidos como un sigue no te detengas.

Cuando la gran fiesta terminó muchas niñas decidieron no seguir, compraron un boleto automático al más allá.

Yo no, decidí mantener viva a esa niña, esa Alicia, que alguna vez fue muy feliz.

De allí me llevaron a España en un lugar similar a esta torre, solo el administrativo cambia, pero las perversiones son las mismas.

No entendía ni una pizca el idioma, pero poco a poco me fui adaptando. Dormíamos como 50 niñas y niños en ese lugar.

Recuerdo mirar de vez en cuando bajo la cama esperando encontrarme a mis viejos amigos: el tipo del sombrero, la liebre de felpa y la rata que siempre duerme, pero no, no eran reales, nunca lo fueron.

Y mis únicos amigos fueron la tristeza y dolor. Me acompañaron hasta el día de hoy. Y quién crea que no son reales está muy equivocado, el dolor te habla, te susurra cosas que te hieren. Siempre te sigue como una sombra.

Tampoco quise hacer nuevas amigas. Celeste murió por mi culpa y no quiero que eso pase con alguien más.

A veces solía ver por las escazas ventanas niños y niñas con sus familias. Recordaba a la mía, como si fuera una película. Como si yo ya no formara parte de eso.

Y colorín colorado este cuento ha acabado.

Hay un aroma suave. Como a prendas limpias. Algo que nunca más volví a sentir.

Te quiero Alex. ¿Tú crees que haya monstruos tan malos como en algunos cuentos que me cuentas?

Alicia abraza a Alex, su hermano mayor cuál si fuera la figura más poderosa. Un caballero.

No creo que existan enana. Y si lo hay siempre te protegeré. Siempre estaré aquí para ti.

Me gusta tus cuentos e imaginar que estoy allí. Bueno en los cuentos felices.

Alicia abraza más a Alex. Él le canta una canción de cuna y ella poco a poco cierra los ojos.

En algo tenía razón Alex. Los monstruos no existen, pero las personas son peores a los monstruos. Y al final no pudo proteger a Alicia.

Otro recuerdo invade mi mente. Yo solo especteo ya no formo parte de eso.

Alicia niña está saliendo del colegio de Maine. Lleva una camisa blanca y una falda negra y unos zapatos. Abraza su bolso.

Dos chicos dos mayores a ella se acercan.

Niña ya vimos cómo te caíste en la obra teatral y lloraste.

Le dice un niño y el otro acota:

Si hiciste el ridículo. No fuiste una princesa, fuiste una tonta. Una bufona.

Uno de los chicos le empuja y se ríen. Alex aparece detrás de ellos. Tiene la furia dibujado en su rostro.

¡Eh ustedes arganes! ¿Por qué molestan a mi hermana?

Ese día Alex recibió varios moretones por parte de los otros chicos. Aunque ellos también por su parte y entendieron que no debían meterse con su hermana.

Vamos a casa enana estaré bien, no te preocupes. Eres y siempre serás una princesa, eso eres. Nunca lo olvides. Vales mucho nadie puede tocarte.

Pobre Alex pudiste defenderla esa vez y otras más. Pero no pudiste evitar que la maten en vida.

[...]

La mujer revisa un informe. Nadie sabía su nombre. Solo le llamaban la administradora.

Volviendo al ahora...

Eres de las pocas que cumplen bien sus misiones, Gracias a ti hemos conseguido mucha carne fresca.

El lugar tiene un olor a tabaco. La administradora revisa un informe.

En las hojas hay las nuevas niñas y adolescentes que llegaron gracias a Alicia.

Solo por eso no tendrás consecuencias. Ya puedes volver a tu habitación ya vendrá un nuevo cliente y quiero que a este me lo atiendas bien.

Vuelvo a mirar mi reflejo en la ventana. Miro mi maquillaje corroído por las lágrimas. Alex se equivocaba, Alicia no es una princesa.




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