Alicia en el País de las Parafilias

5.3. DESAPARICIÓN

Cuando Alex y Alicia llegaron a Fun Carnival se encontraron con la desilusión de que ese día el circo no estaría en función. Para las cosas de la feria no le interesaba tanto, pero fingía que si para hacer feliz a su pequeña hermana. Quien le sostenía y llevaba de puesto en puesto. Visitaron muchos y los juegos también. Donde ella ganó una pulsera con su nombre gracias a su hermano. Hasta habían llegado donde el gran Vidente Daniels, que no les quiso leer su futuro porque no tenían dinero y Alicia le dijo entre dientes: Mago grosero. Los magos deberían ayudar a las personas.

Luego de largas caminatas Alex se puso a leer sus libros. Hasta que Alicia vino a interrumpirlo

Alicia regresa con su hermano.

Hermanito hay un conejo regalando globos ¿me lo puedes pedir uno por favor?

Alex leía los libros que a él le gustaba. Uno que Alicia llamaba " Para grandes", eran de terror, cosas que a ella le daba pánico.

Espera quiero acabar este capítulo.

—Pero ya se van a acabar los globos...

Y los ojos de Alex siguieron clavados en las páginas. Estaba en las últimas páginas y ya quería saber en qué terminaba.

Jum.

Dijo Alicia. Entendía que a él le gustaba esos libros y ya ha había hecho mucho por ella.

Miró a Alicia de reojo quien se perdía entre la multitud. Pasaron los minutos y miraba ya sin prestar atención al libro. Alicia no regresaba. Hasta que cerró el libro. Su celular volvió a sonar.

—¡Alex ya me dijieron que les vieron subir a un bus ! ¡Dónde fueron regresen de inmediato a casa!

La voz de su madre sonaba bastante molesta.

Si mamá.

Alex colgó. Fue en dirección donde había visto la última vez a Alicia.

—¿Alicia?

Su voz se perdió entre la música de la feria.El ruido del carnaval de pronto le pareció demasiado fuerte.

Miraba rostros que no conocía, espaldas, manos, globos de colores…

pero no a ella.

Su pecho comenzó a latir más rápido.

—¡Alicia!

Esta vez gritó más fuerte.

Empujó suavemente a algunas personas mientras avanzaba.

Miró debajo de los puestos, entre los juegos, detrás de las filas.

Pero su hermana no estaba.

Por una hora recorrió cada rincón de la feria,. gritando su nombre.

La música de alegre de la feria era sinónimo de pánico.

Las persona de la feria seguirán normal su vida, el mundo giraba como siempre como si nada habría pasado.

Las personas seguían con sus vidas como si nada hubiera pasado.

Mientras su mundo de él se derrumbaba.

Se quedó hasta las 10pm buscando y nadie había visto a una niña llamada Alicia Leisten y los administradores del lugar negaron que había un conejo trabajando para el lugar. El lugar se quedó en completo silencio y vacío. Y se quedó una hora más.

[...]

Cuando el reloj marcó la media noche la puerta de la familia Leisten sonó entre ecos.

La madre abrió la puerta con una sonrisa que inmediatamente cayó en calle de la tristeza cuando vio a Alex solo. Bañado en lágrimas resecas.

Mamá... papá bus-bus —la voz del niño parecía que rompía con cada sílaba —busqué a Alicia en todas partes y no la encontré.

El padre lo agarra de cuello de la camisa y lo arroja dentro.

—¡Vete a tu habitación tenías un solo maldito trabajo cuidar a tu hermana y fracasaste!

La madre cayó al piso y comenzó a llorar.

Tanto me costó tenerla en su nacimiento y ahora no está.

—¿Que carajos hacías para no cuidarla?

El padre consuela a la madre.

Alex se quedó sin saber qué decir.

Porque sabía que todo era su culpa.

Fue a su habitación y empezó a llorar.

En la sala sus padres se consolaban, pero allí en esas cuatro paredes solo recibía un abrazo frío de la culpa.

Es tu culpa Alex —creyó escuchar la voz de Alicia en su armario. —Preferiste un maldito libro que a mí... Tú hermanita. ¿Ahora quién sabe dónde estoy?

Alex se encogió.

Es tu culpa. Es tu culpa. Es tu culpa. Es tu culpa.

Le reprochó aquella voz hasta que se quedó dormido.

[...]

Pasaron 6 días. Que más bien parecía haber sido años. La casa estaba en completo silencio, parecía que Alicia consigo se había llevado el sonido y colores. Parecía que él también desapareció con ella.

—¿Mamá podemos desayunar algo?

La señora Leisten hacía sentada en el comedor con la mirada vacía como si toda emoción buena abandonara su cuerpo. Ni siquiera giró los ojos para mirar a Alex.

O si quieres yo te sirvo algo...

Alex se paró en frente al refrigerador. Había un dibujo pegado de Alicia. Ella de princesita y él de un caballero medieval peleando con un dragón protegiéndola. Y tembló y suspiró botando lágrimas.

Tú no tienes derecho a llorar Alex. Ella no está aquí por ti.

La voz de la señora Leisten parecía la de un muerto de un libro de terror.

Sabes cuando ella nació lo hizo muy enferma. Iba a morir, tu padre y yo hicimos lo imposible para salvarla, por que la amamos. ¡Tú no! Así que deja de botar esas lágrimas falsas.

[...]

La puerta se abre lentamente, sin provocar ruido. Los pies de Alex tocan la suave alfombra de la habitación.

Cada objeto está en el mismo lugar en la que la última vez Alicia estaba.

Y por un momento parpadeó y creyó verla.

Hermanito ¿Con cuál vestido crees que me vea más como una princesa para ir a la feria?




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