Había algo raro en él desde el primer día.
No de la manera obvia en que Dum y Dee eran raros, ese tipo de rareza que se pone encima como una capa y te la muestra para que sepas que existe. Este era otro tipo.
El tipo que no ves hasta que ya lo viste.
Se llamaba Kieran Voss. Llegó en la tercera semana de clases con una historia que el campus repitió suficientes veces como para que yo la escuchara sin pedirla: heredero de una familia europea, padre ausente, madre muerta, fortuna gestionada por un fideicomiso hasta sus veinticinco años. El tipo de historia que en Neverland nadie cuestiona porque todos tienen una igual o peor.
El problema era que sus zapatos no cuadraban.
No en el sentido literal, aunque sus zapatos también eran distintos: bien cuidados, sí, pero con esa forma específica de los zapatos de trabajo que alguien ha usado tanto tiempo que el cuero tiene memoria. Los zapatos de Neverland eran perfectos porque eran nuevos constantemente. Los suyos eran perfectos a pesar de ser viejos.
Es el tipo de diferencia que solo notas si has sido pobre.
Me preguntaba si yo era la única que lo veía.
* * *
Lo crucé en la biblioteca un miércoles por la tarde. Yo buscaba el Código de Tradiciones —un libro que Espejo mencionó una vez sin explicar qué era— y él estaba en la misma sección, con los dedos deslizándose por los lomos de los libros como quien busca algo muy específico.
—¿También buscas el Código? —pregunté sin pensarlo.
Se detuvo. Se giró. Sus ojos eran de ese gris oscuro que en ciertas luces parece casi negro.
—¿Por qué preguntas eso?
No era una respuesta hostil. Era una pregunta real, del tipo que no espera la respuesta obvia.
—Porque llevas cinco minutos mirando la misma sección que yo.
Una pausa.
—Kieran Voss —dijo, extendiendo la mano.
—Alicia Book.
Su apretón fue firme. No el tipo de firmeza estudiada de Neverland. Otro tipo.
—El Código no está en esta sección —dijo—. Está en la sala restringida. Y para la sala restringida necesitas una calificación superior a quince.
—¿Superior a quince?
Asintió.
—¿Tú tienes esa calificación?
Una sonrisa pequeña apareció en su boca. No cálida, exactamente. Más como la sonrisa de alguien que sabe algo y decide no decirlo todavía.
—Trabajo en ello.
Se dio la vuelta y salió de la sección sin prisa.
Lo seguí con la mirada hasta que desapareció entre los estantes.
Kieran Voss. El séptimo en la mesa del fondo. El que llegó tarde y aun así estaba ahí.
Algo no cuadraba. Y esa sensación era demasiado familiar como para ignorarla.
* * *
Esa noche le pregunté a Espejo.
—Espejo. ¿Qué puedes decirme sobre Kieran Voss?
La pantalla parpadeó.
—Kieran Voss. Estudiante de último año. Promedio académico: dieciséis punto cuatro. Sin infracciones registradas.
—¿Familia?
—Familia Voss-Harmond. Origen europeo. Patrimonio verificado por el despacho Owl-Stilking.
Me detuve.
—¿Owl-Stilking?
—Sí, señorita Book.
El mismo despacho. El mismo abogado que apareció en mi casa con el sobre negro y los documentos que mis padres firmaron.
Me recosté en la silla.
—Qué pequeño es el mundo.
—En Neverland siempre lo es —respondió Espejo, y su pantalla se apagó.