Alicia en el País de las Parafilias

Capítulo 5: 5.1. Alicia y Osiris

El cielo yacía nublado. Una brisa azotaba levemente su pelo tapándole cierta parte del rostro. Puso sus delicadas manos para apartarlo de sus ojos y lo vio.

Osiris la saludaba desde lo alto de la cabina. Pese a la distancia podía verle una sonrisa.

Alicia levanta su mano para devolverle el saludo. Se sentía diferente estar después de un mes en el estadio. Miró a varias direcciones y sus recuerdos de lo que vivió desfilaron como fantamas que solo ella podía ver. En verdad había vivido buenos momentos allí. Miró en sus manos dos pastillas y sintió que el poder de aquella alegría pasada era más fuertes.

Caminó y el último recuerdo que vió fue cuando vió a Osiris por primer vez en ese lugar. Ella lloraba por lo que había pasado en el colegio.

Osiris bajó corriendo de las gradas. En sus manos sostenía la carta y su diario. Sus dedos tenían algo desgaste como callos.

Hola Alicia leí tu carta...

Su voz era la misma, pero a la misma distinta. Como si cada palabra cargará más seguridad.

Hola ¿Cómo te ha ido? No quiero hablar de eso por ahora sabes ¿Cómo está Shadow y sus bebés?

Pues... Un día ya no regresó más.

Osiris bajó la mirada.

—Y sus bebés ya no son tan bebés.

Osiris hace un siseo y varios gatos jóvenes salen. Parecen bien alimentados a diferencia de su madre. Alicia sonríe y los gatos corren a acicalarse en sus piernas dando fuertes ronroneos.

Yo también los extrañé. Esperen les traje algo.

Alicia se agacha y descarga su bolso y abre una bolsa de carne picada. Los reparte equitativamente a los felinos, quienes comen emocionados. Osiris la mira, había pensando muchas veces nunca más verla.

—¿Oye con todo lo que pasas... Tienes tiempo?

—¿Tan rápido me quieres botar?

Alicia la mira de forma sería, luego la sonríe y ambos ríen.

Tranquilo por hoy nadie nos molestará. Hice un trato.

Alicia da una última caricia a los gatos y se sienta a su lado.

Perdón por romper nuestro pacto de ser unos buenos desconocidos y contarte mi vida, pero necesitaba que lo supieras.

—Perdón lo que te hice en colegio... No te lo merecías pasaste —hizo una pausa recordando cada cosa de la carta y el diario —pasas por mucho.

Osiris pone el diario cerca de ella.

Ten por si vuelves a olvidar todo.

—¿Aunque lo mejor sería eso no?

—¿Sabes qué sería mejor Alicia? Irte de allí.

Osiris mira atentamente los ojos de ella. Ella solo desvía la mirada. Sabe que tiene razón. Tiene la mirada triste.

—¿No es tan fácil sabes?

Alicia se levanta y le da la espada. Camina en dirección a la cabina de locutores. El viento sopla más y las primeras gotas caen y junto le acompaña un halo de frío que le hace tirar un momento abrazándose así misma.

—¿Mejor dime cómo te ha ido estos dos meses? Recuerda que no tenemos ya un pacto. Somos un libro abierto. ¿Por qué solías venir golpeado? No es justo que solo sepas de mí.

—Pues tenía un tío que se aprovechaba de mí.

—¿Tenías? —Alicia levanta levemente una ceja.

Pues ya no vivo con él.

Él va detrás de ella.

Sí. Me fui de casa ahora y pues me alquilé un apartamento. Trabajo de obrero en una construcción.

«Eso explica la condición de sus manos»

Se dijo.

Alicia se para en el umbral de la puerta de la cabina y mira al rededor. El lugar había cambiado mucho. Inmediatamente los gatos entran.

Interesante... has progresado mucho en poco tiempo. ¿Y qué ya sabes bailar o sigue eres un poste viviente?

El chico sonríe de vergüenza y por un instante se queda sin saber que decir. Recordando la vez en que quiso enseñarle a bailar.

Bueno quizá un poco.

Alicia entra completamente y se asoma por los grandes paneles de vidrio. Él aparece detrás ella.

Alicia ya dime qué está pasando por qué estás aquí.

—He venido a despedirme. Me llevarán a Brasil —Alicia baja la mirada, pero en seguida sonríe no quería que el último recuerdo que tenga de ella sea una muñeca de tristeza. —Y yo no seu hablaur brasilero —suelta una risita falsa.

Y por qué no...

—¿Por qué no simplemente me voy? ¿Crees que no lo he intentado antes? Lo intenté tres veces, siempre me encuentran.

Alicia va a un ricón de la pared y se sienta deslizándose lentamente. Suelta un suspiro.

No, no es tan fácil. Sabes que mi historia no es como los cuentos de hadas con un final feliz.

Alicia mira a un costado y por la escasa luz logra ver un par de fotos. Las levanta. Es Osiris abrazado con una chica de lentes. Su corazón se siente diferente como si tuviera una mezcla de enojo e ira. Y un nuevo tipo de dolor.

Vaya si que no estuviste perdiendo el tiempo. —Lo dice de forma neutra. Se levanta.

Es solo una amiga me ayudó mucho cuando me fui de casa.

Bueno eso no es mi incumbencia. Yo ya debo irme. ¿Querías esto no?

Alicia extiende sus manos y abraza a Osiris.

«Aunque seguro ya no necesitas porque te abrazarte a esa chica». Pensó decir.

Rápidamente lo soltó, miró sus pastillas de colores. Y hablaron como lo solían a hacer a veces.

Alicia ¿Qué esperas? Bébenos. Sabes que calmamos cualquier tipo de dolor.




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