Alicia en el País de las Parafilias

5.4. HERMANOS

Él no lo sabía, pero eran exactamente las 2:33 am. Un gélido aire pasó sobre su cuerpo, más no lo percibió, su mente estaba centrada en el frío de la culpa. Delante tenía el espacio baldío cerca del muelle. De Fun Carnival, solo había despojos de ciertos escombros y basura, pues hace unos días se habían marchado a otro estado.

La única luz que iluminaba era la luna llena.

Alex fue directo al bosque, donde los enormes árboles se tragaban la luz. Fue allí cuando escuchó el grito de Alicia e inmediatamente se calló. Solía escuchar a su hermana en casa, más esta vez los gritos parecían reales, un par de pájaros volaron.

«Ves te dije que estaba viva»

Recordó la voz que escuchó en su habitación.

El corazón de Alex comenzó a latir fuerte. Corre en dirección donde escuchó el grito. El terreno es algo pantanoso, pierde uno de sus zapatos y la malesa que aparta corta sus manos. Las ramas arañan su rostro. Corrió y buscó por una hora no la encontró. Hasta que su cuerpo quedó rendido y se desplomó. Sus lágrimas se mezclaron con el lodo.

«Es toda tu culpa »

Resonó las voces del padre en su mente. No le importaba si él también moría allí, perdió a Alicia y también a sus padres. No tenía nada. Y si una persona está sola es como si no existiera.

Golpes secos de tierra se escuchó. Levantó la cabeza con aún lágrimas en los ojos. Entre la maleza a unos metros vio una vaga luz que centallaba como una estrella fugaz a punto de perecer. Al limpiarse los ojos vio una casa rodante con una lámpara en el piso. Parpadeó para ver mejor. Un hombre sin camiseta excavaba la tierra con una pala.

Con un pie que daba pasos normal y el otro que lo arrastraba. Sin provocar sonido alguno se acercó lentamente. Parecía que ni siquiera respiraba. Miró por debajo de la casa rodante y allí estaba Alicia. Acostada. Él se frotó los ojos, estaba muy feliz, pero no podía creerlo. Su corazón volvió a sentir y recuperar su color cuando vio que ella movió un dedo.

«Tú eres el caballero y ella la princesita, mata a ese dragón »

Alex no llevaba puesto una armadura de hierro, su valor era más fuerte que esté. Agarró un palo y lo levantó.

¡Eh pagarás por lo que hiciste a mi hermanita hijo de puta!

Como si el palo fuera un bate y la cabeza del hombre una pelota. Lo bateó. El hombre no tuvo tiempo para soltar respiro. Cayó al piso. Alex levantó nuevamente el palo y lo proporcionó más golpes. La ojos, nariz y boca del hombre eran irreconocibles. Sea lo que sea sabía que ese monstruo le hizo cosas malas a su hermana.

Cuando entró en razón el hombre no movía ni un músculo. Corrió a Alicia.

Alicia...

—Sabía que vendrías.

Alicia alzó su mano lo puso en la mejilla de él le limpió las lágrimas. Sintió su calor.

Había una vez...

Allí a las 3:33 am el 12 de octubre del 2009 el cuerpo de Alicia Lis murió.

Pero siguió viva en la mente y el corazón de su hermano.

Personas mueren a cada minuto en el mundo, pero solo nosotros decidimos si mantenerlas vivas dentro de nuestro interior.

—...Un caballero que llegó tarde.

Dijo una Alicia muerta cerca de su oído. A diferencia de la real esta era fría que llegaba a sus huesos. Gotas caían de sus ojos de Alex sobre el cuerpo de la real.

Uno que por su egoísmo perdió a su princesita y arruinó la prosperidad de su reino.

Recordó cuando prefirió leer su libro que pedir un globo para su hermana. El alcoholismo de su padre y el suicidio de su madre.

«Es tu culpa ». Su madre.

«Es tu culpa ». Su padre.

«Espera hermanito imagina. Imagina que esa pirámide es los niños que te quitaron el almuerzo y pégales. Yo siempre lo hagoYo siempre lo hago. Imaginar. Imagino muchas cosas. A veces cuando papá y mamá discuten imagino que hacen un concurso de quién grita más. Por cierto papá le gana».

Había una vez un Alex que se hizo veneno puro y debió cargar con la culpa toda su vida.

La voz se rió con tono de muerto.

No —dijo Alex — Había una vez una Alicia que siguió a un conejo blanco —Alex tomó la muñeca de su hermana y le quitó la pulsera con su nombre que ganó en la feria —ella era muy feliz, la niña más feliz del planeta. Ella cruzó un umbral y fue a mundos fantásticos. Había una vez una Alicia que no murió. Porque esa Alicia siempre vivió en mi. Había una Alicia que creció y cumplió todos sus sueños. —Alex se pone la pulsera.

En su muñeca dice Alicia.

El hombre con el rostro desfigurado se pone de pie.

—¿Quién carajo eres tú?

Levanta la pala y le proporciona un golpe en la nuca de Alex. Este cae sobre el cuerpo de Alicia antes de desmayarse la abraza.

Me divertí mucho con tu hermana estas semanas. Tienes suerte que no me gustas tú, pero conozco personas que sí y me pagarán bien.

Alex tomó el nombre de Alicia.

Si ella seguía viviendo en él, entonces no había muerto del todo.

«Había una vez un hermano y una hermana que se amaron mucho».




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